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Ciudad de Buenos Aires

Guillermo Porter White: espionaje, proceso judicial y actuación política en el Río de la Plata (1806-1814)

Ignacio Tkaczyk Barone

William P. White, C. 1814. Retrato de William Porter White

Guillermo Porter White: espionaje, proceso judicial y actuación política en el Río de la Plata (1806-1814)

Guillermo Porter White fue un comerciante y tratante de esclavos estadounidense nacido en Boston en 1770. Tras su arribo al Río de la Plata en 1797, acumuló un capital considerable que le permitió adquirir una importante propiedad rural en las inmediaciones de la ciudad de Buenos Aires. En el ámbito local, entabló vínculos con figuras de destacada influencia política y social, como la familia Perichon, Santiago de Liniers —con quien mantuvo trato frecuente hasta la ejecución de este en 1810— y Bernardino Rivadavia, quien actuó como su apoderado legal durante un litigio comercial en Montevideo originado por la incautación de uno de sus buques mercantes.

Su colaboración con las fuerzas británicas durante las Invasiones Inglesas no pasó desapercibida para las autoridades virreinales. Tampoco su posterior participación política y económica en el periodo revolucionario, cuando, junto a Juan Larrea, financió y equipó la primera escuadra naval de las Provincias Unidas, puesta bajo el mando del Guillermo Brown en 1814.

Durante su residencia en Buenos Aires, White promovió de manera activa la Apertura del libre comercio con Gran Bretaña. El ejercicio del contrabando, práctica habitual en la estructura socioeconómica del Virreinato del Río de la Plata, respondía en gran medida a las restricciones impuestas por el monopolio mercantil de las reformas borbónicas.

En el marco de la primera invasión británica de 1806, White desempeñó un rol activo en connivencia con el general William Carr Beresford. Esta colaboración motivó la apertura de una causa judicial en su contra que se extendió por más de tres años. La instrucción incluyó la comparecencia de diversos testigos y la presentación de elementos probatorios que lo señalaban como uno de los instigadores de la intervención británica. Según señala Carlos Roberts (1938), White remitió correspondencia en 1806 al comodoro Home Popham —entonces ubicado en el Cabo de Buena Esperanza— informándole sobre la presencia de los caudales de la Real Hacienda en Buenos Aires, incentivo decisivo para el avance de la flota inglesa hacia el Plata.

Tras el desembarco y la ocupación de la ciudad, la mediación de White resultó clave para el mando británico durante los cuarenta y seis días que duró el dominio de la plaza. En ese periodo asistió logísticamente a Beresford y facilitó la expedición destinada a apoderarse del tesoro virreinal que el virrey Rafael de Sobremonte intentaba trasladar hacia el interior. Para dicha misión, Beresford envió al capitán Arbuthnot y a una partida del Regimiento 71 de Infantería, provistos de cabalgaduras suministradas por el propio White (Roberts, 1938, p. 154). La partida capturó en Luján un botín ascendente a 1.086.208 pesos (Roberts, 1938, p. 155), suma de extraordinaria magnitud para las finanzas de la época.

En los días previos a la reconquista, iniciada la concentración de fuerzas hispanocriollas al mando de Liniers en el Retiro, White intentó actuar como intermediario. La noche del 11 de agosto de 1806 solicitó por escrito una entrevista conjunta con Liniers y con Juan Martín de Pueyrredón, jefe de los Húsares de Buenos Aires. La iniciativa no prosperó debido al inmediato inicio de las operaciones militares el 12 de agosto. Esta labor de mediación y sus vínculos con el mando ocupante constituyeron el eje del proceso judicial instruido en su contra.

El proceso judicial contra Guillermo White

El expediente judicial incoado contra el comerciante estadounidense se inició formalmente el 7 de septiembre de 1806 con el siguiente auto:

“En la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, siete de septiembre de mil ochocientos seis… para proceder al arresto de Guillermo White”.

De manera simultánea a su detención, las autoridades decretaron el embargo preventivo de sus bienes y propiedades.

En la primera acta sumarial —desprovista de consignación cronológica— se le interrogó acerca del uso de claves criptográficas en su correspondencia (firmada con iniciales como “C” o “B”) y sobre sus intercambios con el general Beresford y el general Samuel Auchmuty. Asimismo, se le imputó complicidad en la posterior fuga de Beresford. Aunque permaneció bajo custodia, la tramitación formal de la causa sufrió considerables dilaciones y no cobró impulso definitivo hasta 1809.

Las declaraciones testificales tomadas a allegados y concurrentes a su finca no aportaron inicialmente pruebas concluyentes que sostuvieran la acusación, lo que sugiere la existencia de una red de encubrimiento dentro de la élite local. Ante la falta de avances, las autoridades dispusieron su traslado a la prisión de la Ciudadela de Montevideo. Desde aquel presidio, el acusado dirigió en marzo de 1808 una representación epistolar a las autoridades virreinales:

“Sobre el mal oscuro calabozo, cargado de prisiones y abandonado a la más execrable tiranía, un hombre que tiene el más respetable derecho a la humanidad y compasión se dirige a Vuestra Excelencia a hacerle una lúcida narración de los padecimientos y acusaciones de los verdugos, que hacen ejecutar las mayores e inauditas crueldades y ofensas al Ser Supremo. Quedándoles el poder de mandar, la administración de la justicia no les ha dado el de ejecutarla como tiranos, y principalmente contra extranjeros que ordinariamente no tienen ni la protección ni el conocimiento que tuvieran en su patria.

Esta es una parte de la situación de quien dice que, después de arrestado en Montevideo y abordado en un buque por unos soldados mandados por aquel gobierno, fue puesto en prisión e incomunicado en un horrible calabozo de la Ciudadela. La voz del que se queja ha querido muchas veces hacerse oír, pidiéndole los motivos de un tratamiento semejante. ¿Pero quién creería que en unos países españoles que, al mismo tiempo que acaban de descubrirse a la gloria, se han hecho miserables por la generosidad con que sus jefes han tratado a los enemigos, no se oiga hoy la voz de un simple individuo que pertenece a una nación que es su aliada, y que se han de desconocer las leyes de la naturaleza?

Y para aumentar la tiranía, un jefe hace fijar órdenes firmadas de su mano para que se engrandezca el rigor más espantoso contra uno que hasta la hora ha sido mantenido en lo oculto. Pero la nación española no es culpable de todas estas atrocidades. Yo apelo a los jóvenes guerrilleros que, después de que pudieron triunfar de sus enemigos, han sabido también negarse a cumplir órdenes crueles e inhumanas.

Sí, yo he sido testigo de que uno de los capitanes de la guardia, por haberse llevado de sentimiento de la humanidad, permitiéndole en un día de calor excesivo y propiciando en el día un instante de alivio, fue al momento relevado de su guardia, arrestado, e ignoro dónde ha llegado su castigo. Yo he sido testigo de estos jóvenes que, siguiendo la senda del honor, reclaman por medio de una petición a su compañía de armas la prueba de que no desconocen sus deberes… y nunca podrá ser [ilegible] esta elección en los tribunales, ni leída por los jueces que han de conocer de mi causa, sin hacer la más fuerte impresión y todavía compadecerse, viendo que las atrocidades cometidas contra mí han sido el único motivo de su origen y de su compromiso.

He enviado varias representaciones al gobierno; todas han sido infructuosas y se han contentado con decir que no querían oírme, acompañadas con las amenazas más insultantes y terribles a un extranjero sin protección ni defensa judicial, la cual se me ha negado hace algún tiempo.

¡Gran Dios! Si más de seis meses no han sido bastantes, dejo a Vuestra Excelencia el reflexionar sobre las intenciones de mis enemigos, que quieren hacerme sufrir y morir en la prisión sin juzgarme. La ferocidad propia de sus almas no les deja apreciar la libertad de un hombre criado con la comodidad que le ha facilitado la fortuna de sus padres y su industria; y además ignoran esta monstruosidad: que mi cautividad me ha costado más de 100.000 pesos fuertes en pérdidas, por no haber podido ocuparme de mis asuntos.

Ya queda bien probado a Vuestra Excelencia que unos agentes que autorizan semejante tratamiento no pueden ser verdaderos ciudadanos, y que poco les importa el honor de su nación y de sus jefes. Al contrario, no hay duda de que procuran envilecer a su patria y comprometer la dignidad de Vuestra Excelencia, porque es innegable que Vuestra Excelencia es responsable ante su monarca, quedándose en sus poderes la voluntad de que Vuestra Excelencia contribuya a la justicia y al castigo bajo su única responsabilidad.

En fin, los tratados de alianza de la nación española con los Estados Unidos de América están bien claros en los artículos 1 y 20 sobre la protección que como ciudadano de estos debo esperar de Vuestra Excelencia.

Concluyo diciendo que he mandado a Vuestra Excelencia varias representaciones en los términos más respetuosos y sumisos, pero hasta ahora no se ha mejorado mi situación. Al contrario, hace muchas semanas que se tomaron y dieron mis declaraciones en el Fuerte, en presencia del Gobernador y del señor comandante de Montevideo, y hoy se guarda un profundo silencio sobre mí.

Ya no tienen excusa los que han intentado alargar mi causa y mi cautividad, y reitero mis quejas y mis súplicas a Vuestra Excelencia. Mis padecimientos son tan inauditos, mis pérdidas son tan considerables y día a día se aumentan, si Vuestra Excelencia no toma en consideración mi testimonio. Permítame que le diga que, como Jefe Supremo, y yo como extranjero, a nadie toca sino a Vuestra Excelencia conocer de las atrocidades que estoy sufriendo desde el 12 de octubre de 1807, a la hora que Vuestra Excelencia se halla instruido como garante y representante de su Rey ante los Estados Unidos y ante mi familia de la suerte de mi persona y fortuna, si sus órdenes y disposiciones no son tales que pongan fin a acciones tan infames y hagan que comparezca bajo una buena salvaguardia delante de mis jueces actuales.

Montevideo, calabozo de la Ciudadela, 24 de marzo de 1808.

William White“

A pesar de los reclamos elevados sobre las rigurosas condiciones de su encarcelamiento, la postura de las autoridades no se suavizó. Francisco Javier de Elío, gobernador militar de Montevideo, mantuvo una estricta vigilancia sobre la correspondencia del detenido e interceptó cartas dirigidas al enemigo que confirmaban la existencia de inteligencia compartida y asistencia logística. Asimismo, las sumarias ratificaron su implicación en el suministro de pertrechos y víveres a las fuerzas de ocupación en 1806, su contacto previo con Popham y su participación en la fuga de Beresford en febrero de 1807.

Ante la insistencia de Elío sobre el riesgo de evasión, Liniers dispuso reforzar la custodia del recinto. Hacia diciembre de 1809 se interrumpe la secuencia del legajo conservado, por lo que no constan en el expediente los detalles finales sobre su liberación o traslado.

Este refuerzo en las instalaciones donde White cumplía su prisión preventiva estuvo marcado por un hecho significativo: el propio White planeaba su evasión. Esta situación se vio reflejada en el hallazgo de correspondencia secreta interceptada a su esclavo cuando concurría a visitarlo. Francisco Javier de Elío, por entonces gobernador de Montevideo, consignó al respecto:

“En montevideo a diez y siete de mayo de 1808; Yo Javier, Elio, coronel de los reales ejercitos y gobernador politico y militar de esta plaza digo que por cuanto el sargento Juan Cesar Alcoy del presidio acaba de dar parte que yendo el Negro esclavo de reo White con pan para su amo, se le cayo un papelito que ha presentado del que se deduce la secreta inteligencia que se tiene con el reo con objeto sin duda de frustrar las justas miras que tiene el gobierno que conoce de la causa de este delincuente; y que hecho compadecer a dicho negro verbalmente ha sostenido que dicho papel y las onzas de la que este habla, se las dio uno que designado que por otro negro y traido a mi presencia resulto ser San Roman de nacion frances, y de oficio cafetero….”

El documento, escrito por San Román, indicaba:

“Usted fue un poco sorprendido de mi visita y trae dejo que no sabia otras formas, y sabe mis observaciones que buscaria, y despues lo encontre en la calle y me dije que si de venir mañana, voy a ver: Remite los dos billetes (boletos) para A no ha salido aun el belen no ha salido estos dias que la goleta americana, alla van 3 O (Onzas).”

Aunque el contenido del mensaje resulta criptico e insatisfactorio para una interpretación inequívoca, se infiere —al igual que lo hizo Elío en su momento— que formaba parte de un plan de fuga. El proceso judicial, agudizado por esta correspondencia, derivó en el arresto y embargo de San Román, así como en la incautación de sus papeles personales. Entre estos se hallaron cartas dirigidas al virrey Liniers, lo que acrecentó las sospechas del gobernador de Montevideo hacia el mandatario y alimentó la oposición articulada por el grupo español liderado por Martín de Álzaga. Esta escalada de tensiones derivaría, en julio de 1809, en el relevo de Liniers y la posterior asunción de Baltasar Hidalgo de Cisneros.

 

Guillermo White y su actuación política luego de su encarcelamiento

 

Años más tarde, durante el proceso de organización naval del gobierno revolucionario de 1814, White reapareció desempeñando un papel clave en la compra y equipamiento de los buques de la escuadra criolla. La operación no estuvo exenta de controversia, pues sobrevolaron acusaciones de estafa y malversación de fondos públicos. No obstante, Juan Larrea defendió la gestión de White señalando:

“El servicio más importante que se ha hecho al país en todo el curso de la revolución fue la caída de Montevideo en poder de la escuadra argentina, formada, como por encanto, en poco más de tres meses por White. La fecundidad de recursos de este individuo y de los medios de tocarlos y ponerlos en uso le hicieron creer realizable una empresa que parecía imposible”.

El análisis histórico de la causa judicial revela que, si bien el tribunal virreinal no logró consolidar una condena formal por falta de rigor procedimental o por connivencia de ciertos sectores locales, la documentación epistolar preservada confirma la efectiva labor de inteligencia desarrollada por White a favor de la corona británica.

La comprensión del rol ejercido por White permite dilucidar la logística interna de las invasiones. Tras la toma de la ciudad en junio de 1806, el sector criollo comprometido con la causa independentista advirtió tempranamente que la ocupación militar no derivaría en la emancipación política, lo que motivó el rápido alineamiento de figuras como Santiago de Liniers, Juan Martín de Pueyrredón y Martín de Álzaga en la organización de la Reconquista. Desprovistas del apoyo social local, las fuerzas británicas debieron articular su sostén operacional a través de redes clandestinas y agentes de enlace como el espía británico James Florence Burke o el propio Guillermo Porter White.

Marginado de la escena política posterior y despojado de sus activos, White falleció en la pobreza en Buenos Aires en 1842. Años después, la Legislatura concedió una pensión a sus descendientes a instancias de Bartolomé Mitre, clausurando la trayectoria de uno de los actores más ambiguos del período tardocolonial y revolucionario en el Río de la Plata.

 

Fuentes primarias y documentales

  • Archivo General de la Nación (AGN), Buenos Aires, Sala IX, Legajo 2814, Proceso contra Guillermo White, acusado de complicidad con los Ingleses, Buenos Aires, 1806, ff. 54-11.
  • ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (AGN). Sala IX, Legajo S9_2817: Correspondencia secreta de William White. Buenos Aires, Argentina. 

Bibliografía general

  • GARAVAGLIA, Juan Carlos y FRADKIN, Raúl: La Argentina colonial. Buenos Aires, Siglo XXI Editores Argentina, 2009.
  • ROBERTS, Carlos: Las invasiones inglesas. Buenos Aires, Emecé, 2000.

 

Información adicional

Fuentes primarias y documentales
Archivo General de la Nación (AGN), Buenos Aires, Sala IX, Legajo 2814, Proceso contra Guillermo White, acusado de complicidad con los Ingleses, Buenos Aires, 1806, ff. 54-11.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (AGN). Sala IX, Legajo S9_2817: Correspondencia secreta de William White. Buenos Aires, Argentina.
Bibliografía general
GARAVAGLIA, Juan Carlos y FRADKIN, Raúl: La Argentina colonial. Buenos Aires, Siglo XXI Editores Argentina, 2009.
ROBERTS, Carlos: Las invasiones inglesas. Buenos Aires, Emecé, 2000.
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Papelito sustraido al esclavo de White

Carta de White a las autoridades virreynales

Caratula del proceso judicial de White

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