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Ciudad de Buenos Aires

Buenos Aires después de Pavón

Nélida Beatriz Cirigliano

, 2021.

El Pacto del 11 de noviembre fue un paso atrás en el localismo porteño, Valentín Alsina renuncia como gobernador y en diciembre de 1859 es elegido Mitre. Aparentemente el mismo grupo continuaba en el poder, pero eso no era así. La dirección política había pasado a Mitre quien tenía un programa nacional que buscaba llevar a Buenos Aires al seno de la Confederación al mismo tiempo que a su dirección.

El cumplimiento del Pacto de Noviembre le ofrecía un campo favorable para hacerlo. Comenzó a realizar un trabajo interno, convenciendo a algunos y conteniendo a otros para alcanzar el objetivo dentro de la paz.

Los acontecimientos acaecidos en San Juan más el rechazo de los diputados porteños por el Congreso de Paraná aceleraron los tiempos y llevaron al enfrentamiento a Buenos Aires con la Confederación.

El 7 de junio de 1861, la Legislatura porteña dicta una ley por la cual ordenaba al Poder Ejecutivo “la remoción de los obstáculos que retardan la definitiva incorporación de la provincia” constituye el fundamento de la guerra que emprenderá el Gobierno de Mitre contra las autoridades de la Confederación acusadas de haber violado la Constitución jurada por la Provincia el 21 de octubre de 1860.

Los diarios clamaban por una acción militar efectiva y criticando al general en jefe por su demora en iniciar las acciones. La cercanía de la guerra provocó nuevas manifestaciones. El Obispo de Buenos Aires, Monseñor Escalada envió una carta pastoral exhortando a la paz, al tiempo que El Nacional pedía que la Iglesia apoyara la postura de Buenos Aires y no se cruzara de brazos.

Gelly y Obes creía que antes de combatir, Urquiza propondría, una vez más, la paz. Había que aceptar la propuesta si ella incluía la caída del gobierno de Paraná y el arresto de Saá.

La mayoría de los notables de Buenos Aires ignoraban el auténtico poder de la ciudad. Confiaban en la seguridad de unos miles de soldados antes que en un futuro que no veían. Preferían la guerra a la paz, aún aquellos que querían la paz quienes tampoco compartían en su integridad el pensamiento de Mitre.

Norberto de la Riestra consideraba que la nacionalidad argentina era irrealizable dentro de la justicia y la estabilidad, por lo tanto el triunfo de las armas no era suficiente. Era necesario cambiar la realidad social de las provincias, lo que sucedería con el tiempo y sin que fuera posible apresurarlo. José Mármol a su vez creía que el mejor de los triunfos militares solo produciría como resultado la separación de Buenos Aires que también podía obtenerse por la paz.

El 17 de setiembre, Buenos Aires y la Confederación se enfrentaron en Pavón. Urquiza creyó haber sido derrotado y se retiró del campo de batalla. El 22 de setiembre Mitre quedaba dueño de la situación. Le escribe a su ministro Gelly y Obes “No solo hemos

deshecho y aprisionado su infantería y artillería en el campo de batalla, sino casi toda su caballería se ha desbandado”.

El 20 le había escrito Sarmiento, tras pedirle el mando de un regimiento de caballería para imponer los candidatos “hechos de antemano”. ¨No trate de economizar sangre de gauchos¨. También le había aconsejado dividir en dos la Provincia de Santa Fe, con el fin de darle una parte a Córdoba y otra a Buenos Aires y que para Urquiza no existíans que dos caminos “Southampton o la horca.

El 21, los periódicos de Buenos Aires supusieron el triunfo por el arribo de algunas banderas tomadas a la infantería nacional. Esos símbolos y un escueto parte de Mitre que aclaraba que continuaba la marcha hacía San Nicolás para reorganizarse, generaron titulares que provocaron el comentario del inglés Thomas Woodbine Hinchliff “El sobrio espíritu europeo difícilmente podrá estimar el carácter explosivo y salvaje de las frases que encabezan el comunicado oficial de la batalla”.

Ese lenguaje continúo los días subsiguientes, El Nacional con palabras de Sarmiento, consideraba a las provincias “pobres satélites que esperan saber quien ha triunfado para aplaudir”. Éstas no podían esperar para responder a la convocatoria que les hacía Buenos Aires triunfando del caudillaje, para reorganizar la República Argentina

Debían declarar caducas a las autoridades existentes y reunidos en Convención ad hoc dictar las resoluciones convenientes para poner en vigencia la Constitución y establecer las autoridades federales.

El gobierno delegado le recomendaba a Mitre la toma de Rosario, por la importancia moral y material de este hecho. Además le señalaba que existían en la Legislatura opiniones encontradas ante la conveniencia de darles facultades plenas para remover todos los obstáculos que se opusieran a la reincorporación a la Nación. Pese a ello se había sancionado la ley que se las confería.

Ocampo explicaba que no solo por no estar completo el triunfo, sino también porque no conocían lo que pensaban las provincias ni en las cámaras tampoco están uniformadas las ideas. Por lo tanto no podemos comprometer una forma de unión.

Desaparecido el factor de cohesión que constituía la oposición al gobierno federal, surgían en el otrora unido Club Libertad varias tendencias que abarcaban desde la aceptación lisa y llana de la Constitución reformada hasta su derogación e implantación de un régimen unitario y desde la conservación de la integridad nacional hasta la independencia de Buenos Aires.

Mitre al entrar a Rosario le escribe a Gelly y Obes que su política de conciliación está dando resultados. Al aclararles a los gobiernos que no los iban a hostilizar si ellos no los hostilizaban, evitaba la continuidad de la guerra. No estaban de acuerdo con el gobernador, ni Elizalde ni Sarmiento. El primero le aconsejaba hacerles cobrarles a las provincias haber prestado su territorio y dado cuento pudieron a Rosas y sus colaboradores, para venir a robar y ensangrentar el país. El segundo lo acusaría de insensibilidad hacia su partido por haber mantenido al gobernador santafecino en su cargo.

Rosas no accedió a la insinuación de Mitre y continuó en actitud de combate hasta el 10 de diciembre en que cruza por Cayastá junto a Juan Pablo López y unos cuarenta hombres rumbo a Entre Ríos para ponerse al servicio del gobierno nacional.

Urquiza, envía por intermedio de Juan C. Ocampo algunos recados a Mitre, sobre la

situación del país, y su deseo de evitar la prolongación de la guerra. Mitre accedió a iniciar negociaciones reservadas para resolver la situación. Estas negociaciones se realizaron por medio del enviado del gobierno de Entre Ríos, se hacían verbalmente. En un determinado momento, Mitre consideró que era necesario que la comunicación se hiciera por escrito e informar al Gobierno Delegado. Ante la actitud de oposición de sus ministros y del Gobierno Delegado, da a conocer su plan de unificación y pacificación nacional. Envía una carta a Ocampo donde le dice que había que aceptar la buena disposición de Urquiza, su deseo de retirarse a su provincia. Era necesario ocupar militarmente la provincia de Santa Fe, pacificar el litoral, de ser posible sin usar las armas; operar con tropas adecuadas para ocupar Córdoba, destituir a Juan Saá del gobierno de San Luis y extender la influencia liberal porteña por las demás provincias Mientras el general Urquiza se encuentre dispuesto a apoyar ese plan no podemos rechazar esa ayuda.

El Gobierno Delegado dispuso detener las comunicaciones privadas entre Urquiza y Mitre y enviar a Juan Cruz Ocampo con un mensaje verbal pidiendo reiterara por escrito esas propuestas y desarmara la Escuadra Nacional y las baterías emplazadas en Diamante.

Mitre desaprobó esa actitud porque consideraba que la mejor manera de evitar cualquier malentendido era dejar sentado por escrito el pedido del vencedor de Caseros. En carta colectiva al Gobierno Delegado expresó: No comprendo el delirio que se ha apoderado de algunos de fabricar política a todo trance y ver misterios en la marcha del gobierno y en la del general del ejército. Nosotros estamos haciendo la política de la guerra, la que determinan los sucesos y la que punto por punto han trazado las Cámaras de antemano así que tampoco comprendo el apuro por establecer los caminos a seguir a no ser que le den al ejército una contraorden, lo encierren y aíslen. Tenemos que salvarnos o perecer con ella, haciendo predominar el espíritu liberal sobre el caudillaje. Ésta es la política de remover obstáculos para que Buenos Aires se incorpore al Congreso Nacional sin mengua de nuestro decoro y de nuestros derechos, política que se traduce en estas palabras: Nacionalidad, Constitución y Libertad.

La obra puede ser superior a las fuerzas de Buenos Aires, pero si hoy no puede llevarla a cabo nunca estará en mejores condiciones. Sin embargo esto debe aconsejarnos el ser equitativos, prácticos y prudentes, lo que quiere decir que no debemos pretender ni imitar al enemigo en el sistema de exclusión intolerante que se habrá propuesto respecto de hechos y personas que pueden coexistir bajo la protección de la ley.

Para muchos de sus correligionarios, el triunfo militar debía habilitar A Buenos Aires para no respetar el estado de cosas y la Constitución. Esto no significaba que hubiese discrepancias fundamentales entre el gobernador y las demás figuras del liberalismo. Eran diferencias tácticas, políticas, procedimientos que podían tocar temas de fondo pero iban hacía un mismo fin. El Gobierno Delegado que gobernaba en la ciudad estaba compuesto por Manuel Ocampo, Norberto de la Riestra y Pastor Obligado. Ellos no estaban de acuerdo con la postura de Mitre. Él va a insistir en su política de paz, no era necesario disparar contra el que no disparaba. Urquiza por su parte aceptó de buen grado la nueva visita de Ocampo y reiteró lo innecesario de continuar una guerra que solo llevaría a nuevos desastres. Se quejaba eso sí de la actitud del gobierno de Buenos Aires que detuvo su carta, actitud que no se comparecía con los anhelos de paz expresados por ambos gobernadores. Reitera que las

provincias de Entre Ríos y Corrientes no estaban en guerra con la de Buenos Aires. Prolongar la guerra era aumentar males innecesarios para la patria y exponerla a dilatar, nuevamente, la organización definitiva.

El 2 de noviembre Mitre decide contestarle y resumir sus ideas sobre la organización nacional. Deja claro que mientras las provincias de Entre Ríos y Corrientes no desconozcan a las autoridades federales, no se desarmen las baterías de Diamante y la escuadra se pusiera a disposición del gobierno nacional que se organizara, consideraría que ambas provincias continuaban en guerra.

Simultáneamente una parte del ejército porteño se aprestaba a lanzarse sobre las tropas nacionales de caballería que aún se desplazaba por Santa Fe para marchar luego hacia el norte y someter a Pascual Rosas. La otra, para marchar hacia el interior para apoyar los posibles levantamientos liberales que surgieran al conocerse la noticia del triunfo porteño.

Mitre regresa a Buenos Aires para resolver los conflictos internos, al llegar comprendió que su gabinete se había endurecido en relación al tema de los caudillos federales, exaltados por una prensa que clamaba con la desaparición de Urquiza y de todos aquellos a lo largo y ancho del país que hubieran mantenido alguna relación con el Partido Federal. Las noticias que se recibían en la ciudad aumentaba la desesperación para realizar una cruzada contra la barbarie.

Dice Victorica, Mitre quería la paz. No asistió a las conferencia con Urquiza porque el gobierno de Buenos Aires no lo autorizó pero tampoco invadió Entre Ríos bajo su responsabilidad procediendo como un verdadero hombre de Estado.

Durante tres días intentó convencer al gobernador delegado y a sus ministros. Al terminar consideró que pese a la opinión pública podría cumplir su compromiso con Urquiza, o sea, mantener la paz. Sostener su línea potica le resultó s difícil después de la batalla que antes.

Fue en las Cámaras, sobre todo, donde se enfrentaron y manifestaron sus opositores, que eran miembros de su partido. La prensa se hizo eco de las discusiones, de esa manera llegaron hasta la población y crearon un clima de agitación y malestar que el gobierno no lograba apaciguar.

El Nacional en su editorial del 18 de octubre reflejó el temor de los liberales a toda negociación en la que se podía perder lo que creían asegurado por la guerra, temor que aumentaba por el carácter de secreto de las negociaciones y la falta de consulta a las Cámaras. Exigían que Urquiza renunciara al gobierno de Entre Ríos y que Saá, Rolón, Allende, Peña, Navarro, Nazar y Rosas fueran separados de sus cargos. En esto coincidían con la opinión del gobierno delegado.

Al día siguiente el Dr. Obligado le reprochaba a Mitre haber propuesta la paz. Esto era admisible si estuvieran forzados por la necesidad, no lo era, después del triunfo y sin intentar, previamente, derribar a los tiranos. Antes de ese esfuerzo no era decoroso ni conveniente buscar una alianza.

Sarmiento aseguraba que Buenos Aires debía reemplazar a la Confederación, invadir y dominar Entre Ríos, hacer desaparecer Santa Fe y Mendoza como provincias, anexándolas a Córdoba y a San Juan, reemplazar a todas las autoridades provinciales, reunir un Congreso Nacional y nombrar al Presidente de la República. De lo contrario, todos desaparecerían en el

caos, aunque después del primer impulsoi, su actitud fue más equilibrada. Elizalde insistía en la necesidad de nombrar un gobierno provisorio que termine la guerra y llame a elecciones.

La posición de Ocampo entre tanto era diferente. Había que declarar caducas a las autoridades nacionales, reunir una convención nacional en Rosario que decida el futuro de la República y quedar en estado constituyente mientras se cumplimentaban esos pasos.

Se consideró, también, darle a las provincias del interior la posibilidad de cambiar sus gobernantes con el apoyo del ejército porteño y rechazar la permanencia de Urquiza en Entre Ríos. Era deseable una abdicación voluntaria, si no se producía había que provocar una revolución en Corrientes.

Mitre para aclarar las cosas le contesta a Ocampo: Para entendernos mejor…el origen de la guerra fue el rechazo de los diputados de Buenos Aires al Congreso Nacional, lo que no está de más recordarlo porque parece que todos lo han olvidado. En virtud de las dificultades que surgieron fui autorizado por las Cámaras a remover todos los obstáculos que impidieran la incorporación de los diputados al Congreso, salvando siempre el decoro y los derechos de Buenos Aires.

La conducta del Gobierno de la Confederación ha agregado una nueva condición a ese programa cual es el desconocimiento de las autoridades federales, que para nosotros han caducado de hecho.

Hemos hecho la guerra como provincia federada que defiende su derecho y rechaza la fuerza, invocando una Constitución jurada y combatiendo para que ella sea una realidad para sí y para las demás, buscando el efecto de la incorporación de sus diputados al Congreso Nacional…bajo las condiciones de la Constitución reformada. Estos deberes son inconciliables con la idea de invitar a los pueblos a declararse en estado constituyente. Declarar caduca la Constitución Nacional, único vínculo moral que nos une con los demás pueblos importa contrariar abiertamente el mandato de las cámaras que nos encargó la remoción de un Congreso en que las prescripciones constitucionales se hallasen cumplidas.

Para convocar a las provincias a formar un nuevo poder legislativo era necesario contar con algo más que la provincia de Buenos Aires, por lo menos, completar la ocupación de Santa Fe y ganar Córdoba

Mientras Mármol y Riestra se pronunciaban por la independencia de Buenos Aires. Sarmiento y Marcos Paz reclamaban expediciones sobre las provincias interiores y el ejército de Buenos Aires se mantenía en las inmediaciones de Rosario, observando el desbande de las fuerzas confederadas y recibiendo la adhesión de muchos de sus jefes, disgustados por la anarquía que reinaba en su propio campo. Los jefes porteños esperaban que Mitre decidiera, según las condiciones políticas, que dirección habría de darse al esfuerzo bélico futuro: Córdoba, Entre Ríos o Santa Fe.

El ejército continuaba inmóvil provocando la reacción de los diarios y nuevos pedidos de Sarmiento de obrar sobre el interior, asegurando los puntos estratégicos fundamentales, con tropas de línea. En La Tribuna, Mármol abogaba abiertamente el 20 de octubre por la independencia.

Mas extrema era la postura de Riestra que rechazaba cualquier acuerdo toda con los caudillos por ser contrario a los principios de Buenos Aires. Quería un sistema constitucional unitario similar al de 1826, pero sólo era factible con una guerra larga que dejaría exhausta a Buenos Aires; así que no quedaba mas que la independencia. Le parecía bien una reconstrucción de la República por la adhesión voluntaria de las provincias a Buenos Aires.

Mitre tenía un plan perfectamente trazado para resolver la situación nacional y lograr la organización definitiva del país, lo expresa claramente en la carta que le escribió a Urquiza el 2 de noviembre de 1861. El desconocimiento de las autoridades nacionales que habían caducado y eran impotentes para resolver la situación, lograr que las provincias se unan a Buenos Aires desconociendo a las autoridades nacionales y retiren sus representantes del Congreso, invitar a las demás provincias a reasumir en forma provisoria su soberanía salvaguardando los derechos de la Nación, reunir un nuevo Congreso de acuerdo con la Constitución reformada y reconstruir los poderes nacionales sobre la base de esa Constitución jurada por todos.

Mitre, tras su entrevista con Obligado el 28 de octubre conjuró la renuncia de Riestra, aunque seguía creyendo que en Buenos Aires, le arrojarían piedras en lugar de flores, por su triunfo en Pavón.

Urquiza se mantenía alejado del gobierno Federal por su enfrentamiento con Derqui. A esta altura de los acontecimientos y cuando la tensión en Buenos Aires era mayor se salió rápidamente del impasse en que se había caído desde la ocupación de Rosario El 10 de noviembre Derqui renuncia a la Presidencia y asume Pedernera. La situación cambia. A Urquiza se le presentaban varias opciones: podía reasumir la soberanía de la provincia, volver a la guerra de la cual se había retirado o aceptar los poderes nacionales que le ofrecía Pedernera.

El 20 de noviembre partió la expedición para Córdoba y el 22 el general Venancio Flores sorprendió en Cañada de Gómez a los restos del ejercito confederado poniendo fin a su existencia como entidad organizada y ocupó luego la ciudad de Santa Fe. Este nuevo triunfo de las armas porteñas logró, que Urquiza, finalmente, se decida y envíe una nota a la Legislatura en la cual solicitaba permiso para acceder al pedido de Mitre y evitar, de esta manera, la continuidad de la guerra.

Antes de llevar su propuesta a los pueblos del interior, Buenos Aires debía uniformar su postura. Unitarios y separatistas no resignaban sus posiciones frente a los nacionalistas aunque Mitre y sus seguidores contaran con el respaldo de la ley. El bando revolucionario se aferra a sus puntos de vista.

Otra cuestión debatida fue el modo de sortear los inconvenientes que se iban presentando. También en ese tema todos opinaban pero pocos coincidían. El rencor guardado implacablemente por los porteños desde los años de la humillación. En particular, desde la segunda Cepeda, se manifestaba tan hondo en sus dirigentes que les perturbaba la razón y les impedía actuar con ecuanimidad y patriotismo para encontrar las soluciones que necesitaba la Nación.

En el Gobierno Delegado predominaba la idea de organizar la República en base a una nueva Constitución que refleje el pensamiento unitario-liberal. Aunque las reformas de 1860 fueron propuestas por Buenos Aires correspondían a una situación diferente. En 1860, el Partido Federal era el que gobernaba y Buenos Aires quería proteger sus instituciones. En noviembre de 1861, eran los liberales los que tenían el poder y pretendían imponer su poder a la República.

Mitre, en cambio estaba convencido que debía continuar la guerra para lograr la solución a los problemas políticos y eso le permitiría, a Buenos Aires, dominar una Argentina

unida en torno a los principios liberales.

La relación con Urquiza, provocó también enfrentamientos y roces. Sus Ministros insistían en no reconocer la Constitución y destruir a Urquiza.

Esta ola triunfal no evitó nuevos ataques desde la ciudad, lo máximo fue el artículo que Vélez Sarsfield publicó en El Nacional “Batalla ganada general perdido”

Le decía Sarmiento: lez ha sido confundido por Cañada de Gómez y la expedición a Córdoba, la revolución y victoria sucesiva de esta ciudad y la ocupación de Santa Fe. Está usted vengado y puede desdeñar tales ataques, inoportunos. Pero Vélez es en eso la expresión del sentimiento de desaliento, de desconfianza, de incertidumbre que agitaba Buenos Aires antes de estos sucesos, que colman sus deseos. Si la idea de separación surgía en algunos espíritus era porque la paralización de las operaciones daba rienda suelta a todas las debilidades del espíritu, porque las provincias permanecían en un misterio y una decepción… Ha mostrado usted una disposición a transigir con el partido opositor que ha hecho trepidar a sus mejores amigos. Buenos Aires es indiferente a la nacionalidad, pero no conoce otra pasión que el odio a Urquiza… y todos sus amigos sin excepción disentían de usted en ese punto.

Nunca la opinión había estado sofocada por el pensamiento, de dudoso carácter de un solo hombre. La prensa enmudecida, las Cámaras anuladas, el ejecutivo sometido al general cuya política desaprobaba como todos los círculos políticos….Ha habido momentos en que los ministros y el gobernador han estado a punto de renunciar, tal era la dificultad de proceder.

Le contestaba Mitre: Aunque como individuo, desearía retirarme de una escena en que a veces me considero degradado, como argentino y como hombre político quiero usar de la autoridad moral que me dan los acontecimientos para encaminar la política por el único sendero que yo considero puede llevarnos a la salvación en como usted sabe he estado en disidencia con los ministros desde el principio y el que quise dar razón de ser lanzando la expedición al interior, también contra la opinión del gobierno y apartando la resistencia opositora de Buenos Aires contra ella y lo impopular que era el ejército..

El Nacional súbitamente tranquilizado, el 7 de diciembre, titulaba su editorial “La República se ha salvado”; el 12 el general Pedernera firmó el decreto de disolución del Gobierno de la Confederación y antes que llegara la noticia, El Nacional presentaba a Mitre cono candidato para la Presidencia de la República.

En Buenos Aires, el localismo daba sus ultimas batallas, el Dr. Obligado ofreció su renuncias el 31 de diciembre de 1861, Riestra sacrificaba sus convicciones para acompañar a Mitre en su gestión. Todavía eran muchos los que querían la invasión a Entre Ríos o consideraban vergonzosa la permanencia de Urquiza en su provincia y provocaban comentarios irónicos de los hombres de armas ya hartos de la vida de campamento, un ejemplo es una carta de Emilio Castro a Martín de Gainza, fechada en Rosario, 13 de diciembre: He sabido … las ridículas pretensiones de los tilingos de ésa, muy guerreros a la sombra y muchos de ellos viviendo de nuestro sudor y nuestra sangre.

Según entiendo la política iniciada por el general, es decir paz con Urquiza, que es hoy un cadáver político que no hay mas que dejarlo para que se pudra y que no vale la pena que se gaste un peso en hacerle la guerra, ni que se obligue a este ejército a sacrificarse con cinco o seis meses mas de campaña…Estos caballeros de Buenos Aires harían bien en venir a probar las dulzuras de la campaña, para que puedan llamarnos a los que así opinamos

COBARDES, porque así lo han de hacer.

El Nacional terminaba todos sus editoriales, exigiendo el ostracismo de Urquiza. Otros agitaban todavía la idea de repudiar la Constitución Reformada.

Terminada la guerra pasaron las cuestiones de la organización institucional a primer plano. Varias provincias (Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca, San Juan, Mendoza, Santa Fe) habían imitado la ley cordobesa del 19 de diciembre de 1861 con respecto a la delegación de facultades a Mitre. Corrientes, La Rioja y San Luis le habían encargado la reunión del Congreso y las relaciones Exteriores. Pero Mitre seguía con los conflictos en Buenos Aires, donde los autonomistas y algunas de los llamados nacionalistas criticaban la ley de Córdoba comparando la situación con el Acuerdo de San Nicolás. La renuncia de Obligado, sumamente intransigente con las provincias le permitió presentar un proyecto, el 6 de febrero de 1862, para aceptar la delegación de mandato y convocar al Congreso.

Además la Tesorería de Buenos Aires se haría cargo de los gastos nacionales Los separatista porteños dirigieron sus ataques a la federalización de la provincia de Buenos Aires, idea con la que Mitre deseaba coronar su plan político.

El Nacional proponía que el Congreso se reuniera en Buenos Aires, pero la oposición estaba prevenida a todas las alternativas por lo que Mármol envía una minuta al Senado en la cual decía: si todo el territorio de esta Provincia se convirtiera en Capital, el peso de esta enorme cabeza encorvaría fácilmente al cuerpo que la sostuviera y en peligro la unidad mas importante de la Nación Argentina si el territorio de Buenos Aires fuese partido para federaliza una parte y hacer una nueva provincia débil y sin antecedentes.

Esto genera el siguiente comentario de Mitre: Vencidos los oposicionistas por los hechos en lo que respecta a la constitución nacional reformada y que antes fue el pretexto de la disolución, se refugia ahora en la cuestión capital….Estas resistencias que son síntomas que representan diversos intereses negativos y antipáticos a la unión no dejan de tener su razón de ser y sus raíces en la opinión, de manera que tendré que hacer uso de todo mi poder legal y de toda mi autoridad moral.

La oposición a la reunión del Congreso en Buenos Aires parecería haber sido la intención al alejar a Mitre de la ciudad y declarar la separación de Buenos Aires, pero la oposición fue reducida y las Cámaras autorizaron a Mitre a aceptar las facultades delegadas por las provincias. La sanción se obtuvo el 15 de marzo, el Congreso fue convocado para Buenos Aires para el 25 de mayo de 1862.

Información adicional

BIBLIOGRAFIA

Fuentes directas éditas

ARCHIVO del GENERAL MITRE, Campaña de Pavón, Buenos Aires, 1911. Tomo IX .

ARCHIVO del GENERAL MITRE, Pacificación y Reorganización Nacional. Buenos Aires, 1911. Biblioteca de La Nación. Tomo X.

ARCHIVO DEL GENERAL MITRE, Después de Pavón, conclusión. Buenos Aires, 1912 Biblioteca de La Nación. Tomo XII.

Fuentes indirectas

CAMPOBASSI, JOSÉ S., Mitre y su época, Buenos Aires, 1980, EUDEBA

DE MARCO, MIGUEL ANGEL, Mitre, Buenos Aires, 2004. Emecé Argentina.

GARCIA BELSUNCE, CÉSAR, Pavón y la crisis de la Confederación, Buenos Aires,1965 Equipos de Investigación Histórica

HINCHILFF, T. WOODBINE, Viaje al Plata en 1861, Buenos Aires, 1955, Librería Hachette SA.

LEVAGGI, ABELARDO, La opinión liberal después de Pavón, Buenos Aires, 1965. Imprenta de la Universidad.

VEDIA y MITRE, MARIANO de, Historia de la Unidad Nacional, Buenos Aires, 1952,Estrada Editores,
Hechos, eventos, manifestaciones, Políticos, legisladores, autoridades, Presidentes, Vida cívica, Historia, Política / Pavón, Buenos Aires, reorganización, secesión
2012 /
11mo Congreso

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