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La Boca

Benito Quinquela Martín, el artista altruista que enaltece al barrio del que surgiera

Walter Caporicci Miraglia

Escuela Pedro de Mendoza - Museo Benito Quinquela Martín, 2021.

La Escuela N.º 9 “Pedro de Mendoza” y el Museo de Bellas Artes de la Boca de Artistas Argentinos “Benito Quinquela Martín” –

La epopeya de la realización de su principal obra filantrópica –

Un día de fines de marzo de 1933 Quinquela se presenta en la casa del señor Daniel Pombo, hombre de rostro apergaminado y voz metálica quien lo atiende con respeto y cortesía.

  • Tengo entendido que usted es el propietario del terreno que está ubicado en la calle Pedro de Mendoza, frente a la Vuelta de Rocha.
  • Sí, señor. Soy el propietario de ese terreno, afirma el señor Pombo. ¿En qué puedo serle útil?
  • Vea señor. Yo desearía adquirir ese terreno. Siempre y cuando usted quiera venderlo.
  • Pues, amigo. Viene usted en momento oportuno. Estaba a punto de poner avisos en los diarios para ofrecerlo en venta.
  • ¡Magnífico! ¿Cuánto pide por él?
  • El precio fijado es de cincuenta mil pesos – sentencia el señor Pombo con gesto firme y tono de definitiva decisión.
  • Muy bien responde Benito. No entiendo estos asuntos de tasaciones y valores de tierras, pero, si usted dice que ese es el precio, acepto con una condición.
  • ¿Cuál es esa condición? – interroga el hombre de la voz metálica.
  • Pienso donar esa tierra al Consejo Nacional de Educación, para que se levante allí un edificio que deberá ser destinado a escuela. Como no se si mi donación va a ser aceptada, le pediría a usted me permita cerrar el trato de compra cuando tenga la respuesta definitiva.
  • No hay ningún inconveniente, -responde el señor Pombo. Esperaremos la respuesta.

Quinquela como muestra de la seriedad de lo pactado le ofrece una seña en efectivo, que él se niega a aceptar. Antes de despedirse el millonario le dice aquella conocida frase ajena:

  • Entre caballeros basta la palabra.

Entusiasmado por este feliz comienzo para llevar a cabo sus proyectos, el sábado 1 de abril Quinquela Martín envía una nota dirigida al presidente del Consejo Nacional de Educación, ofreciendo la donación del terreno, adquirido de palabra, en un trato de caballeros, con el señor Daniel Pombo.

El ofrecimiento realizado en su nota dice en sus puntos más destacados: “Que tiene el propósito de donar al Consejo Nacional de Educación un terreno situado en la localidad de la Boca de esta Capital Federal, calle Pedro de Mendoza entre las de Palos y Del Crucero, limitado por los números 1829 y 1885, de la mencionada calle Pedro de Mendoza y que posee las siguientes dimensiones: 26 metros 41 centímetros de frente por 64 metros 84 cmts (sic) de fondo y 25 metros 95 centímetros de contrafrente.

La superficie que comprende, permite levantar un amplio edificio de tres pisos que deberá ser destinado para escuela primaria y nocturna -los dos primeros pisos- (planta baja y primer piso), y el tercer piso para museo de bellas artes formado por obras de su producción y demás artistas argentinos, locales, obras que quedarán de propiedad del Consejo Nacional de Educación. Otra de las condiciones que fijo para esta donación, es la de permitir que el suscripto sea escuchado en lo que respecta a la disposición de los salones del tercer piso – destinado al museo y taller de reparaciones -, uno de cuyos salones (el de pintura) podrá utilizarse para actos públicos de difusión cultural, donde se celebrarán conciertos y conferencias de índole exclusivamente patriótica, literaria y científica.

La dirección y organización del museo quedará a cargo del subscripto y será de carácter honorario. Esta parte del edificio, tendrá una entrada independiente, sin perjuicio de otra directa del local de la escuela. La construcción deberá terminarse al cumplirse los dos años a contar desde la fecha de la escrituración del terreno, que otorgaré libre de todo gravamen e impuestos.

La amplitud de este terreno que ofrezco en donación al H.C. dará ocasión a la construcción de un edificio que concentrará en él la población escolar de varias escuelas que funcionan a su alrededor y que ocupan edificios particulares.

Si el H.C. consintiera en que el suscripto decorara las paredes interiores del local, con temas de su especialidad, que son los temas del puerto y de fábricas, en todos sus aspectos, me comprometería a hacerlo gratuitamente, sin remuneración alguna en el pensamiento de que al así proceder contribuiría a dejar para la escuela argentina una obra artística realizada con sincero idealismo.

Si el H.C. aceptara la donación con las condiciones consignadas, los gastos que demande la mantención del museo, correrán por cuenta del subscripto mientras viva, excepto el portero y encargado de limpieza y la luz, que serán por cuenta del Consejo Nacional de Educación”.

Transcurridos cuatro meses la nota presentada por el artista al Honorable Consejo Nacional de Educación sigue sin ser respondida. Es entonces que decide ocuparse personalmente de averiguar qué es lo que sucede. Se entera que no hay unanimidad entre los miembros del Consejo para resolver si se acepta o no la donación. A través de un amigo se entera que algunos miembros niegan el valor artístico de la pintura de Quinquela y que su fama es simple obra de la publicidad, y consideran además que el ofrecimiento de donación es con fines de beneficio personal.

Quinquela hace un esfuerzo para mantener la calma y decide esperar a ver que sucede. Felizmente poco después, el 18 de agosto, el presidente del Consejo Nacional de Educación le envía copia de la resolución que acepta la donación ofrecida en marzo.

Ante esta gran noticia, Benito se dirige con premura a la casa del señor Daniel Pombo para concluir la compra del terreno de acuerdo a lo que habían arreglado a fines de marzo.  Cuando éste se entera que la donación había sido aceptada empezó a poner excusas y demorar el asunto, para finalmente deshacer el trato.

  • Lo he pensado mejor -dijo sin inmutarse-, no me conviene vender el terreno. He resuelto construir en él una casa de renta.

Benito le recuerda aquella frase ajena, que había pronunciado con total vehemencia: “entre caballeros basta la palabra”, pero Pombo le contesta:

  • Esas son cosas que se dicen en las conversaciones. Los negocios no se hacen con palabras, sino con documentos.

Haciendo un tremendo esfuerzo de voluntad para no echar todo a perder, Quinquela logra luego de usar todos los argumentos posibles convencer al financista de venderle el terreno…pero ahora el precio es de 100.000 pesos, el doble de lo que habían convenido. Quinquela solo dispone en el banco de cincuenta mil pesos… Se exaspera y siente una gran impotencia ante la vil especulación del propietario, que, sin ninguna necesidad, ya que se lo conoce por ser un financista muy adinerado, pone al artista entre la espada y la pared. Benito piensa como explicarle al Consejo de Educación de que ahora no podía donar lo que ya había sido oficialmente aceptado. Durante varios días intenta lograr a través de emisarios que Pombo respete su palabra original, sin éxito. Ya desesperado, luego de charlar el tema con tres importantes amigos, donde todos estaban convencidos de que Pombo quería aprovecharse de la comprometida posición en la que se encontraba Benito, se les ocurre una acción acorde a lo crítico de la situación. Se dirige al domicilio del propietario del terreno donde lo atiende el secretario quien le comunica que no puede hablar con el dueño de casa por encontrarse en cama enfermo.

  • Vea, le dice Quinquela – Si el señor Pombo no me vende el terreno por el precio que habíamos convenido, o sea por cincuenta mil pesos, los diarios publicarán las razones por las cuales no puedo cumplir con la donación formulada oficialmente al Consejo Nacional de Educación. El diario “tal”, se ha enterado de la desairada situación en que me encuentro por la falta de palabra del señor Pombo y ha resuelto publicar violentos artículos contra él. Le advierto que está bien documentado. Le agradeceré trasmita al señor Pombo todo lo que le acabo de manifestar”.

La astuta treta del artista afortunadamente da el resultado esperado. El señor Pombo se asusta, y para evitar la mala publicidad que se generaría por las publicaciones en los diarios decide vender el terreno en 60.000 pesos. Como dijimos, Quinquela solo dispone de 50.000. El millonario le ofrece que esos 10.000 sean pagados en cuotas en el término de dos años. Benito no acepta el ofrecimiento de un hombre que había demostrado no tener palabra y prefiere endeudarse solicitando un préstamo bancario. Es así que finalmente adquiere el solar donde allá hacia fines del siglo XIX, se levantaba la fonda de madera con chimenea de lata en que trabajaba como sirvienta su madre adoptiva doña Justina. (El valor declarado en la escritura de compra es de 52.500 pesos moneda nacional). Sus amigos se preocupan, y le recriminan, por la situación económica en la que se encuentra ahora el pintor, que no solo gastó hasta el último peso ahorrado, sino que se endeuda con el banco. Ante esto les responde con confianza y sencillez: “No importa. La espátula se encargará de sacarme a flote”. El terreno, es escriturado a nombre del artista el 11 de septiembre.

Con la presencia de Quinquela, donante; el doctor Enrique Loudet y señor Jacinto Brunero, testigos; y el escribano Romualdo Benincasa, el día lunes 2 de octubre se firma la escritura traslativa de dominio del terreno en el despacho del presidente del Consejo Nacional de Educación, ingeniero Octavio S. Pico y se registra en el Registro de Propiedades el 18 del mismo mes.  El terreno es valuado oficialmente en 138.000 pesos. Es así que, luego de estas tribulaciones, se concreta la primera de una serie de donaciones del artista al Estado. Pero aquí no acabarían los problemas ya que, finalizada su lucha contra el millonario inescrupuloso, aparece otro temible enemigo que esperaba agazapado entre las sombras el momento justo para aparecer: la burocracia.

Para que se diera carácter oficial a la donación aceptada por el Consejo Nacional de Educación se tenían que cumplir internamente una serie de trámites y completarse gran cantidad de expedientes. Quinquela que quería seguir de cerca el asunto, por momentos pensaba que se volvería loco. Es que un expediente ingresaba en una oficina determinada y dormía ahí durante un tiempo, para comprobarse que en realidad debía ser llevado a otra dependencia. En ésta sucedía exactamente lo mismo, convirtiéndose el trámite en algo de nunca acabar. En todo este absurdo Quinquela en oportunidades perdía de vista el condenado expediente, que terminaba extraviado misteriosamente. Llegó incluso a necesitar la ayuda de algún ministro para encontrarlo y encauzar el asunto. Llegó el día que el trámite finalmente terminó y empezó la planificación de la obra que fue otra lucha que tuvo que librar contra arquitectos y varios de sus propios colegas que uno a uno fueron colocando piedras en el camino. Los arquitectos tenían ideas disímiles y presentaban planos que Quinquela sistemáticamente rechazaba. Costó llegar a un acuerdo. Cuando debía materializarse el ofrecimiento del artista de decorar el edificio ya casi terminado, un grupo de colegas pintores le niega el derecho de realizarlas alegando que Benito no era decorador. Con su firme voluntad pudo vencer también este desagradable escollo.

A continuación, un resumen cronológico del proceso de concreción de la escuela-museo, desde 1934, pasando por la inauguración de la escuela en 1936 y finalizando con la inauguración del museo en 1938:

1934 – El 17 de enero el Consejo Nacional de Educación resuelve imputar a los fondos acumulados de las leyes 7.102 y 11.242 la suma de 330.000 pesos, costo calculado para construir, en el terreno donado, la escuela y museo, conforme al anteproyecto aprobado en la sesión del 20 de diciembre de 1933.  En completa intimidad, con la sola presencia del dilecto amigo de Quinquela, que oficia en el templo de San Juan Evangelista, el Reverendo Padre Antonio Santiago Scasso (de quien surge la idea), de Rogelio Bianchi y de Alfredo Cánepa, se lleva a cabo la sencilla ceremonia de bendición del terreno, en medio de matorrales de más de un metro de altura y como única presencia de la casilla de madera del sereno de la futura construcción.

1935 – A fines de enero el Consejo Nacional de Educación aprueba la licitación efectuada para contratar las obras de construcción del edificio destinado a escuela primaria y museo de bellas artes.  Se adjudican las obras por el importe de $ 317.182,50, la oferta más conveniente y más baja de las diez que se presentaron, autorizándose la inversión del 5 % sobre el valor de la adjudicación, es decir $ 15.859,12 para imprevistos.

En abril, luego de sortearse trabas e inconvenientes, que no fueron pocos, comienzan las obras de construcción del edificio escolar, que constará de cuatro plantas, por parte de la Dirección General de Arquitectura del Consejo Nacional de Educación, que dirige el arquitecto Alberto Gelly Cantilo, con diseño y planos del arquitecto Alejandro Virasoro, reconocido como figura principal del estilo art decó en Argentina. El deseo original de Quinquela es que se colocara en la fachada del edificio un mascarón de proa, para darle un aspecto novedoso y localista, lo que finalmente no sucede.

También son aprobados, en este mes, por la comisión de didáctica del Consejo Nacional de Educación, los motivos de los 16 murales con los que Quinquela decorará la escuela.

El 30 de abril, Marcelo F. Olivari brinda una conferencia, con el auspicio del Ateneo Popular de La Boca, en la Biblioteca Mitre, bajo el título “La Escuela Bella – Los motivos de Quinquela Martin”.

En diciembre termina la última de las 16 decoraciones murales que realiza ad honórem y que adornarán la escuela. La totalidad de las mismas son valuadas en 500.000 pesos.

1936 – Finalmente, en julio concluyen las obras de la escuela, que tiene una capacidad total para 1.000 alumnos distribuidos en dos turnos. De los 16 murales realizados por Quinquela, emplazados en cada una de sus aulas y patios, trece son en óleo s/celotex, otros dos son cerámicas realizadas en los talleres de la Escuela Industrial de la Nación Otto Krause y el restante “Carnaval en la Boca”, ubicado en el Hall central, es en la técnica de pintura al fresco (técnicamente éste es el único que realmente es un mural, ya que los restantes son obras de gran tamaño colocadas sobre la pared a modo de mural). El día martes 14, poco después del mediodía, visita las flamantes instalaciones el presidente de la Nación, General Agustín Pedro Justo, quien las recorre junto a Quinquela y autoridades del Consejo Escolar IV.

El domingo 19 de julio, a las 10.30 horas, comienza el acto en el que se inaugura oficialmente la Escuela Museo “Pedro de Mendoza”, con una enorme concurrencia de público que ocupa una extensión de cuatro cuadras. Se instalan cien palcos frente a la escuela y sobre la ribera.  El acto inaugural se realiza bajo los auspicios del Consejo Escolar IV.  El programa oficial preparado consta de los siguientes actos: Bendición de la escuela por el cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Santiago Luis Copello. Himno Nacional Argentino. Discursos a cargo del director del establecimiento, Sr. Juan Marzinelli; del presidente de la comisión popular, Sr. Atilio Liberti; del presidente del Consejo Nacional de Educación, ingeniero Octavio S. Pico, para finalizar con la Marcha de San Lorenzo. El presidente de la Nación Agustín P. Justo y su esposa Ana Encarnación Bernal, se hicieron representar por el ministro de Instrucción Pública, Dr. Ramón S. Castillo y su esposa Delia Luzuriaga quienes actuaron como padrinos de la inauguración. También envía a sus edecanes de servicio. Asisten autoridades nacionales (como el ministro de la Suprema Corte, Dr. Antonio Sagarna) y autoridades locales (entre ellas Reinaldo Elena), educativas, eclesiásticas, militares y cuerpo diplomático.  Formaron parte del acto, la banda municipal y la del ejército, ubicadas en dos palcos colocados en el centro de la calzada.

La República de La Boca, con la adhesión de la Comisión de Fiestas Populares, organiza una manifestación popular a partir de las 8.30 horas comenzando la marcha en Almte. Brown y Gualeguay, siguiendo por la primera calle hasta Brandsen donde se suman los Bomberos Voluntarios de La Boca (quienes desfilan en el acto junto a otros cuerpos de bomberos de la ciudad y bonaerenses) para dirigirse luego a la escuela, previo paso por el monumento a Matheu donde se deposita una corona de flores transportada en una carroza que encabeza la columna de gente. Además de los organizadores mencionados, integran la manifestación los boy scouts, bandas, fanfarras, delegaciones de clubs deportivos, sociedades recreativas y culturales (como el Ateneo Popular de La Boca, la Unión de La Boca y la Sociedad Verdi).  Terminados los discursos el cardenal primado Santiago Copello se asoma a los ventanales del primer piso y desde ahí imparte la bendición a la multitud. Ya finalizando el acto se sueltan en dos tandas un total de 15.000 palomas, de las cuales 5.000 tienen sus alas pintadas con los colores patrios.  Se efectúa una pasada de treinta aviones que arrojan papelitos, al tiempo que sonaban las sirenas de los barcos del Riachuelo poblados de gente, con muchos hombres encaramados a los palos de las embarcaciones.  Luego de retirarse las autoridades entre aplausos de la concurrencia, el público ingresa a la escuela a recorrer sus aulas y demás sectores. La Asociación Patriótica de Vecinos de la Vuelta de Rocha, felicita a Quinquela Martín y le obsequia una artística ofrenda floral.

Muy pocas veces la Boca vivió una fiesta tan concurrida, jubilosa y emocionante.

El martes 21, dos días después de la inauguración, la flamante escuela comienza a dictar clases.

Pocos días más tarde de la inauguración del nuevo establecimiento, deja su taller de Pedro de Mendoza y Coronel Salvadores y lo instala en el tercer, y último piso, de la escuela-museo.

El sábado 1 de agosto el Ateneo Popular de La Boca realiza un gran banquete en honor a Quinquela, su consocio, en la amplia sala de la Sociedad Bomberos Voluntarios de La Boca, con la presencia de más de 350 comensales. Ameniza el acto una orquesta dirigida por el compositor Antonio Cosentino y hablan distintas personalidades, entre ellas Antonio J. Bucich, directivo del Ateneo Popular y Constancio Fiorito, secretario de la mencionada institución, quien le hace entrega de un pergamino, obra de la artista boquense Leónidas Maggiolo, y una medalla de oro especialmente acuñada. Un emocionado Quinquela agradece el homenaje y se le hace entrega de un hermoso canasto de flores, dedicado a su madre Doña Justina Molina de Chinchella.

El domingo 9 del mismo mes, a las 10 horas, las autoridades, personal directivo, docentes y alumnos del Consejo Escolar IV, le tributan un homenaje consistente en la entrega de un álbum con más de diez mil firmas y de un busto con su imagen tallado en piedra por el escultor Luis Perlotti.  La demostración se realiza en el salón de actos de la Escuela Nº 4, de la calle Australia 1081, de La Boca.

1937 – El 16 de agosto recibe una nota firmada por el señor L. Alexanders, que se encuentra en Buenos Aires (alojado en el City Hotel), en representación del Museo Naval de los Estados Unidos, ofreciéndole la suma de 100.000 pesos argentinos por toda su colección de mascarones de proa, pero el artista rechaza la oferta, ya que piensa que la misma, por su alto valor histórico-cultural debe permanecer en el país. Poco más tarde donará la colección completa al Consejo Nacional de Educación, aceptándose la misma en 1938, para que sea exhibida en forma permanente en su museo, próximo a inaugurarse. Quinquela los había estado coleccionando durante años y los tenía ubicados contra la pared de su estudio del primer piso de Coronel Salvadores y en la entrada del mismo, siendo muchos de ellos realizados en talleres de La Boca. Respecto a los mascarones, se afirma en el barrio que boteros, dragueros, buzos y toda clase de trabajadores portuarios se juramentaron para que nadie que no fuera Quinquela lograse una de esas sirenas de nombre yugoslavo, griego, panameño, sudafricano o cualquiera fuera su origen.

En septiembre, en la acera de la entrada de la Escuela Museo “Pedro de Mendoza” se coloca la primera decoración artística de 3 x 5.50 metros, realizada, con la novedosa técnica de cemento policromado de Constantino Yuste y ejecutada según un diseño de Quinquela Martín.

1938 – El martes 19 de julio se inaugura al público el Museo de Bellas Artes de La Boca, contando con cinco espaciosas salas, que con los años debido a la gran cantidad de obras que se van incorporando al patrimonio, llegará a nueve salas para 1948, con alrededor de quinientas obras figurativas, entre óleos, dibujos, grabados, esculturas y los magníficos mascarones de proa, éstos últimos con un valor total aproximado de 1.000.000 de pesos, que de acuerdo al deseo de Quinquela tienen en el museo una pequeña sala propia que llevará a partir de septiembre de 1947 el nombre del escultor Américo Bonetti. La adquisición de las obras se realiza a través de una comisión asesora que trabaja ad honorem, con la única excepción de la secretaría que es rentada y queda a cargo de José Begna. Con el mismo carácter honorario desempeña Quinquela los cargos de director del museo y presidente de dicha comisión asesora, acompañado por sus amigos, Marcelo Olivari, Romualdo Benincasa, Aníbal A. Cárrega, Ángel Casinelli, Guillermo Saraví, Dr. Juan de Simone, Dr. Enrique Loudet, Ambrosio Delfino, el escultor Roberto Capurro, el pintor Vicente Vento y Juan de Dios Filiberto.

Una condición inapelable que establece Quinquela en su legado, es que las obras que formen parte de la colección del museo sean exclusivamente de carácter figurativo y de artistas argentinos.  La única excepción que realiza, él mismo, es la incorporación al patrimonio, en 1960, del retrato titulado Tenor italiano Beniamino Gigli, del célebre acuarelista itálico Aldo Raimondi.

En la actualidad el museo posee en su patrimonio más de 1300 obras de destacados artistas figurativos argentinos que abarcan desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, destacándose en su colección obra de los más calificados artistas boquenses. Las instalaciones cuentan con una superficie total de 6000 metros cuadrados repartidos en cuatro plantas: Planta baja: recepción y tienda. Primer piso: Dirección, administración, biblioteca-archivo documental. Segundo piso: Salas de exhibición, reserva técnica y sector de restauración. Tercer piso: Casa-museo de Quinquela, y las terrazas con exhibición de esculturas y vista panorámica de la Vuelta de Rocha y alrededores.

Información adicional

Fuentes consultadas: – Benito Quinquela Martín – El hombre que fue nosotros. 2da ed. ampliada, Walter Caporicci Miraglia, Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín, Buenos Aires, 2020.
– Quinquela. Ignacio Gutierrez Zaldívar, Zurbarán Ediciones, Buenos Aires, 2000.
– El destino místico de Quinquela Martín. Jose Armanini, Universidad Nacional de Jujuy, 1982.
– Vida novelesca de Quinquela Martín. Andrés Muñoz, Buenos Aires, 1949.
– LAS FOTOGRAFÍAS EN BLANCO Y NEGRO PERTENECEN AL ARCHIVO DOCUMENTAL DEL MBQM.
Inauguraciones, piedras fundamentales, Edificios Públicos, Escuelas y colegios, Museos, Artistas plásticos y escultores, Arte, Historia, Hitos sociales, Popular /
2020 /

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Walter Caporicci Miraglia
Foto Archivo Documental MBQM
Foto Archivo Documental MBQM

Inauguración de la Escuela Museo Pedro de Mendoza - 19 de julio de 1936

Sala 1 del Museo de Bellas Artes de La Boca - 1943

Casa-taller de Benito Quinquela Martín - 2020

Foto Archivo Documental MBQM

Inauguración de la Escuela Museo Pedro de Mendoza - 19 de julio de 1936 Sala 1 del Museo de Bellas Artes de La Boca - 1943 Casa-taller de Benito Quinquela Martín - 2020

La columna de Walter Caporicci Miraglia

 

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