La historia, con sus jirones caprichosos de recuerdos y olvidos, arroja luces y sombras sobre diversos acontecimientos, permaneciendo algunos de ellos “enterrados” en los pliegues de la memoria de aquéllos que supieron ser testigos de personajes que anidaron en el barrio y que, como aves con vuelo propio, llevaron el nombre de “Liniers” al otro lado del océano.