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Liniers

Cuando los Mataderos estaban en Liniers

Edgardo José Rocca

Mapa de obras de saneamiento, C. 1915. En este mapa de Obras Sanitarias se puede observar el incipiente poblamiento de la zona

ORIGEN DE LA GANADERÍA EN NUESTRO PAÍS

    El Rey Fernando V determinó en 1512 las porciones de tierra que debían repartirse a los pobladores de América según el mérito de las personas. Esta determinación la confirmaron Carlos V en 1535 y Felipe II en 1588. En la recopilación de la Leyes de Indias ordenada por Felipe IV y el Código de Carlos II, constan estas disposiciones que posteriormente han servido para juzgar las concesiones arbitrarias de tierras en América de grandes extensiones que han sido causa de rémora y hasta de malestar económico en el Río de la Plata. En esta parte del sur de América, como en otras comarcas del Nuevo Continente, los repartimientos de tierras han estado sujetos a las mismas Leyes coloniales anteriormente citadas.

Un contraste notable en medio de los acaparadores de campos para pastoreo con destino de vacunos para los mataderos, pero es digno de señalar la actitud de Juan de Garay al fundar la Ciudad de Buenos Ayres en 1580, que se adjudicó suertes de tierras semejantes a la de los demás pobladores. El mismo Manuel de Frías y Hernandarias de Saavedra, constituyen ejemplos de probidad que continuemos recordando.

El ganado yeguarizo fue introducido directamente de España al Río de la Plata por el Primer Adelantado Don Pedro de Mendoza al fundar el asentamiento portuario de 1536 el lanar y cabrío desde el Perú al Paraguay y luego al Río de la Plata por la expedición de Nulfo de Chávez y el ganado vacuno con idéntico recorrido desde España, el Océano Pacífico por el Tercer Adelantado Don Juan Ortiz de Zárate.

Los vastos territorios que formaban la cuenca del Plata constituían hermosos campos naturales particularmente aptos para el pastoreo que los colonizadores vaticinaron para el mejoramiento del ganado. Ya en el siglo XVI en cartas dirigidas al Rey de España Carlos I informando: “Estos campos, ricos en pastos espontáneos o “pastos naturales” estan formados por gramináceas y leguminosas, tiernas y jugosas.”

    La explotación ganadera a medida que pasaban los años adquirían mayor interés e importancia favorecida los buenos campos permitieron un gran aumento de los animales en las orillas del Río de la Plata durante el primer cuarto del siglo XVII.

Hernandarias por segunda vez al gobierno y su acción fue notable a favor de la ganadería desde 1602 y el comercio se inició con la exportación de carne salada, autorizada por la Real Cédula de Felipe III.

Vemos en los Acuerdos del Extinguido Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires del 13 de abril de 1609 que se reglamentó la matanza de ganado alzado de acuerdo con una petición del Procurador debido al desorden y el daño al efectuar la matanza del ganado cimarrón y que convenía poner orden. La Reglamentación de la matanza del ganado alzado alzado fue acordada en sesión del 22 de abril de 1609. (1)

MATADEROS DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

     Varios son los viajeros que llegaron a nuestra ciudad en los siglos XVII y XIX y describieron en sus memorias el sentimiento de horror que sintieron al concurrir a presenciar los mataderos que funcionaban Buenos Aires.

Ciertamente que el sistema empleado para la matanza de las reces era, según lo publicado, un espectáculo inusual que se repitió diariamente por más de tres siglos, algo bestial propiamente dicho, realizado por hombres en una forma primitiva que denotaban su rudeza rayada en la crueldad.

Muchos viajeros nos dejaron su visión de los mataderos de la ciudad de Buenos Aires. Descripción de lo salvaje, primitivo e inhumano que era el trabajo en los lugares donde se realizaban las matanzas de ganado.

En 1771 por disposición del Cabildo se establecieron mataderos de animales para el abasto de la Ciudad de Buenos Aires. Uno de ellos se encontraba cercano en lo que es actualmente la Plaza Miserere, próximo a los hornos de ladrillos de los hermanos Carricaburu que por asimilación y cercanía fueron llamados Corrales de Carrica-buru. En el plano efectuado por José María Manso en 1817, vemos los corrales Miserere en un espacio de casi diez manzanas que incluyen la plaza del mismo nombre.

En el año 1772: “el ganado vacuno pare a los dos años o poco menos, y rara es la ternera que se mate de un año, que no se le encuentre su cría, basta esto para poder hacer juicio de la bondad del temple, como de la fertilidad y dar la abundancia que puede haber de esta y otras especies en ese país (Argentina), dice Millau (2)

Otro viajero, Campbell Scarlett en sus anotaciones correspondiente al 2 de noviembre de 1834 comienza:” Hoy fui con varios oficiales a ver la escena más repugnante de todas: la matanza de bueyes en el matadero. Cuando cabalgaba hacia el lugar, las víctimas en perspectiva eran recogidas en un gran corral. Este recinto de palos gruesos y altos, hundidos en el suelo. El ganado había sido conducido desde las llanuras y observamos a muchos gauchos carniceros de la ciudad, con aspecto tan salvajes como sus hermanos del campo, todos montados y reunidos en un corrillo, en el acaloramiento de regatear la compra del ganado.”     (3)

    En diciembre de 1840, Juan Manuel de Rosas instaló el matadero y saladero de Palermo cercano al arroyo Maldonado y de acuerdo a la planilla del personal que realizaba sus tareas en el mismo, trabajaban 259 personas: peones en el matadero 122 milicianos, 52 peones de las partidas acarreadoras, 40 peones de las partidas y domadores otros 45.

    En el libro publicado por José Luis Bustamante en 1856 leemos: “Otras mejoras importantes tuvieron lugar en aquella época. Desde el año 22 había sido destinado para mercado y matadero del Oeste, el sitio denominado Plaza de Miserere. Un decreto del Gobierno ordenó la realización de este pensamiento, estableciéndose allí ese gran marcado y matadero.”   (4)

Wilfredo Latham describe con mucha crudeza en 1865 un matadero de Buenos Aires: “El aspecto que presenta un matadero en la estación de la matanza, es en extremo extraño para los ojos europeos. Tropas de hermoso ganado semi salvaje, compuestas de algunos cientos de cabezas, son conducidas de la campaña por hombres á caballo, que parecen tan salvajes, aun que en realidad no lo son, como el ganado que arrean; los asustados animales, mujiendo y desesperados, intentan huir al acercarse al corral, mientras los hombres á caballo ajitan sus lazos, y arrojándolos sobre el ganado por los costados y por detrás, los estrechan obligándolos á reunirse en una compacta masa, y á que entren al corral los delanteros.”     (5)  

En el año 1866 se publicó la traducción de un libro de Hutchinson: “Las operaciones de estos mataderos, constituyen, con la cría de ovejas, la principal riqueza de la vida del campo. Por esto tomando el asunto bajo un punto ethnológico, deseaba ver si las costumbres del gaucho, desenvueltas en estos mataderos, se ajustaban a la descripción

hecha de ellos por el Sr. M´Coll, o si presentaba ese sanguinario aspecto descrito por el Sr. Caballero de St. Robert. La ultima de estas autoridades dice: “La rapidez para derramar sangre, una ferocidad que es al mismo tiempo porfiada y brutal, constituye el rasgo prominente de las costumbres del gaucho. La primera cosa que la mano infantil del gaucho empuña, es el cuchillo. La primera cosa que llama su atención de niño son los charcos de sangre y la carne palpitante del animal moribundo.”    (6)

Un matadero se encontraba en actual barrio de Belgrano, funcionando hasta 1887 en el predio comprendido entre avenida Del Libertador y Congreso, lugar en que a su cierre se construyó el Hipódromo Nacional.

Debido a las malas condiciones en que se encontraban los terrenos donde se retenían los animales para su posterior matanza, debido a la gran acumulación de agua, sangre, orina y bosta, hacía que los vacunos se hundían hasta su vientre por lo que se inmovilizaban con gran perjuicio de los mataderos, por lo cual se decidió que los corrales fueran trasladados en varias oportunidades.  (7)

LOS MATADEROS DEL SUR

     Todavía para el Reglamento de los Corrales sancionado el 6 de noviembre de 1834 la ciudad contaba con tres principales mataderos norte, oeste y sur. Este último se encontraba en los terrenos comprendidos por las calles Caseros, Baigorri, Barracas y Amancio Alcorta que conducía al Paso de Burgos.  (8)

    En la sesión del 9 de octubre de 1860 la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires adoptó la resolución de trasladar los mataderos a otra localidad en la misma dirección mejorando el sistema de matanza con brete, zorra y playa de concentración, e informando: “La matanza no puede continuar como hasta aquí; la salud pública y la civilización prescriben una amplia reforma del método utilizado.”  Efectivamente la faena diaria se realizaba siempre a la intemperie. En el estío las carnes se dejaban en el suelo de tierra, caliente expuestas a los rayos del sol y la de los insectos que la llenaban de inmundicias. Pero mucho peor durante el invierno que el trabajo se realizaba mayormente entre el barro y los charcos de agua estancada.  (9)

    Luego de largos trámites se adquiere el predio a Federico Mejías, en esta oportunidad sobre la calle Caseros entre las actuales Pepirí y Montegudo (10) y prontamente con 50 abastecedores se llega a un arreglo el 11 de octubre de 1867, concediéndoles en forma gratuita el usufructo de los lotes por cinco años a cambio de colocar ladrillos en el piso.

Aunque el lugar de las faenas fue trasladado, el método no fue variado dado que faltaba la aprobación del plano de construcción del nuevo matadero, aunque se habían presentado varios hasta el año 1869.  La Municipalidad designó a la Sociedad Rural para emitir opinión respecto de los diversos planos recibidos. El 6 de octubre de 1869 la misma recomendó la aprobación del plano con el Nº 105 de la Municipalidad que ya poseía el beneplácito de la misma desde el año 1861.  Con la empresa se firmó el contrato en 1870, concluyendo las obras y recibidas por la Municipalidad en 1872.  (11)

En 1872 fue el año que se inauguraron los llamados Corrales Viejos que se establecieron en el actual Parque de los Patricios.

Los Corrales Viejos, que llegaron a ser hasta escenario de algún combate militar, señalaron una etapa de superación organizativa con respecto al trato bárbaro que nos reflejó en su estupendo relato Esteban Echeverría en su libro “El Matadero de la Convalecencia” a donde llegaban los novillos que en algunos casos superaban las quinientas cabezas de ganado conducidas por seis hombres para ser reunidas en un campo cercano al matadero, luego de cruzar ríos como el Salado, con gritos y continuas alzadas de sus ponchos para hacer entrar al río el arreo y ver un grupo formado por las cabezas de las bestias que nadaban agrupadas en lucha contra la fuerte correntada del estuario, en procura de la orilla opuesta.

Las flamantes instalaciones para emplear un nuevo sistema de faenamiento recién fueron habilitadas el 15 de octubre de 1877, “por lo que se logró desapareciera el horrible y primitivo sistema de faenar las reses para el consumo del Municipio en una playa inmunda como hasta el presente.”     (12)

    Debido al desborde del Riachuelo en el invierno de 1884 se produjeron una gran mortandad de animales que se encontraban a la espera de inglesar a los corrales.

LOS NUEVOS MATADEROS

El servicio de aguas corrientes y de cloacas puede anotarse como un paso concreto de lo que comenzaba a ser, por ese tiempo, la preocupación de los gobiernos y la fiscalización de las carnes vacunas, en consecuencia, también se insertaba en el plano de la inquietud de las autoridades y ediles municipales.

En esa circunstancia hay que buscar el origen del proyecto para la construcción de un establecimiento que reuniera las condiciones adecuadas para el importante objetivo de proporcionar al mercado, un producto sano, que solo podría obtenerse únicamente de animales incontaminados.

Para ello fue necesario realizar una prolija investigación respecto de lo que se había hecho en diversos países en materia de mataderos públicos, procurando obtener la más amplia información, tanto en lo que se refería a su aspecto técnico y sanitario, cuanto al régimen de explotación industrial, contemplando particularmente todo aquello que afectaba los intereses del productor y del consumidor, sin excluir el estudio de las iniciativas de las diferentes instituciones, productores y gremios interesados en pos de la utilización y formación de elementos nuevos para el aprovisionamiento de la ciudad.

Fue en el año 1888 siendo Intendente Municipal Antonio F. Crespo, es cuando el H. Concejo Deliberante acordó con la firma Juan C. Boerr y Cía la concesión para la construcción en terreno propio la explotación por su cuenta “de los mataderos que ya le decían de Liniers”.

    La zona elegida se encontraba prácticamente despoblada, con pastos abundantes, campos incultos, variedad de arbustos y árboles, donde pastaban animales cimarrones y corría un arroyo conocido como Cildañez

El contrato establecía que la nueva planta debía levantarse en un terreno de veinte hectáreas del dominio de la empresa, para que, al cumplir veinte años, pasaría al municipio, y que desde la instalación del establecimiento: “la empresa percibiría los derechos de abasto y de bretes sobre los animales vacunos, lanares y porcinos, conforme a los montos vigentes en el momento del contrato, como también las multas por infracciones al nombrado impuesto.” También se estableció que la firma entregaría a la Municipalidad una anualidad de $ 500.000 acrecentada en $ 50.000 al comenzar cada uno de los tres últimos quinquenios del plazo establecido.

SE INICIA LA CONSTRUCCIÓN

Para la elección de los terrenos en la zona de Liniers, se tomaron en cuenta que se encontraban en la ruta obligada que venían de los campos del sudoeste bonaerense y lejos del movimiento más activo de la ciudad. En marzo de 1889, Juan C. Boerr y Cía. constituyó la Sociedad Anónima Nuevos Mataderos Públicos de la Capital que adquirió los derechos y obligaciones de la concesión y la propiedad de las veinte hectáreas donde se levantarían los corrales y el matadero, colocándose la piedra fundamental el 14 de abril de 1889, iniciándose las obras bajo la dirección del ingeniero José M. Burgos, siendo de seis meses el plazo para comenzar las obras y de dieciocho para finalizarlas, que sería en diciembre de 1890.

En la Memoria de dicha sociedad leemos que se contemplaba simultáneamente la construcción de casas o pueblo que se impondría el nombre de Nueva Chicago, en clara alusión a la industria de los Estados Unidos

Debido a la demora en ejecución de las obras del Nuevo Matadero Municipal, por la crisis de 1889-1890, los accionistas no pudieron reunir más capital para finalizar la construcción de los Mataderos, por lo cual se entabló un litigio al solicitar la sociedad una prórroga de la fecha establecida en el contrato, que recién finalizó con un convenio con la Municipalidad y la concesionaria Nuevos Mataderos Públicos de la Capital transfiriéndole los terrenos ya escriturados “en lo que eran llamados en la zona que le decían de Liniers”, Memoria Municipal de 1893-1894.

Para llegar a ese lugar había dos formas: una yendo por el Camino Real hasta Liniers y luego por el campo dos leguas (dos kilómetros y medio) en dirección al sur, y la otra por el demarcado Camino a Cañuelas, la actual avenida Juan Bautista Alberdi, pasando por los campos de Bernardo Terrero y Joaquín Rivadavia, tomando hacia el sur donde se había ya formado una huella debido al continuo paso de animales, personas y pesadas carretas por lo cual ya se referían a él como el Camino al Matadero

La piedra fundamental de estos Mataderos de Liniers se colocó solemnemente el 14 de abril de 1889. La única casa era una casilla de madera ocupada por el almacén y fonda de José Michellini. El primer remate de tierras lo realizó el martillero público Publio Massini el 14 de noviembre del mismo año, con gran éxito, vendiéndose veintidós manzanas divididas en lotes.  La población se fue formando en base a familias de peones de los antiguos corrales, quinteros, abastecedores de carne, etc. cuyo medio de comunicación con las zonas pobladas fue el tranvía “La Capital”, cuyo itinerario unía las nuevas instalaciones, aún antes de haber sido inauguradas oficialmente, con San José de Flores y los antiguos mataderos que pronto desaparecerían. En sus coches con acoplados viajó durante los primeros años gran cantidad de obreros matarifes, cuyos hogares estaban en los alrededores del parque en construcción, que se llamaría de los Patricios, donde habían estados los antiguos mataderos.

Su construcción comenzó sobre un terreno de ocho hectáreas que cubrían las manzanas comprendidas entre las calles San Fernando (Lisando de la Torre), Areco (José M. Rodó), Merlo (Francisco Bilbao) y Camino de los Ombúes (Murguiondo). Tiempo después se le agregó una donación de doce hectáreas para formar las veinte citadas, que eran delimitadas por las calles Campara (Av. del Trabajo), San Fernando y la línea de Merlo cortada por la edificación.

En la Memoria Municipal, el Intendente Francisco Seeber informa: “Creo mi deber daros cuenta de mis impresiones respecto del contrato que se realizó antes de mi entrada a la Intendencia para la instalación de los nuevos mataderos que se construyen en las inmediaciones de la “Estación Liniers” y de las diligencias que practique para   que no fueran tan graves para la renta municipal y la higiene del municipio; estas construcciones no reúnen a mi juicio las condiciones generales para hacerlas aceptables por esta Municipalidad.”   (13)            

INAUGURACIÓN DE LOS MATADEROS DE LINIERS. SU PROBLEMA SOCIAL

     Las obras edilicias finalizaron en los primeros días del mes de marzo de 1900 y el 21 de ese mes fue inaugurado el Nuevo Matadero Municipal con la asistencia del Intendente Adolfo J. Bullrich y autoridades que viajaron en tranvías de la Compañía “La Capital” de dos pisos, hasta Liniers.

La histórica revista “Caras y Caretas” publicó una profunda semblanza de la transformación del trabajo de los matarifes que vale la pena transcribir para apreciar a través del tiempo el problema social-cultural que se suscitó con el cambio de la ubicación poblacional y los métodos modernos de sacrificio de los animales, diciendo: “Se ha trasladado por fin, de los viejos y clásicamente mugrientos corrales, á los flamantes Mataderos de Liniers, la matanza diaria de reses con que Buenos Aires mata sus hambres y sustenta sus energías. Ello ha dado fatiga y está dando todavía dolores de cabeza á la intendencia, porque es el traslado definitivo y total mucho más difícil y complejo de lo que á primera vista aparece; se trata de la mudanza de toda una población arraigada en el vastísimo contorno de los corrales viejos, y que no se deja arrancar sin resistirse con dientes y uñas, legítima defensa del terruño, del hogar propio, del pago, que allá va á quedar desierto, abandonado como un sitio maldito. Y hay razón para sentirlo, porque aquello era un rincón de vida característica á la antigua criolla de nuestro país.”

    “La vieja alma paisana, refugiada entre el enredijo de cercos y bretes, entre las emociones acres y sanas de la vida de los corrales, vida eminentemente muscular, se encoje ahora, cohibida y huraña al verse llevada á un médium enemigo, donde la mecánica impera y el coraje no hace falta, donde las novilladas pueden ser gobernadas como puntas de borregos, desde los pasillos altos que cruzan en todo sentido los Mataderos de Liniers, por cualquier jornalero de los que se dan á ese trabajo, que era especialidad de camperos. El gaucho de áspero ceño y garrón duro, que miraba con irónico desdén al “nación” torpe para el cuchillo y arisco para la guampa, ahora se ve humillado, emparejado á cualquier faenero chambón y primerizo. Aquellas tareas de genealogía campera en que el hombre se probaba y lucía las destrezas del pulso y el aguante de la osamenta, repujaba á golpes, se vulgarizan; cualquiera puede ser gaucho gateando por arriba de los palos.”

La cuerpeada, la pechada á la res fugada y furiosa, el gallaerdar en el pingo regalón, amigo del paisano, toda la faena de carnear á la criolla, para el criollo que había mamado esas fatigas y aprendido esas artes, estaba reservada. Pero ¡ahora! ¿Caballo? á gatas si los que arrean, y eso en cualquier sotreta! Una vez en los corrales se acabó. Todo anda allí como máquina, por los corredores altos a gritos, desde lejos y con puertitas que arrean y hacen solas los siete apartes en que el gaucho baqueano se distinguía. Un peón con quien hablamos, nos decía: “Si hasta los mesmos animales han cambiao!” Y señalando a un peón que desde arriba y sin susto hacía un aparte de reses: “Vea como les grita aquel italiano bozal y se dejan arriar! ¡Si se me hace que entienden!” Y en efecto entienden. También el animal va evolucionando en el sentido                                                    

vulgar de la civilización que para él es la mansedumbre, la resignación de la bestia vencida, que después de varias generaciones de sumisión ya ni recuerda de las antiguas bravuras que explicaban al gaucho, domador de fierezas. Una evolución trae la otra. ¿Para qué sirve el paisano campero, boleador eximio, enlazador hasta á oscuras, siguiendo á la res fugitiva por el tropel de las pisadas, jinete intrépido para encerrar á pechadas las toradas bagualas, si estas ya no existen, si el ganado bravo ha humillado la cerviz, si la creciente división agraria, el alambrado, el corral, el brete, los procedimientos sabios é ingeniosos del ganadero han excluido la intervención de toda aquella faena de romance?  El gaucho está de más. Es una modalidad sociológica que ha hecho su época, que ha llenado media historia de inauditas hazañas, de leyendas bravías, de instintivas noblezas, de fieros y altos ímpetus, y que pasa sin perder sus perfiles, sus prestigios de campero y sus briosas valentías de soldado de la patria, á vivir en una leyenda esplendorosa y trágica. Un puñado de esos ejemplares ya exóticos que se aferraban á la vida presente, abrigados por el médium agreste de los corrales donde se hacía trabajar el músculo y eran todavía precisos los criollos de agallas, va á perderse también ahora con la inauguración de los Mataderos Nuevos de Liniers. Con razón hay tanta sacudida para someterse á la innovación en la población de los corrales viejos: es toda una tradición áspera y fuerte que se siente extinguir y que convulsivamente se aferra á la vida.”

    “Una ojeada á los Nuevos Mataderos de Liniers justifica la traslación de la matanza y da un valor metafísico á estas reflexiones sentimentales acerca de la paisanada pintoresca que se va, de la fisonomía criolla que se borra de la vida corralera al modernizarse los procedimientos de la matanza diaria. Es una obra de vasto empuje la de los Mataderos de Liniers.”

    “Y una vez vencidas las dificultades naturales de tan complejo mecanismo y las que le ponen los intereses arraigados en el viejo y nauseabundo de las cruentas matanzas, los Mataderos de Liniers podrán enseñarse como uno de los detalles más ostensibles de la cultura y el progreso de nuestra gran metrópoli. La organización de aquel mundo de sacrificios vacunos, en el que todo se correlaciona y auxilia, colaborando en la faena, que llegará á ser perfecta cuando se rectifiquen y acomoden ciertos detalles que obstan á la coordinación del conjunto, es una verdadera bizarría edilicia que nadie sospecha sin verla. Extinguidos ó satisfechos los disgustos gremiales que tan fundamental progreso ocasiona, será orgullo de todos y especialmente de abastecedores, matarifes y carniceros, la obra de los Mataderos de Liniers, que perfecciona y sobre todo asea la industria del abasto de carne, singular industria, cruel y humanitaria á la vez, por las vidas que arranca sin misericordia  y por el fin evangélico de dar de comer al hambriento que motiva aquellas diarias y monstruosas hecatombes en que solo la flacura halla perdón. De todos modos, siempre habrá más tranquilidad en el estómago de Buenos Aires, presumiendo que las cosas de la matanza se harán mejor y con más limpieza. Esta presunción basta para la placidez digestiva.  Y el progreso material y urbano nos dará todos sus resultados gastronómicos y alimenticios estos Nuevos Mataderos de Liniers.”     (14)

    Por ley 1798 promulgada en setiembre de 1899 por el Presidente Julio A. Roca, se autorizó la construcción de líneas férreas que entran a la capital para que empalmen con los Nuevos Mataderos de Liniers  

Las haciendas en pie que tengan acceso al establecimiento de Liniers, deberán venderse por los consignatarios que las reciban, según Decreto Municipal del 17 de diciembre de 1901.  (15)

    Mataderos de liniers (Ordenanza de abril de 1923)

Art. 1º – Modificase el Artículo 2º de la orden de noviembre 21 de 1922 sobre los trabajos en los Mataderos de Liniers en días domingos.  (16)

ESTACIÓN LINIERS DEL FERROCARRIL DEL OESTE

     La modalidad del Ferrocarril del Oeste es que concedía a los particulares el establecimiento de la estación, quedando a cargo la sesión del terreno a favor del ferrocarril, la construcción de los edificios y el pozo y balde para el correspondiente servicio, como veremos más adelante. Es interesante observar las estaciones del Ferrocarril del Oeste no solo en sus modelos de madera y tejas, sino las de mampostería que las fueron reemplazando. En estas ultimas estaciones prevalecía el lenguaje del neo renacimiento italiano.   (17)

    El Barrio de Liniers se encuentra desarrollado desde 1887 y la modesta estación del Ferrocarril del Oeste se autorizó el 19 de enero de 1872, con la cláusula: “Que Don Francisco Sosa, solicitante de la estación, donde a favor del Ferrocarril, una manzana de terreno. Que él mismo construya en dicha manzana una estación semejante a la de Almagro, y pozo y balde para el correspondiente servicio. Que el referido Sosa pagará los sueldos del Gefe y peón que deben servir esa estación, hasta tanto produzca lo necesario para cubrir dichos gastos.”   (18)

    Rodeada por los campos de Massini y quintas de Conde y Fürst se edificó esta precaria estación o peaje con el nombre de Liniers el 18 de diciembre de 1872 elegido por el Directorio, pero recién fue el 1º de noviembre de 1887 autorizada a ser utilizada por el público en general.

    De acuerdo al Plano Oficial de 1895, numeradas fueron las primeras calles trazadas, años posteriores designadas como: Madero, Cuzco, Álvarez Prado (Gallardo), Gana, Magán (Barragán), Barragán, Maces (Fragueiro), Francisco de Viedma, Tejada (Bynnon) y Orinoco (A. Jacques).

    Como apreciamos hasta nuestros días se continúa llamando “Mataderos de Liniers” desde su instalación en los terrenos que en 1900 se los conocía como lugares que le decían de Liniers, que en la actualidad forman parte del Barrio de Mataderos y que no podemos negar que es verdaderamente historia del Barrio de Liniers.

Notas

1 –  A G N – Actas del Existentes del Cabildo Libro original Fojas 21

2 – “Descripción de la Provincia del Río de la Plata” – Francisco Millau – Página 47

3 – “Viajes por América A través de las Pampas y los Andes desde Buenos Aires al istmo de Panamá” – P. Campbell Scarlett –  Página 46

4 – “Bosquejo de la Historia Civil y Política de Buenos Aires desde la Batalla de Monte Caseros” – José Luis Bustamante – Página 269.

5 – “Los Estados del Río de la Plata Su industria y su comercio” – Wilfredo Lathman – Página 9.

6 – “Buenos Aires y otras Provincias Argentina en 1862-1863” – Tomás J. Hutchinson – Páginas 40 y 41.

7 – A G N – AECBA, serie 3, Tomo 11, Años 1796-1800, Buenos Aires, Kraft 1933. Acuerdo del 2-4-1796, del 26-8-1796 y del 25-9-1799. Igualmente ver en la Serie 4, Tomo 1, Buenos Aires, Kraft 1925, Años 1801-1804, Acuerdo del 30-7-1801   

8 – A G N – 10-27-6-4   Gobierno, Hacienda, Policía, Reglamento de Corrales – “El Registro estadístico de la Provincia de buenos Aires” – Nº 1 del 15-2-1822 página 12 – En el se cita la existencia de 4 corrales con el de San José de Flores.

9 – Memoria del Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires correspondiente al año 1860 – Página 154.

10 – Los Corrales Viejos después extendió su límite del sur hasta llegar a la calle de la Arena, en la actualidad Almafuerte.

11 – Memoria del Presidente de la Comisión Municipal al H. Concejo correspondiente al ejercicio del año 1877 – Página 226.

12 – Ibídem páginas 46 y 47.

13 – Memoria Municipal de la Ciudad de Buenos Aires – Tomo I – Año 1890 – Capítulo Mataderos Públicos –  Página 161.

14 – Revista Caras y Caretas Nº 78 del 31 de marzo de 1900 – Páginas 21 y siguientes – firmado por Martín García.

15 – Digesto Municipal del año 1901 – Página 325.

16 – Mataderos de Liniers (Ordenanza de abril 24 de 1923) – Digesto Municipal de la Ciudad de Buenos Aires Recopilación de Leyes, Ordenanzas y Decretos – Ernesto Oyuela.

17 – “Arquitectura ferroviaria” – Jorge D. Tarantini – Página 70

18 – Acta del Directorio del Ferrocarril de la Provincia del 19 de enero de 1872.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA Y FUENTES DOCUMENTALES

A G N

BUSTAMANTE, José Luis – “Bosquejo de la Historia Civil y Política desde la Batalla de Monte Caseros” –  Buenos Aires – Imprenta y Librería de J. Bernheim Calle Defensa 73 -1856 – 360 páginas – Ilustrado.

CAMPBELL SCARLETT, P. – “Viajes por América A través de las Pampas y los Andes, desde Buenos Aires al Istmo de Panamá” – Buenos Aires – Editorial Claridad – 1957 – 240 páginas – Ilustrado – Planos desplegables.

HUTCHINSON, Tomás J. – Buenos Aires y otras Provincias Arjentinas con estractos de un diario de la exploración del Río Salado en 1862-1863” – Traducida del original inglés y anotada por Luis V. Varela – Buenos Aires – Imprenta del Siglo, Victoria 151 – 1866 – 295 páginas.

LATHAM, Wilfredo – “Los estados del Río de la Plata Su industria y su comercio” Traducido del original inglés, corregido y aumentado por el autor, por Luis V. Varela – Buenos AiresImprenta de La Tribuna, calle de la Victoria Nº 31 – 1867 – 190 páginas

MEMORIA DEL PRESIDENTE DE LA COMISIÓN MUNICIPAL AL H. CONSEJO CORRESPONDIENTE AL EJERCICIO DE 1887 –  Buenos Aires – Imprenta de J. Biedma – 1878 – 290 páginas.

MEMORIAS DE LA MUNICIPALIDAD DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES – Año 1860.

MEMORIAS DE LA MUNICIPALIDAD DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES – Tomo I – Año 1890.

MILLAU, Francisco – “Descripción de la Provincia del Río de la Plata (1772)” – Buenos Aires – Espasa Calpe Argentina S.A. –  1947 – 140 páginas –

OYUELA, Ernesto – “Digesto Municipal de la Ciudad de Buenos Aires Recopilación de Leyes, Ordenanzas y Decretos” – Buenos Aires – Edición Oficial – Talleres Gráficos Optimus – A. Cantuelo Perú 532 – 1923 – 775 páginas.

TARANTINI, Jorge D. – “Arquitectura Ferroviaria” –  Buenos Aires – Editorial Colihue –  2001 – 290 páginas – Ilustrado – Planos.

TAULLARD, A. – “Los planos más antiguos de Buenos Aires 1580-1880” –  Buenos Aires – Peuser – 1940 – 370 páginas – Planos y mapas desplegables.

WERCKENTHIEN, Cristian G. – El transporte en Buenos Aires 1870-1880” – Buenos Aires – Asociación Amigos del Tranvía – 1981 – 120 páginas – Ilustrado – Planos.

Información adicional

Presentado en el 1º Congreso de Historia del barrio de Liniers

Categorías: Mercados, TRABAJO, Hitos sociales
Palabras claves: Liniers, Mataderos, Mercado

Año de referencia del artículo: 2012

1er Congreso

Es una imagen de la construcción de los Talleres Ferroviarios donde se aprecia el descampado hacia los mataderos en 1903

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