skip to Main Content

La Boca

Fortunato Lacámera – Los mágicos colores del alma

, .

Mucho se ha hablado en las últimas décadas acerca de la obra y la personalidad artística de esta descollante figura del arte argentino y puntal del arte boquense. Sin embargo, siguen siendo asiduamente investigadas y analizadas con singular interés. Hijo de inmigrantes ligurenses, nació un 5 de octubre de 1887 en la avenida Almirante Brown 1451, la transitada y comercial arteria de La Boca, barrio pintoresco por excelencia, tierra de artistas que marcaron rumbo en la plástica argentina, de esforzados trabajadores portuarios, de luchas y conquistas sociales, barriada que fue motor del progreso económico de Buenos Aires durante las décadas finales del siglo XIX y las primeras del siglo XX, y tierra que fuera imperio de Benito Quinquela Martín, su mayor exponente artístico-filantrópico que, según sus propias palabras, fuera el “creador” de la fisonomía de este variopinto arrabal al acuñar la certera frase “La Boca es un invento mío”.
Lacámera, espíritu afable y bohemio, bonachón, de carácter retraído, fue un sereno y sugestivo intérprete. En sus inicios abordó variados motivos locales y suburbanos de estética casi naturalista, y por contacto directo con su maestro Lazzari su pintura se ve además influida por el movimiento de los macchiaioli -el impresionismo a la italiana surgido en Florencia durante los inicios de la segunda mitad del siglo XIX-, con un suelto manejo del dibujo y un cromatismo claro. Más tarde, ya más maduro en su arte su temática se inclina definitivamente por el atractivo espectáculo del Riachuelo y su ribera boquense, muchas de cuyas subjetivas visiones saturadas de emotividad fueron plasmadas -eludiendo todo efectismo- desde la panorámica del célebre balcón de su taller, del primer piso, sobre la Vuelta de Rocha. Su evolución espiritual lo transforma en un pintor intimista, de paleta de gamas bajas -ocres, verdes, rojos, grises- de tonos lisos y sobrios rayando en lo extremo. Respecto a los tonos de su predilección expresó alguna vez: “Afronto las dificultades que su empleo me ofrece para conseguir plenamente la expresión de mis sentimientos”.
Superlativo creador de interiores de rincones de la intimidad casera, de marcado carácter, donde la quietud es la principal protagonista en líricas visiones de atmósfera metafísica y potente claroscuro. Pintaba por lo general a contraluz. Las formas son sometidas a ajustadas simplificaciones -es decir prescindiendo de lo accesorio-, estructurando no pocas de sus obras en base a un dibujo con precisas líneas verticales y horizontales que equilibran toda la composición y aproximan su estética al postcubismo y al purismo.
No se pinta sino lo que se es… La luz interior de su alma se materializa en las telas a través de la belleza y el silencio misterioso que emanan sus colores, a la vez que la apacible simpleza de sus creaciones son la manifestación de su temperamento calmo y de su profundo sentir por las cosas humildes.
“Pinto porque ello es un deleite para el espíritu y aún más, una labor consoladora”.
Vida nada dulce la suya. De familia trabajadora y numerosa -eran 14 hermanos- perdió a su padre cuando tenía tan solo 11 años de edad y se vio en la obligación de salir a trabajar, consiguiendo un trabajo en el Ferrocarril del Sud donde trabajó de telegrafista y algunos otros cargos. Trabajó asimismo durante bastante tiempo en la estación Casa Amarilla que operaba en esos años como playa de carga y descarga de transporte de mercaderías. Renunció en 1912 a su empleo en el ferrocarril, para finalmente ganarse la vida como pintor de brocha gorda en las construcciones navales y en las viejas casas del barrio donde a su vez realizaba decoraciones de interiores.
Había comenzado a asistir -allá por los años 1911/1912- a las clases que impartía el pintor italiano Alfredo Lazzari – uno de los primeros artistas en abordar el tema urbano, el boquense en específico, e inolvidable maestro de Quinquela Martín, Santiago Stagnaro, Luis Ferrini, Vicente Vento, Camilo Mandelli, Arturo Maresca, Juan Giordano, Pedro Roca y Marsal, entre otros- en un pequeño anexo de la Academia Musical Pezzini-Stiattesi, en la Sociedad Unión de La Boca. En 1919 realizó su primer envío al Salón Nacional. Su primera muestra individual “Paisajes de la Isla Maciel” la realizó en septiembre del año 1922 en el recordado Salón Chandler, ubicado en Florida 260 -en esos años, y por varias décadas, la calle donde se encontraban las principales galerías de arte de Buenos Aires-. Aquel mismo salón donde expusiera un año antes el santiagueño Ramón Gómez Cornet sus novedosas pinturas -para nuestro medio- con influencias fauvistas y cubistas. Ese año de 1922 efectuó Lacámera otra muestra en la Galería Zuretti, en Florida al 200, que pertenecía al fotógrafo, escultor y pintor Juan Zuretti.
En 1926 participa de los inicios del Ateneo Popular de La Boca, precursora institución cultural fundada el 7 de diciembre de ese año por un grupo de intelectuales y artistas encabezados por el joven periodista y poeta Antonio J. Bucich.
Ya con más experiencia y madurez de su arte, Lacámera expuso en varias salas de renombre, como en noviembre de 1930 en Amigos del Arte – que desarrollaba su actividad en la calle Florida 659 alquilándole a la Galería Van Riel cuatro salas- institución cultural que apoyaba firmemente las tendencias vanguardistas locales, siendo Juan Del Prete un claro ejemplo. Lacámera exhibió sus obras simultáneamente a la gran muestra itinerante del Novecento Italiano, realizada en la mencionada institución -inaugurada en septiembre y clausurada en diciembre y que fue montada por Emilio Pettoruti a pedido de la organizadora, la escritora y crítica de arte italiana Margherita Sarfatti- donde se expusieron gran cantidad de obras de destacadas figuras del arte contemporáneo de ese país, tales como Carrá, Casoratti; de Chirico; de Pisis, Morandi, Severini, Sironi, etc., que sin duda influenciaron la obra de nuestro artista. Dos años después, en 1932, exhibió sus pinturas en el renombrado salón Signo, otro baluarte de las corrientes de avanzada, dirigido por el pintor y crítico Leonardo Estarico y que funcionaba en el legendario Hotel Castelar, de Avenida de Mayo 1148, Buenos Aires.
Fue en el mencionado taller de Lacámera, sito en el caserón Cichero -hoy día desaparecido- en Pedro de Mendoza 2087, donde se dio vida la tarde de un sábado 20 de marzo de 1940, a la Agrupación de Gente de Arte y Letras Impulso, de fecunda actuación en nuestro ambiente artístico, siendo Lacámera su presidente desde el mismo día de su fundación -inicialmente de manera provisoria y luego oficial- siendo reelegido en el cargo en forma sucesiva hasta su fallecimiento, residiendo este hecho sin lugar a dudas en su personalidad aglutinante. Lacámera, querida y generosa figura del arte boquense fue todo un símbolo desde los inicios de esta agrupación, al lado del cual se fueron ubicando, como si fuese un deber moral, relevantes figuras de las artes plásticas y las letras, tanto boquenses como de otras instituciones de la ciudad, unidos por un claro ideal de belleza y confraternidad. En esta mítica sala de La Boca realizó también una muestra personal en agosto del año 1943.
Al margen de su actividad de pintor, pasión a la que se dedicó infatigablemente impulsado por la necesidad imperiosa de su espíritu, se hacía tiempo para la enseñanza del dibujo– totalmente ad honorem- en la institución de marras. En 1949 expuso con Quinquela y Victorica en la muestra número 100 de Impulso siendo, en la concurrida cena celebratoria, distinguido -junto a Victorica- como Caballero de la Orden del Tornillo, popular y apetecida distinción creada por su viejo amigo Benito Quinquela Martín.
Con la desaparición física de este hijo dilecto de La Boca, ocurrida el lunes 26 de febrero de 1951, a los 63 años de edad, se fue también un pedazo del barrio que tanto amó y que jamás abandonó.
Fue velado, con gran afluencia de colegas, amigos y vecinos, en la sala de exposiciones de su querida Agrupación Impulso que, en su homenaje -a moción de su colega y amigo Juan Carlos Miraglia- cerró sus puertas durante un mes, y en septiembre se efectuó en ese solar una muestra póstuma de sus obras.
Desde que Lacámera partió a pintar rincones de su nuevo hogar en el paraíso, su taller de Pedro de Mendoza, con sus obras y objetos personales, se mantuvo intacto por muchos años y ahí se realizaron periódicamente visitas guiadas organizadas por Impulso, de las cuales se encargaba su directivo, el escritor e historiador José Pugliese.
Ilustre ciudadano de la República de La Boca y dignísimo representante del arte boquense y argentino de todos los tiempos, don Fortunato Lacámera será por siempre recordado y admirado, ya que su hombría de bien y su extraordinaria pintura de valores perdurables son el infalible antídoto contra el olvido… y garantía absoluta de posteridad.
• Las imágenes que ilustran la nota pertenecen a: Museo de Bellas Artes de La Boca “Benito Quinquela Martín” (MBQM);  Francisco Traba Galería de Arte, Colección MOSE y Archivo Agrupación de Gente de Arte y Letras Impulso.

Información adicional

La fotografía grupal de Lacámera con colegas, pertenece al archivo de la Agrupación de Gente de Arte y Letras Impulso, de La Boca.
PERSONALIDADES, Artistas plásticos y escultores, Arte, / Lacámera, La Boca, Arte, Pintura, Artista, Impulso
2021 /

#patrimonio #buenosaireshistoria #buenosaires #fotografia #historia #barrios #fotosantiguas
@buenosaireshistoria @JuntaCentralBuenosAires @rumbosurong @rumbosurorg

Biblioteca casera - 1938 - Óleo - 95 x 70 cm. - Museo de Bellas Artes de La Boca "Benito Quinquela Martín" - MBQM

Marina - ca. 1948 - Óleo - Colección Francisco Traba Galería de Arte

Rincón solitario - s/f - Óleo - 34 x 44 cm. - Colección MOSE

Fortunato Lacámera en su taller junto a su amigo Benito Quinquela Martín - Foto Cerrotti

Lacámera en el primer acto de Impulso - Inaug. expo colectiva de socios -10-08-1940

La columna de Walter Caporicci Miraglia

 

Back To Top