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Almagro

Acerca de payadores: Mi vecino “Luisito, el payador”

Olga María García C. de D'Agostino

Luis García Morel, C. 1900.

Acerca de payadores: Mi vecino “Luisito, el payador”

En una entrevista que se tituló “Los argentinos y yo”, José Luis Borges se refiere a una lista elaborada con Adolfo Bioy Casares acerca de lo bueno y lo malo de nuestro “curioso” país: Buenos son el pejerrey, el dulce de leche, el relato de Martín Fierro, algunos tangos y la milonga. No quieren ocuparse de lo malo. Al decir “milonga”, a Borges se le representaba “una fiesta, las orillas, algún cuchillero, gente corajuda, inocente, pueril pero valiente de veras.  Carlos Guastavino, le solicitó la escritura de milongas; a lo que éste respondió que él podía escribir sonetos o versos libres, no milongas. Sin embargo, relata que, pasado un tiempo, cuando recorrió las galerías de la Biblioteca Nacional, vivenció la posibilidad de poder concretarlo. También oyó lo ocurrido con valientes como Jacinto Chiclana por Balvanera y Alejo Albornoz, otro guapo que cayó en forma similar… y elaboró milongas. “A veces pienso que esas primeras milongas no las escribí yo sino los criollos muertos que andan por mi sangre.” Confiesa que escribió muchas milongas, “acaso demasiadas”, y “eso se debe, creo, a haber sido amigo de payadores como Luis García, un ceceoso del barrio del cuchillo y de Nicanor Paredes, caudillo de Palermo… “

En Yapeyú 235 habitó “Luisito, el payador”, el vecino mencionado por don Diego del Pino en la primera “Historia de Almagro”. Luis García Morel vivió hasta 1966 y podría haber sido nuestro vecino ilustre. Amalia Sánchez Sívori, en su “Diccionario de Payadores  – Selección de payadas y composiciones de payadores” (Buenos Aires, Plus Ultra, 1979), nos cuenta de él. Había nacido en 1875 y en los primeros años de actuación, agregó el apellido materno Morel, para que no lo confundieran con el humorista que componía sus colaboraciones para “Caras y Caretas” (firmando Luis García, a pesar de que su verdadero apellido era Pardo). El nombre de Luis García no admitió confusión en el ámbito de la payada; se inició en ella al relacionarse con Serapio Vidal, un payador uruguayo residente en Buenos Aires. Llevó su canto por campos y ciudad, además de ser soldado.

A los 27 años, en 1902, payó con un Gabino Ezeiza de “fogueados” 45 años. Este encuentro tuvo lugar en la carpa de un circo “paupérrimo” de Maza y Venezuela. Su dueño, era don Juan, también patrón del almacén vecino. Allí también ambos payaron con Betinoti. Por esos tiempos, en los arrabales de la ciudad pululaban manufacturas e  industrias de subproductos ganaderos. Se cuenta que Betinoti (que también fue vecino de Almagro y vivió en Bayona –hoy Mármol- y Venezuela-antes 2°Belgrano)  era hojalatero. Al casarse con su María en la Capillla de San Carlos, se hizo torneador de tacos Luis XV. Ella siguió su oficio de cigarrera…un día de improviso él decidió dedicarse sólo a cantar: conocer al gran Gabino “ por el 98 “ tuvo que ver!!! (1-ver foto de G. Ezeiza)

 

Del mismo modo “Luisito el payador” cambió la glorieta o enramada por el circo, actuando en el Podestá – Scott, el Raffetto, el Carlo, el Fassio y el Anselmi”. En 1925, payó con el entrerriano Vieytes en una reunión privada en que se hallaban presentes figuras del medio artístico. En el diario Crítica, donde se publicaban contrapuntos con temas propuestos por los lectores, apareció una crónica del periodista “Last Reason”, sobre él. Según una fotografía reproducida en la revista “Nativa”, era moreno y corpulento y tan diestro en su arte “que no conocía rivales capaces de hacer peligrar su fama.”( 2-ver foto de L.García, en “Folklore y Tradición- Antología Argentina” de J. D. Usandivaras e hijo, Raigal, 1953).

A A.S.Sívori le relata J. C.D. Usandivaras una anécdota inédita. Luis García y su padre, fueron invitados a una reunión de la Sociedad Rural de Olavarría y sostuvieron una payada amistosa. El moreno se sorprendió con las décimas de J. Díaz Usandivaras,  “no queriendo comprometer su prestigio ni aceptar su inferioridad frente al poeta, le dijo en tono paternal -¿Sabe, don Julio que se ha defendido muy bien?”. Era un autodidacta que estaba en condiciones de abordar temas diversos; ya en años maduros realizó giras dando conferencias. Solían venderse los poemas como folletines. (3-ver representación facsimilar del poema “La guitarra” de L.G.)

Era un payador transformado en maestro. Evaristo Barrios, en su poema “Los payadores”, que incluyó en el libro “La guitarra de Martín Fierro”, le dedicó una estrofa:

“El payador transformado/ hoy por esa evolución,/

tiene otra orientación/ y hasta su estilo ha cambiado./

En plano más elevado/ lo aplaude el pueblo y lo alienta/

por el ideal que sustenta/ como una consigna fiel,/

y es acreedor del laurel,/ para coronar su frente,/

siendo un ejemplo evidente,/ don Luis García Morel”

 

Betinoti le dedicó a su maestro cinco octavas, de las cuales transcribimos:

“Mas sé que no pudiera/ cantar con mi vigüela/

los méritos que encierra/ un nacional cantor;/

él es de Santos Vega/ la luminosa estela,/

que  hoy el pueblo aplaude/ ¡García, el payador! ”

Lo consideraba “su maestro”, con él hizo la aparición profesional y lo saludó con esas hermosas octavillas agradecido al quien le permitió obtener los primeros laureles.

(4-ver foto de Betinoti)

 

 

Cuando ya declina la estrella de Gabino Ezeiza, aunque continúa cantando, aparecen los nombres nuevos de Luis García, Betinoti, Higinio Cazón y el mismo Vázquez. Según Enrique García Velloso, en “Memorias de un hombre de teatro” (ASS p.69-70), dejó la versión taquigráfica de su payada con Vázquez que no da una idea del verdadero Gabino. Este último, comienza a alejarse del clásico octosílabo “deslumbrado por exotismos” y con esfuerzo llegó a componer algunas malas muestras de versificación, pero no hay que juzgarlo por lo que ha dejado escrito sino por anécdotas donde hay brillo de su ingenio de improvisador.

El apodado “inglesito de la Boca”, A. Mc Carthy, que actuó por Barracas y Avellaneda, era respetado y tratado por algunos contemporáneos como Ramón Vieytes y Luis García. Otro contendor de Luis el payador, fue el italiano Domingo Puleio (Domingo de la Torre, en lo artístico). Se habrían encontrado en algún almacén del barrio sur de Parque de los Patricios, del Parque Goal o en los circos Anselmi y Fascio. En 1887, nuestro payador se midió con Maximiliano Santillán, que habría llegado de Santiago del Estero pero se afincó en la región pampeana, zona donde era respetado hasta la veneración.

Otro payador famoso del que se dijo nació en Buenos Aires, el 25 de abril de 1878, fue José Betinoti; él lo desmentiría diciendo en su payada “de punta y hacha”:

“Soy paisano y no me callo/ aunque me obligue, mi don,/

nací en un rancho’e terrón/ en 25 de mayo”

 

En su “Arte de los payadores”, Ismael Moya, habla del gaucho payador, que es lo mismo que el bardo, el vate, el trovador; que en los siglos XIX y XX vivieron unos en la tapera, en el galpón, en las pulperías, en las postas de la campaña o en los suburbios de las ciudades que desde las enramadas y glorietas payaron en las fondas, canchas de pelotas, confiterías, el circo, los teatros, casas de familia, hasta en el parque Goal (esquina Avenida de Mayo y Luis Sáenz Peña).

Memorables encuentros hubo en los viejos almacenes de San Telmo, San Cristóbal, San José de Flores, y en los cafés de Mataderos o la Floresta, del Abasto y de Barracas. Asistían poetas, artistas plásticos, músicos de fama; que parodiaban y a veces superaban a payadores. “José Ingenieros alguna vez fue a escuchar a Curlando, Luis Cao, Zavattaro, J.D. Usandivaras.” También Rubén Darío, Evaristo Carriego y Florencio Sánchez veían a los Podestá. Eran  famosos el Café de Barreto en Carlos Calvo, entre Mármol y Muñiz; y el de Don Vicente en San Juan, entre Colombres y Castro Barros; la Glorieta de Aulela en Boedo, cerca de San Juan. Confiesa Moya que, por 1920 se habría sumado a “El Aeroplano” de San Juan y Boedo. Por la zona habría visto contrapuntos de Gabino Ezeiza. En Boedo, entre Estados Unidos e Independencia, solar luego del cine El Nilo, payaban “ante un público numeroso y ferviente, Genaro D’Amato, el moreno Luis García Morel, Federico Curlando y algunas veces, el correntino Igarzábal”.

Quisiera antes de finalizar mi homenaje a los payadores apelar a la memoria de los antiguos vecinos. Les preguntaría si no recuerdan la presencia de un circo que debió semejarse bastante a los que fueron la arena en que mostraron sus dones nuestros vates Estuvo ubicado en unos terrenos situados en Gascón entre Sarmiento y Corrientes. Actuamente allí se yergue un edificio torre. Ante anuncios por parlantes de que allí se presentaría “Juan Moreira” llevé a mis entonces niños, ¡han pasado ya más de cuarenta años! Hubo primero payasos y creo malabaristas,  luego hizo su  aparición en escena el último personaje del circo criollo en el tradicional barrio de Almagro.

OlgaM.G.C. de D´Agostino

Publicado en “EL EMBLEMA DE ALMAGRO, octubre de 2016, año 6, n° 62.

 

Información adicional

Amalia Sánchez Sívori, en su “Diccionario de Payadores – Selección de payadas y composiciones de payadores” (Buenos Aires, Plus Ultra,.
“Folklore y Tradición- Antología Argentina” de J. D. Usandivaras e hijo, Raigal, 1953).
. Evaristo Barrios, “La guitarra de Martín Fierro”.
Enrique García Velloso, en “Memorias de un hombre de teatro”

Categorías: PERSONALIDADES, Artistas escénicos, Músicos, compositores y cantantes, Teatro, Cosas que ya no están, Costumbres, Tango
Palabras claves: Payadores, milonga, tango, Almagro

Año de referencia del artículo: 1910

 

José Luis Betinotti (Buenos Aires, 25 de julio de 1878 - ibídem, 21 de abril de 1915) fue un guitarrista, payador y compositor argentino. Se lo conocía como «el cantor de las madres» aunque luego de su muerte se lo denominó «el último payador» Gabino Ezeiza Foto c.1900- (1858–1916), era afro descendiente

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