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Jugar en el Parque Lezama

Prueba. “Un grupo de muchachos del barrio querían jugar al fútbol en la liga amateur y para eso tenían que formar un club. El win izquierdo del equipo era hincha de Chacharita, y fue él quien le puso los colores a Malcolm: rojo, negro y blanco. Originariamente las villas no eran lo que son ahora. Esas poblaciones eran de familias que tenían un muy buen pasar. De Córdoba hasta Loyola era la villa de los Malcolm, de Loyola hacia Corrientes era la villa de los Crespo y de Córdoba hacia Palermo era la villa de los Alvear. Los Malcolm eran escoceses. Y el Escocés, como se lo conocía en aquel tiempo a don Malcolm, donó la ropa para que los equipos empezaran a competir. En agradecimiento a ese gesto fue que los mismos jugadores le pusieron su nombre al club: Club Atlético Villa Malcolm. Luego de una gresca violenta al terminar un partido, la comisión directiva de ese momento decidió terminar con la actividad de fútbol dentro del club, y así dejó de ser Club Atlético para llamarse Club Social y Deportivo Villa Malcolm, tal como lo conocemos hoy. Este hecho marcó el destino del club, ya que Malcolm se transformaría con el tiempo en un lugar social. Empezaron los bailes, las reuniones, el tango, y esas actividades fueron las que hicieron famoso al club. Y también fueron la fuente de recaudación que posibilitó que el club creciera. De a poco, también aparecieron los otros deportes y el club fue tomando su forma actual. Me hice socio a los 10 años, en el 53. Antes de esa fecha no teníamos el dinero para pagar la cuota de inscripción. A los 16 años empecé a trabajar en las subcomisiones, a los 22 años formé parte de una de las comisiones directivas y hoy soy el actual presidente. El club fue la razón de mi existencia. Cuando me casé mi mujer me preguntaba si me había casado con ella o con Malcolm. Siempre me tenía que ir al club por alguna reunión, o tenía que pasar por esto o por aquello. Creo haber estado más tiempo en el club que en mi casa. Si bien los tiempos cambiaron y el club dejó de ser ese lugar de reunión que supo ser, no nos hemos convertido en un club de viejos: el vicepresidente tiene 48 años, por ejemplo. Se ha incorporado gente más joven y en la actualidad el club está lleno de familias. Esa siempre fue nuestra intención: hacer de Villa Malcolm un club familiar”.

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