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Ciudad de Buenos Aires

Dos constituyentes que vivieron en Belgrano

Enrique Mario Mayochi

, 2020.

¿Nada hay en el barrio de Belgrano que los recuerde, ni siquiera una calle o una plazoleta con sus nombres, los que están puestos (¿al boleo?) en algún otro lugar de la ciudad.

Casualidad, coincidencia entre quienes no se habían tratado? Hay algo de curioso en el caso de estos dos compatriotas de harta diferencia de edad, nativos de provincias que apenas las conocían por sus nombres, constituyentes el uno y el otro en 1853, senadores nacionales por la misma época y, por fin, habitantes en sus últimos tiempos en un pueblo cercano a la ciudad de Buenos Aires, sin tener relación el uno con el otro que sepamos. Creemos que no se dio un caso similar.
Recordemos por su acción cívica, militar en algún caso, científica en otro. Uno se llamaba Pedro Ferré; el otro, Juan Llerena.

Pedro Ferré
Es memorable por su recto proceder, por su carácter enérgico y difícil y por sus reacciones políticas no siempre previsibles. Nació en Corrientes en 1788, fue alumno del recordado fray José de la Quintana en el convento de San Francisco y más adelante alternó los estudios superiores con el aprendizaje de la carpintería naval, que le transmitió su padre. De allí provino el apelativo de el calafate que le dieron algunos de sus comprovincianos.
En su primera juventud se le confió la jefatura de fuerzas milicianas, cargo que le facilitó movilizar a sus comprovincianos para declarar la autonomía correntina en 1821, al morir Francisco Ramírez, que hasta entonces la gobernaba desde Entre Ríos.
Fue cabildante, diputado al Congreso General local y desde 1824 gobernador intendente y capitán general, cargo para el que fue reelegido y que sólo ocupó hasta la conclusión de la guerra con el Brasil. En 1830 tornó a ocuparlo, ejerciéndolo por tres años, en cuyo transcurso tuvo más de un choque con el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, ambos federales. Los desacuerdos no le impedirían terminar adhiriendo a Corrientes en 1831 al Pacto Federal, como también lo habían hecho Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires. Siendo gobernador provisorio hizo alianza con Juan Lavalle, quien al frente de fuerzas unitarias penetró en el Litoral. Ambos coincidieron en darle la jefatura militar a José María Paz, quien terminó por ganarse el encono de Ferré al aceptar la gobernación de Entre Ríos por considerar el correntino que era incompatible el ejercicio de ambos cargos, del mando civil y del mando militar. Eran los tiempos de la victoria de Caaguazú y de la posterior gran derrota de Arroyo Grande, lo que obligó a Ferré a exiliarse en el Brasil.
Vuelto al país, apoyó al gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, para derrocar a Rosas con ayuda del Brasil. El cruce del río Paraná por las tropas rebeladas tuvo en el calafate al hábil organizador de las embarcaciones.
Tras el cambio político que vivirá el país, Ferré será elegido diputado por Catamarca (¡!) al Congreso Constituyente. Para apurar el funcionamiento de la asamblea, Urquiza y sus colaboradores “fabricaron” representante cuando las provincias demoraban en hacerlo. No fue Ferré un diputado “fácil”, discutiendo parte del proyecto y terminando por retirarse cuando hubo discrepancias en materia religiosa, lo que afectaba su condición de católico sin tacha.
Constituido el Congreso Federal, según lo preveía la Constitución, Ferré fue uno de los senadores que desempeñó igual cargo, después de Pavón, en representación de Corrientes. Mitre sabía que sin el calafate no podría contar con esa provincia.
Ya anciano, al iniciarse la Guerra de la Triple Alianza ofreció sus servicios al Ejército, los que obviamente le fueron agradecidos pero no aceptados.
Quizá buscando la paz y el sosiego de un pueblo de vida tranquila, como el que lo vio nacer, en los últimos años de su vida se radicó en Belgrano, donde falleció el 21 de enero de 1867. Fue sepultado en la Recoleta porteña y en 1964 sus restos llevados a Corrientes y depositados en la Catedral.
Quien pase por 3 de Febrero 1960 tenga un recuerdo para él, que fue, quizá sin saberlo ni sentirlo, nuestro vecino.

Juan Llerena
Nació en San Luis y estudió en Buenos Aires, Córdoba y Santiago de Chile, donde se graduó de doctor en Derecho Civil. De regreso en su patria, se radicó en Mendoza, donde fue colaborador de Bernardo de Irigoyen, enviado por Rosas para fundar La Ilustración Argentina, un periódico destinado a combatir y refutar La Crónica, hoja oficialista chilena que brindaba a Domingo Faustino Sarmiento la ocasión de atacar a los federales argentinos.
Al pronunciarse Urquiza contra el gobernador porteño, su colega de Mendoza envió a Llerena a Buenos Aires para expresar la adhesión de la provincia a Rosas. Cumplida la misión, se radicó en San Luis, donde permaneció hasta comienzos de 1853, cuando fue elegido, para su sorpresa, diputado al Congreso Constituyente. Incorporado a la reunión de Santa Fe, tras ser reprendido por las reiteradas ausencias en que incurría, volvió a ocupar su banca y firmó el texto de la Constitución. En octubre de ese año renunció a la diputación junto con su colega Zenteno para no tomar partido con ninguno de los sectores que se perfilaban en el Congreso.
Viajero incansable, recorrió medio mundo, tomó apuntes, escribió como se acostumbraba sus impresiones de cuanto había conocido, amén de seguir cultivando la poesía y sus estudios astronómicos. En 1864, la Legislatura puntana lo eligió senador nacional, lo que lo obligó a dejar Mendoza, donde vivía, y viajar a Buenos Aires. Fue un legislador, activo, autor de numerosos proyectos y orador parlamentario de fuste. Concluida su labor legislativa se contó entre los fundadores del Banco Nacional. La provincia de Buenos Aires lo designó para integrar una comisión para estudiar los progresos más recientes en materia de explotación rural. Con tal motivo visitó países de cinco continentes y al volver volcó cuando había conocido en una obra de diez volúmenes, que realizó con la colaboración de Ricardo Newton.
Un resultado no previsto del viaje por el mundo fue escribir otro libro de valor, Fisiografía y meteorología de los mares del globo, obra recomendada por el Almirantazgo inglés y premiada en la Exposición de Chicago. Como hasta entonces no se había dado a la estampa una obra de tanto mérito, la Sociedad Científica Argentina resolvió editarla, en 1888, en dos voluminosos tomos.
Poco valorado por la posteridad fue, sin embargo, requerido por diversas provincias y entidades, para pronunciarse, por ejemplo, en cuestiones de límites, como lo hizo entre San Luis y Córdoba. El diario La Nación, de Buenos Aires, publicó sus muchos conocimientos para dilucidar la difícil cuestión de límites con Chile y su afición a la astronomía lo llevó a ser dueño de un valioso telescopio.
En 1860 se radicó en Belgrano, que lo tuvo por vecino y por ello integró la Comisión Municipal en 1869 y al año siguiente, el Consejo Consultivo. En 1872 encabezó una comisión encargada de organizar una biblioteca popular y en 1874 otra destinada a contratar la instalación del alumbrado de gas. Interrumpió su actuación vecinal, al elegirlo su provincia senador nacional. Corridos tres años volvió a actuar en el orden local: así, retornó a integrar la Comisión Municipal y después asumió la presidencia del Consejo Escolar. Su afán de realizar publicaciones lo llevó en 1881 a escribir un extenso estudio sobre la conveniencia de declarar a Belgrano capital provincial. Completaba sus días con el estudio de la bóveda celeste, valiéndose para ello del telescopio instalado en la azotea de su vivienda.
Cuando falleció el 14 de marzo de 1900 vivía en Echeverría 2619. Con él se marchó el último de los autores de la Constitución de 1853 y un destacado vecino de Belgrano, por entonces ya barrio porteño.

Información adicional

HISTORIAS DE LA CIUDAD. Una revista de Buenos Aires
Declarada de “Interés de la Ciudad de Buenos Aires” por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Año VIII – N° 44 – diciembre de 2007
I.S.S.N.: 1514-8793
Registro de la Propiedad Intelectual N° 100.991

Categorías: PERSONALIDADES, Políticos, legisladores, autoridades,
Palabras claves: Pedro Ferre, Juan Llerene

Año de referencia del artículo: 2020

Historias de la Ciudad. Año 8 Nro44

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