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Constitución

El barrio de Constitución en sus orígenes

Marta Rosendo

Plano de la Ciudad de Buenos Aires para la lectura del padrón del año de 1778 - Anónimo, 1778. En el ángulo superior izquierdo hay una cartela con el escudo de la Ciudad de Buenos Aires y una leyenda aclaratoria.

Los documentos del Archivo General de la Nación nos muestran que Constitución es uno de los barrios fundacionales de esta ciudad. Refrendamos esta afirmación con el Censo de 1778, planos, relatos de viajeros e intrigas en la vida cotidiana.

 

Pensar el barrio de Constitución es posicionarse en sus lindes. En la actualidad toma la impronta de su límite Sur, la estación del Ferrocarril General Roca, allí comienza o termina. En el otro extremo tenemos el polo fundacional, alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, ubicada en el límite Sur de la ciudad trazada por Garay en 1580. Pensar el barrio es también pensar en quienes lo habitan y habitaron y que le dieron una identidad que lo caracteriza y, al mismo tiempo, lo diferencia de los otros. Para ello es preciso hurgar en sus orígenes, en ese arrabal con quintas unido al centro de la ciudad y determinado por sus vaivenes.

La Ciudad de Buenos Aires sufre una rápida expansión demográfica durante el siglo XVIII.  Tal es así que a principios del mismo contaba con alrededor de 5.000 habitantes, en 1.778 fueron censados casi 25.0000 y en 1810 la poblaban más de 40.000 almas debido, en parte, a la introducción de esclavos traídos por los traficantes ingleses y portugueses y de la inmigración proveniente de otras ciudades de América y del Norte de España, la mayoría hombres. También se radicaron portugueses que conseguían burlar las prohibiciones impuestas por la corona española a ese reino, como correlato de su política de alianzas o enfrentamientos. Con la decadencia paulatina del Alto Perú (junto con una merma en la producción de la plata, cae la demanda de este mineral al volver a ser el oro, que fluye en grandes cantidades desde Brasil, el medio dominante de circulación económica), Buenos Aires se eleva a centro principal del comercio ultramarino del Atlántico Sur. Por su parte, las reformas de los Borbones dinamizaron el mercado abriendo nuevos puertos tanto en España como en América. En ese sentido 1778 es un año clave: Carlos III dicta el “Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España e Indias” autorizando el comercio directo entre trece puertos españoles y veinticinco americanos, incluido Buenos Aires. A esto se suma que, desde 1721, el sistema de flotas y galeones, que consistía en un grupo de barcos de transporte custodiados por galeones para evitar los ataques de piratas y corsarios, principalmente ingleses, se complementó con navíos de registro que terminaron imponiéndose sobre los primeros, por permitir viajes más frecuentes entre la metrópoli y América. Estas medidas consolidan y aceleran el ascenso de nuestra ciudad, designada sede del Virreinato del Río de la Plata desde su creación, en forma provisional el 1° de agosto de 1776 y en forma definitiva el 27 de octubre de 1777.

Pierre de Charlevoix en su Plano de la Villa de Buenos Aires del año 1756, la describe señalando que la mayoría de las casas edificadas eran de una sola planta, de tierra, sin ventanas. Esta edificación ocupaba cuatro manzanas al Norte del Fuerte, seis manzanas al Sur del mismo y seis manzanas de Este a Oeste. Opina que los españoles y los indios libres no trabajaban, los primeros porque se creían gentilhombres y los últimos por la aversión proveniente por los excesos sufridos cuando estaban sometidos al trabajo personal en encomiendas. Estima que casi las tres cuartas partes de la población, unos 16.000 habitantes, eran negros mestizos y mulatos y eran los que realizaban oficios manuales. (1) Este porcentaje difiere sustancialmente de los datos relevados en el censo que el virrey Vertiz ordena realizar en 1778. En este la cifra que surge de la sumatoria de indios, mestizos, mulatos y negros es de poco más del 20%. (2)  En la descripción que en el año 1776, el marino español Francisco Millau y Maraval hace de la Ciudad destaca que el número de negros y mulatos es corto en comparación de las otras ciudades de esa América siendo también pequeño el número de indios y mestizos. (3) Evidentemente Charlevoix debe haber juzgado a los pobladores por su apariencia, sin  tener en cuenta el “blanqueo” de sangre que se llevaba a cabo para mejorar la situación personal, en una sociedad de castas como la de esa Buenos Aires porque, si bien hubo un aumento de la inmigración española resulta imposible que revirtiera ese porcentaje.

En su artículo sobre Buenos Aires Virreinal, Roberto Combetto afirma que entre 1.780 y 1.800, la ciudad experimenta un notable aumento de la superficie edificada. Hacia 1780 la planta urbana estaba constreñida al espacio delimitado por los zanjones de los terceros: al Norte el denominado Matorras y al Sur el de Granados, creciendo sin obstáculos hacia el Oeste. Alrededor de 1.800  el perímetro demarcado por las calles Santa Rosa (actual Córdoba), San Andrés (actual Chile), Santo Cristo (actual 25 de Mayo) y San Pablo (actuales Salta-Libertad) presentaba la edificación más compacta. Fuera de ese perímetro se encuentran pequeños núcleos de población que al desarrollarse dieron lugar a la formación de arrabales, penetrados en su primera etapa de crecimiento, por las quintas. (4) Constitución, por lo tanto, forma parte de  esos arrabales y es a través de documentos, planos y censos que podemos reconstruir la vida cotidiana, los conflictos y las ocupaciones de sus moradores.

 

La parroquia de la Concepción

En el marco de las reformas administrativas impulsadas por los Borbones, por real decreto del año 1769 la ciudad de de la Santísima Trinidad, debido a su crecimiento, se divide en seis parroquias: Catedral, Concepción, San Nicolás, Nuestra Señora del Socorro, Nuestra Señora de Montserrat y Nuestra Señora de la Piedad. Para nuestro objeto de análisis nos interesa la  parroquia de la Concepción, demarcada por las calles México, San José, la ribera del Riachuelo y el Río de la Plata a la que pertenece nuestro barrio casi en su totalidad. El templo funcionaba en la capilla erigida en 1733 en la esquina sudeste de las calles Independencia y Tacuarí, sitio en el que se encuentra en la actualidad, si bien fue completamente decorado y remodelado a principios del siglo XX. Los dos párrocos designados en esa oportunidad, por la extensión de la parroquia atendían también a los pobladores de San Telmo y de Barracas.

Si bien distaba a solo seis cuadras del centro cívico, no tenía una edificación compacta como la de aquel, intercalándose en el área ranchos, casas y quintas. El marino español Francisco Millau y Maraval señala que en la mayoría de las manzanas de la periferia no se unen los edificios, dejando entre sí muchos huecos que, cerrados con tapias o tunas, figuran siempre la calle, dejándose ver por ellas muchas verduras y árboles… Agrega que en el espacio restante sólo se ven edificios o casas en alguna esquina o promedio de cada uno de ellos y son haciendas o casas de recreo que llaman quintas. (5) En ese espacio geográfico comienza entonces a configurarse el barrio.

Si analizamos el censo de 1778 veremos que la Iglesia de la Concepción figura en el  Padrón del Sr. Regidor don Pedro Díaz de Vivar en las calles que miran de Leste a Poniente, cera al Norte y de Norte a Sur, cera del Leste y sus atraviesas, que corresponden a la Formación del Cuadrilongo, con cuatro cuadras de longitud y doce de latitud, hasta encontrar los mojones que dividen la Ciudad de su exido (6) (actuales calles Piedras, Salta, Hipólito Yrigoyen y San Juan) y dentro de ese cuadrilongo se halla también nuestra zona primigenia. Este instrumento tiene la particularidad de darnos a conocer el lugar de residencia, nombre, estado civil, edad, oficio, profesión y grupo de pertenencia -español (no distingue entre peninsular y americano), mulato, negro, mestizo, indio- de los habitantes. Me centraré en los datos que hacen a la fisonomía de la zona.

El relevamiento de la calle San Juan también llamada de Merlo, en un sector, y de la Quinta del Alcalde Provincial Diego Mantilla, en otro, arroja un poco más de 30 casas edificadas. Es pequeño el número habitadas por familias de mulatos o mestizos, que en dicho caso serían libres. La tercera parte de ellas poseen accesorias, o sea, habitaciones bajas independientes del edificio principal. En las mismas viven hombres solos o familias, por lo general españoles, también encontramos un pequeño número de portugueses y de mulatos, el oficio de uno de estos últimos era el de violinista. Podemos inferir, aunque los datos no nos dan información al respecto, que esas construcciones se alquilan al igual que cuartos. Las familias solían tener agregados o sea personas, que sin ser parientes, cohabitan a costas del dueño, algunos están identificados como huérfanos, otros como hijos de la Iglesia  y ocasionalmente como indios. Estos últimos, si bien estaban reducidos a llevar una vida casi miserable, a diferencia de los negros eran libres.  En poco menos de la mitad de las viviendas encontramos esclavos que ayudaban en sus tareas al dueño o servían en el hogar. Como anécdota hay un estanciero que tiene nueve, un número considerablemente alto. Los oficios que se repiten son los de estanciero, sastre, zapatero, herrero, carpintero, panadero. Con respecto a los españoles, que eran la amplia mayoría, en muchos no aparece la profesión. Es significativo que muchos de los portugueses fueran mercaderes. Otro dato destacable para entender el entramado social es que sólo un ínfimo porcentaje tiene hijos estudiantes.

Entre las unidades habitacionales censadas aparecen  dos cuartos, en uno de ellos habitan tres mulatas y una familia de mestizos y en el otro una familia negra. En el primero el jefe de familia es sacristán y en el otro zapatero. Personas estas últimas  pertenecientes a las castas y por lo tanto inferiores a los españoles y sin los privilegios que éstos gozaban. También están censados seis ranchos ocupados por hombres solos o con familias que desarrollan actividades ligadas al medio rural: resero, labrador, peón, carrero, quintero.

Diaz de Vivar separa el resto de la zona a empadronar en doce cuadrilongos. La fisonomía del de la Iglesia de La Concepción no difiere demasiado de lo ya descripto, hay tres casas, un rancho y cuartos habitados por pulperos, zapateros, soldados y en uno lo hace una familia de indios.

A continuación se transcriben los totales generales del relevamiento, que corresponde a casi un 10% del total de la población de la ciudad, siendo el porcentaje de las castas de casi un 40%, es decir mayor que el promedio general. Es necesario aclarar que los extranjeros aparecen agregados en la categoría españoles.

 

Españoles                                          1490

Mulatos                                              348

Negros                                                 392

Mestizos                                               91

Indios                                                   44

Total                                                 2365

 

Otro padrón que nos compete es el del Alcalde de la Santa Hermandad Josef Gomez, que abarca desde el mojón de la Ciudadela en la calle de Cavildo para afuera, hasta el Exido de ella, siguiendo por el Sur y sus contornos hasta el mojón que se encuentra en el varrio del Alto de San Pedro.(7)  Como la zona de quintas está cercana al ejido,  al no estar  bien delimitadas las manzanas el empadronamiento se hace siguiendo el recorrido de las arterias, por ejemplo toma la calle de la Concepción (Independencia) desde la calle Salta hasta las afueras de la ciudad. Tiene la particularidad de agrupar las quintas y las casas, no podemos saber si estaban contiguas o fue una separación a los efectos de volcar los datos. En dicha arteria enumera diez casas y tres quintas, por lo que es dable suponer que la zona estaba más despoblada. En una de las quintas vive un hornero que tiene diez esclavos, en otra un español soltero de 70 años. Aquí también encontramos una casa habitada por una familia de indios y otra por un  mestizo y un mulato.

Con respecto al relevamiento que hace de la Calle detrás de la Concepción (Estados Unidos) hasta el ejido, aparecen empadronados los habitantes de cinco casas y cinco quintas, una de ellas nombrada como Quinta de las Temporalidades por ser una de las propiedades expropiadas a los jesuitas, luego de su expulsión en 1767, y que administraba el Estado bajo la tutela de la Junta de Temporalidades.

En la Calle de Salgado (Carlos Calvo) encontramos que el número de quintas, dieciocho, es mayor que el de casas que son sólo siete. Las quintas están identificadas con el nombre del dueño, por ejemplo hay tres Quintas de Rivadavia pero nadie con ese apellido vive en ellas o con la leyenda Quinta propia cuando pertenecen a la familia que sí las habita. Se encuentran también los Hornos de ladrillos de Bracho donde viven un matrimonio con siete hijos y un esclavo y como agregados un matrimonio de indios y otro indio soltero.

El censo identifica al sector restante, como de las calles inmediatas al Cañón del Alto de San Pedro, vecindario del que podemos decir que se suceden casas y quintas habitadas mayormente por españoles, dedicados a los oficios ya enumerados en el padrón de Díaz de Vivar, con una mayor presencia de marineros y de pulperos ocupando las esquinas.

Otro aspecto a tener en cuenta es que en este sector el porcentaje de españoles es coincidente con el calculado para la ciudad (alrededor del 80%) y con la estimación de Maraval.

A continuación se transcribe el resumen de este sector de la ciudad.

Españoles               1900

Mulatos                    117

Negros                     166

Mestizos                    94

Indios                        89

Total                      2366

Podemos concluir diciendo que nuestro barrio desde sus orígenes estuvo habitado principalmente por españoles, pero también por algunos extranjeros y por negros, mulatos, mestizos e indios que trabajaban ejerciendo distintos oficios y servicios, proveyendo de alimentos y artículos a la ciudad y relacionando ésta a la campaña. En sólo doscientos años se había diezmado a sus pobladores originarios, ya que en toda la ciudad fueron censados 544 indios, en el año 1778. Muchos murieron, otros fueron expulsados a la campaña, a esa enorme extensión con el  horizonte como límite.

 

Vestigios de la vida cotidiana: incidentes con el párroco de la Concepción

En 1778 fue nombrado Párroco de Nuestra Señora de la Concepción el Dr. Don Nicolás Fernández y Escandón quien no tarda en verse envuelto en un Sumario que le hace el Obispado. En el padrón acusa tener 36 años y siete esclavos: Juan de 30 años, Juan de 25, este último casado con Antonia de 16 y padre de dos pequeños hijos. A ellos se agrega María que tiene un niño de 7 años. También mora en el lugar otro sacerdote, Don Juan Antonio Suero, de 38 años, quien posee un esclavo.

El motivo del  Sumario es haber “delinquido gravemente contra la Dignidad y respeto devido a su Prelado, y que uno de los puntos en que ha faltado a su decoro fue remitir la Certificación que se mandó por el edicto para la Secretaría de Cámara de VSS en media cuartilla de papel y por recortar”. (8)  A ello se agrega que no había pegado en la columna del templo el edicto por el cual el Obispado estipulaba que no se celebraran los Oficios de Semana Santa a la misma hora que en la Catedral, rogando y encargando a todos los ordenados de órdenes mayores y menores, que asistieran desde el Domingo de Ramos a los divinos oficios en ese templo. Ello se debía a que pocos sacerdotes habían recibido en la Catedral la comunión del clero el Jueves Santo. También indicaba que en el resto de las iglesias, los Sermones y Procesiones de Semana Santa debían terminar a las Avemaría, o sea al anochecer. El Fiscal Eclesiástico General del Obispado de Buenos Aires, Don Oxal, opina que en esos hechos se reconoce, por parte del religioso, desprecio de las órdenes de su Superior, la más desatenta osadía.

En su descargo Fernández y Escandón aduce que fue cura del Real Pueblo de Indios de Santa Cruz de los Quilmes y partido de la Magdalena y que tenía el mérito de haber recorrido la zona y catequizado indios adultos, a quienes protegió con amor y benevolencia, poniéndoles maestros para que les enseñaran a los hijos, las primeras letras, según las Reales Ordenanzas de Indios. Este antecedente lo habilitaba a presentarse en la convocatoria para cubrir un “Curato Vaco”, lo que hace cuando se efectúa el llamado para cubrir el de la Concepción. Como el trabajo para el Señor iba unido a un resarcimiento económico les recuerda que como cura de indios  no le sufragaron los criados que Su Majestad le asignaba. En varios tramos de su escrito cita el Eclesiastés en latín. Con respecto a la acusación de que la certificación debía hacerse en pliego entero sin cortar, dice que no es relevante porque no llegó a manos de Vuestra Señoría Ilustrísima y lo atribuye a su poca experiencia, a un error humano. En cuanto al Edicto aduce que como en su jurisdicción no había ningún clérigo en esas condiciones, no lo fijó porque faltaba el objeto al que se dirigía.

-Si son dos curas, pregunta Fernández, por qué solo contra mí fulmina el fiscal la acusación y castigo. Se cuida de aclarar que fue quien había recibido y guardado el Edicto. Agregando a continuación:-Últimamente qué delito es el mío quando luego que seme previno por un sirviente, negro, de V.S.I. que debía fixarlo, lo mandé ejecutar.

De todos modos, el Fiscal es durísimo y pide la suspensión del beneficio canónico y la reclusión por seis meses con dispendio de sus rentas, que debía cumplirse en el Convento de Recolección de San Francisco e incluso el día 8 de agosto de 1780 nombran a otro Párroco en su lugar.

A pesar de que notifican varias veces el mencionado no deja el cargo, por lo que el Fiscal Eclesiástico, Don Pedro de la Vega lo amenaza no solo con pedir auxilio militar para que cumpla la orden, sino también con la excomunión. Como las amenazas no surten el efecto previsto, el 13 de octubre de 1780 remiten la causa a la Real Audiencia de la Plata para que determine el recurso de defensa que había presentado el cura. Por último, en un claro ejemplo de aplicación de regalismo elevan lo actuado  para que decida el Excmo. Sr. Don Juan José de Vertiz y Salcedo. En el Archivo General de la Nación el Sumario finaliza con la mencionada medida pero en los libros parroquiales, Fernández siguió firmando actas, por lo menos, hasta el 12 de julio de 1791. Lamentablemente en ese archivo no está el libro posterior, por lo que el final de la gestión es incierto.

Pero como en todas partes se cuecen habas… Fernández y Escandón, para la misma época, principios del año 1780, también tiene que sortear una demanda promovida por los vecinos y moradores del Alto de San Pedro, quienes  afirman que por  quedar distante la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, se perjudican por la falta de asistencia con la medicina espiritual,… quedando expuestas las almas a fallecer sin la  necesaria administración de Sacramentos. (9)

Argumentan que con tiempo lluvioso no se puede salir de las viviendas y que a eso se suma la incomodidad de las calles y zanjas, por lo que tampoco se animan a llamar a los sacerdotes en casos urgentes. Agregan que han observado que por los motivos mencionados, los habitantes no asisten a las obligaciones que deben observarse para con la Santa Madre Iglesia, en particular las mujeres que muchas no tienen la decencia (la vestimenta) correspondiente para transitar tan retirado, ni a quien dejar al cuidado de sus desamparados ranchos.  Cabe aclarar que en esa época en la zona nacían tres arroyos: uno en las inmediaciones de la actual Plaza Constitución, otro en la Plaza de la Concepción y un tercero en la intersección las calles Bernardo de Irigoyen y Alsina, cuyas aguas confluían en el Zanjón de Granados, también conocido como del Hospital y que, recorriendo la actual calle Chile, cortaba la barranca desaguando en el Río de la Plata. Como celosos fieles de la Legión Cristiana que desean el bien de las almas, solicitan que se nombre un cura en la Iglesia del expulso Colegio de Bethelen. Al pie hay treinta firmas, cuyos autores, según lo relevado en el Censo de 1778, eran hombres dedicados a oficios como zapatero, marinero, peón, encontrándose también un abogado.

La respuesta de los curas rectores no se hace esperar y don Nicolás Fernández y don Alonso de los Ríos, dicen que al fundarse la Iglesia de Nuestra Sra. de la Concepción del Alto de San Pedro, al Curato se le adjudican más de 4.000 almas de comunión, colocando por ello dos curas que ejercerían alternativamente el ministerio. Pero como no solo se trataba de la recompensa celestial, la condición era que le quedaran a cada uno 800 pesos libres, de lo contrario no se dividiría la parroquia. Demuestran con los Libros Parroquiales presentados en el Juzgado Eclesiástico, que no llegan a recaudar 500 pesos cada uno y por lo tanto la creación de una nueva iglesia les acarrearía perjuicios económicos, privándolos de los fondos suficientes para mantener la residencia y a los monaguillos. Aseguran que no hay necesidad y desmienten uno por uno los términos de la nota presentada. Afirman que es falso atribuir la creación de otra parroquia basándose en la distancia, pues los que habitan más lejos no lo hacen a más de diez cuadras. Acotan que la intransitabilidad es un pretexto y que la culpa es de los vecinos que no reparan las calles, a pesar de que los jueces reiteradamente se lo ordenan y que las mismas se transitan de día y de noche, a pie o a caballo, en coche o en carros, sin que por ello se produzcan accidentes. Preguntan: -¿Qué digan quién murió sin la confesión?, agregando que acudían con prontitud, hasta ocho y nueve veces, a suministrar los Sacramentos e incluso, lo habían hecho a medianoche durante la peste que había tenido lugar dos años atrás y no solo en el vecindario, sino también en las barracas en las que terminaba la jurisdicción.

A lo largo del texto citan jurisprudencia que avala su petición para no dividir la parroquia, concluyendo el escrito con la siguiente oración: Mas vale (dicen los citados y la experiencia) pocas Iglesias decentes y adornadas donde con mayor decoro se celebren las funciones del Culto Divino, que la multiplicación de Capillas o Iglesias, si no tienen la precisa decencia ni como mantenerse, atenidas sólo a la mendicidad que en lugar de atraer al Pueblo, se hacen por eso infrecuentables.

El Abogado Fiscal del Virreinato pide que pase el expediente al  Sr. Obispo de Buenos Aires, indicando que los vecinos del barrio del Alto que suscribieron la petición no volvieron a agitar. Es evidente que nuevamente el párroco salió airoso porque recién en el año 1806, San Telmo tuvo su parroquia.

A modo de síntesis podemos decir que en nuestra Buenos Aires hay constantes: las intrigas contra los funcionarios, las demandas desoídas, las denuncias grupales que van a parar a un cajón, el mal estado de las calles, el no cumplimento de las normas, pero también la memoria colectiva que nos permite reconstruir el pasado y forjar nuestra identidad.

Notas

  1. de Charlevoix, Pierre, Plano de la Villa de Bs. As., Paris, M.Beelin, 1756. En Difrieri, Horacio – Atlas de Buenos Aires. Mapas y planos. M.C.B.A., Secretaría de Cultura, Bs. As. 1981, Tomo II, pág. 55
  2. Ravignani Emilio, Documentos para la Historia Argentina – Padrón del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1778
  3. Millau y Maraval, Francisco, citado en Cabrer, José María (1776) Lámina XXI. En Difrieri, op. cit. pág. 67
  4. Combetto, Roberto. La Ciudad Virreinal. En Difrieri op. cit. Pág. 168
  5. Millau y Maraval, op. cit. Pág. 64
  6. Ravignani, op. cit.
  7. Ídem
  8. Archivo General De la Nación- Legajo 31-3-7 Justicia
  9. Ídem

 

 

 

 

Información adicional

Bibliografía

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN – JUSTICIA

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN – BANDOS

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN – TRIBUNALES

DIFRIERI, HORACIO – Atlas de Buenos Aires. Mapas y planos. M.C.B.A., Secretaría de Cultura, Bs. As. 1981, Tomo II, pág. 55

HALPERIN DONGHI, TULIO, Revolución y Guerra. Siglo XXI, Bs. As. 1979

NOGUÉS, GERMINAL, Buenos Aires, ciudad secreta, Ruy Diaz-Sudamericana, Bs. As. 1993

Puccia, Enrique Horacio, Constitución – Presente y Pasado del Barrio, Cuadernos del Águila, Fundación Banco de Boston, Bs. As. 1990

RAVIGNAN I, EMILIO, Documentos para la historia argentina, Tomos XI y XII

RAPAPORT, MARIO – SEOANE, MARÍA, Buenos Aires, historia de una ciudad, Tomo I, Planeta, Buenos Aires, 2007

Categorías: , Historia
Palabras claves: Buenos Aires colonial, censo 1778, población, Iglesia de la Concepción, pedido de vecinos, porcentaje españoles, porcentaje castas, curato de La Concepción

Año de referencia del artículo: 1778

11mo Congreso

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