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Caballito

La quinta de Riveiro Fontes y la Plaza Irlanda

Arnaldo I. A. Miranda

Este colegio se edificó en parte de las tierras de Riveiro, fracción que no integró la Plaza Irlanda. Años después, fue el Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones. (Foto H. G. Olds)., C. 1888.

Una quinta sobre la avenida Gaona, perteneciente al portugués Riveiro Fontes, adquirida por los hermanos Duggan, pasó luego
a la Asociación Católica Irlandesa, para convertirse más tarde en la hermosa Plaza Irlanda.

Antecedentes
Antes de comenzar de lleno con nuestro relato, y para su mejor comprensión, será necesario relacionar algunas circunstancias íntimamente ligadas a los primeros repartos de tierras al oeste de la actual ciudad de Buenos Aires.
Nuestro trabajo versará sobre una quinta desmembrada de una de las trece chácaras dadas en merced dentro del denominado Pago de La Matanza, frente al Riachuelo de los Navíos y cuyos fondos se internaban una legua métrica hasta toparse con las cabezadas de las suertes repartidas por el mismo Garay sobre el Río de la Plata, al fundar La Trinidad.
Hacia 1609, durante el gobierno de Hernandarias, toda la zona comprendida entre el ejido –hoy avenida La Plata– y la llamada Isla del Pozo, –hoy Parque Avellaneda–, fue redistribuida en razón de haber quedado abandonada o despoblada por los primeros propietarios.
La que ocupa nuestro interés fue otorgada a Bernardo de León en la extensión de mil varas de frente, –es decir ochocientos sesenta y seis metros–1. En 1614, toda la extensión pasó a manos del capitán Mateo Leal de Ayala, quien el 10 de enero de 1609 había sido agraciado con quinientas varas de frente en la zona, por el mismo Hernandarias. Por sucesivas compras Leal de Ayala llegó a acumular dos mil setecientas varas.2
Para darnos una idea respecto de referencias actuales, podríamos ubicar este latifundio entre las actuales calles Mariano Acosta –Segurola y Curapaligüe– Tte. Gral. Donato Álvarez, con fondo en la avenida Álvarez Jonte.

Juan Cabral y la Orden de Loyola
Desaparecidos don Mateo y su esposa, Magdalena del Águila la chacra fue dividida, siendo hacia 1660 propiedad de sus nietos.3 El centro de la finca fue vendida un siglo más tarde, en 1776, a Juan Diego Flores, pasando la parte lindante al Camino Real a formar, el 31 de mayo de 1806, la planta urbana del curato de San José de Flores.
La porción situada al este fue heredada por Juan Cabral de Ayala, quedando al parecer abandonada y sin propietario conocido a la muerte de este último.
Cerca del año 1740, los Padres de la Compañía de Jesús habían entrado en posesión de la llamada Chacarita de Belén, lindera este de las tierras cuya evolución nos ocupa, dedicándose a la fabricación de ladrillos y tareas de labranza.4
En mérito de ampliar sus actividades ocuparon ipso facto los terrenos contiguos desmalezando los espesos pastizales y montes. Acaecida el 2 de julio de 1767 la expulsión de la Orden de Loyola, todas sus propiedades pasaron a ser administradas por las Juntas Provinciales de Temporalidades. Éstas las subdividieron en quintas oscilantes entre dos y diez hectáreas, arrendándolas a quinteros y labradores por un canon anual.5

La herencia de Doña Agustina
Hacia principios del siglo XIX, Agustín Pesoa, ocupante de parte de estos terrenos, decidió reivindicarlos como pertenecientes a la sucesión de su finado padre político, Juan Bautista Echevarría. Lo cierto es que Pesoa nunca pudo exhibir títulos legítimos que acreditasen sus pretensiones pero, mediante artilugios legales y luego de promover distintos pleitos, quedó como propietario de quinientas varas de frente por legua de fondo, anexando doscientas varas contiguas por una diferencia de arrumbamiento.6
En 1807, las autoridades judiciales mandaron hacer una exhaustiva mensura y deslinde, con el objeto de poner a la familia Pesoa en posesión de sus tierras sin ocasionar perjuicio alguno a sus linderos. La diligencia fue encargada al agrimensor Francisco Mesura.
Fallecido Pesoa, su viuda, doña Agustina Echevarría quedó en posesión de la heredad. Luego de donar una parte situada al norte a favor del doctor Alejo Castex, comenzó su fraccionamiento hacia 1816.7 El doctor Castex fue un hábil abogado que, gratuitamente, había asumido la defensa de los asuntos de la señora Echevarría. Con su patrocinio se habían reivindicado los terrenos de marras.8
Al deceso de doña Agustina los sobrantes fueron adjudicados a sus nietos, José Ponciano y Bartolomé Montalvo, quienes continuaron con la subdivisión del predio. Entre los adquirentes más importantes de quintas en aquel loteo figuraron Manuel Domato, Estanislada Castro, Manuel Márquez, Luis Naón y Manuel Silva.

Una quinta sobre la calle de Gauna
Bartolomé Montalvo decidió enajenar la fracción que había heredado a Manuel Silva, también residente en el partido, el 21 de mayo de 1830. El precio pactado fue de cuatro mil quinientos pesos moneda corriente que el comprador abonó en dos cuotas. La primera de tres mil pesos en la fecha indicada, por la cual Montalvo le otorgó recibo por documento privado siendo testigos Manuel Gordon y Carlos Villanueva. El saldo de precio fue integrado el 28 de diciembre de 1830.9
La escritura traslativa de dominio fue otorgada el 19 de enero de 1831 ante el escribano Manuel Pérez de Tejada. Se trataba de un “…..terreno en San Joseph de Flores, sobre calle de Gauna formando esquina a otras dos sin nombre, con extensión de cuatro cuadras más cuarenta centésimos de otra ó lo más que resulte dentro de sus muros….”.10
El predio tenía la forma de un cuadrilátero irregular y, en aquel momento, eran sus linderos: al oeste Estanislada Castro, al sur Luis Naón, al norte calle mediante José Ponciano Montalvo y otros, y al este terreno del estado.11
Manuel Silva consagró sus esfuerzos a mejorar el estado de la finca construyendo una vivienda que ocupó con su esposa María de la Cruz Álvarez y sus ocho hijos. Con el tiempo levantó un cerco perimetral de pita con zanja, realizando diversas tareas de labranza.
Al principiar la década del cuarenta don Manuel enfermó, dejando de existir poco tiempo más tarde. Su viuda debió afrontar múltiples vicisitudes para llevar adelante la crianza de sus siete vástagos, dado que uno de ellos, Silvano, había fallecido en edad pupilar y que en aquel momento existían dos menores.
En 1845 la salud de María de la Cruz Álvarez comenzó a declinar, sintiendo los síntomas del mal que la llevaría a su postrer destino. En dicho trance, que se prolongó por más de cinco años, doña María fue ayudada por sus hijos Sebastián y Ramón y, especialmente, en lo económico por su hijo político, el portugués Joaquín Riveiro de Fontes.12
Con fecha 19 de febrero de 1849, al agravarse su estado, la enferma decidió dictar disposición testamentaria ante el notario Miguel Mogrovejo, expirando tres días después. En dicho documento consignó que sus hijos no habían querido recibir su parte de herencia paterna. En la cláusula sexta declaró que sus únicos bienes eran dos quintas en San José de Flores y una construcción en una de ellas; por la séptima nombró albaceas a sus hijos Jacinta y Sebastián y a su yerno el nominado Riveiro. Mientras tanto por la octava designó únicos y universales herederos a sus siete hijos Sebastián, Jacinta, Águeda, Custodio, Ramón, Julián y María Silva y Álvarez.13
La finada había acumulado un pasivo mayor de diez mil pesos a favor de su yerno Riveiro. Durante años éste había atendido el arreglo y conservación de la propiedad, los gastos médicos y hasta los derivados del funeral y exequias. Entre ellos cuarenta pesos por derecho de sepultura en la parroquia de Valvanera de la Encarnación y doscientos pesos por el féretro encargado a Rufino Aráoz.14
El edificio de la quinta fue tasado por el maestro mayor de obras, Damián Herrera, en quince mil ochocientos cuarenta y ocho pesos moneda corriente, mientras que el terreno con cultivo alcanzó un valor de veintiún mil novecientos veintitrés pesos con cuatro reales, para los baqueanos Pedro Campos, Luis Ramos y Manuel Márquez, vecinos de la zona.15
Concluida la cuenta de partición por el contador Juan José Martínez Fontes, el 31 de diciembre de 1849 el inmueble fue adjudicado a Jacinta Silva y a su esposo Joaquín Riveiro, por su hijuela y los gastos efectuados ya citados.16
La testamentaria de María de la Cruz Álvarez de Silva fue liquidada por el juzgado a cargo del doctor Romualdo Gaete y secretaría del escribano Adolfo Conde.
El matrimonio Riveiro-Silva no tuvo descendencia, pues sólo habían procreado un hijo fallecido a corta edad. Aunque fijaron su residencia en la ciudad, calle Rivadavia esquina Junín, nunca descuidaron la quinta de San José de Flores que utilizaban en la temporada estival.
Hacia 1870, Joaquín Riveiro de Fontes había amasado una considerable fortuna compuesta principalmente por inmuebles de cierto valor y las tierras objeto de este trabajo. Había enviudado de su matrimonio y estaba dedicado a vivir de sus rentas, gozando de una respetable posición en la sociedad.17
La gran epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires en 1871 diezmando su población, acabó con la existencia de este hombre el 29 de marzo, cuando contaba sesenta y siete años. Al día siguiente el cura rector de la parroquia de Montserrat, Presbítero Ezequiel Córdoba, daba licencia para inhumar su cadáver en el cementerio público.18
El causante había testado por acto público el 28 de marzo de 1871, –día anterior a su deceso–, ante el amanuense Máximo Luzuriaga. En el cuerpo de dicha disposición declaró ser hijo de los finados cónyuges Juan Riveiro y Antonia Fontes, naturales de Portugal y, en razón de no sobrevivirle ascendientes ni descendientes directos, instituyó diversos legados sobre sus bienes. Una casa sita en Rivadavia y Rincón a sus hermanas políticas María y Águeda Silva, otra propiedad contigua a sus sobrinos, la casa donde residía a su ahijado Fausto Carmona solicitando expresamente que su quinta, cuya historia nos ocupa, fuese vendida en almoneda pública y con su producto se procediese a la construcción de una bóveda en la necrópolis pública donde debían guardarse sus restos.19
En aquel momento, la óptima casaquinta estaba situada a cuatro cuadras de la estación Caballito del Ferrocarril del Oeste y lindaba al norte, calle de Gauna (hoy Gaona) en medio con Manuel Márquez, al oeste calle sin nombre (luego Bella Vista, hoy Tte. Gral. Donato Álvarez), en medio con Saturnino Unzué, al sur con Pedro Naón (hoy calle Neuquen) y al este con Manuel Martínez.
La construcción existente constaba de tres piezas con paredes de ladrillos asentados en barro, techumbre de paja, puertas de tabla con herrajes, pileta y pozo de balde. Dos paraísos, un sauce, una araucaria brasilera, dos cipreses y un espinillo rodeaban la vivienda. Existían también diez higueras, doscientos diez durazneros, ciento sesenta y dos perales, ochenta damascos y treinta y dos parras.20
Con fecha 6 de diciembre de 1871, el juez interviniente doctor Jorge Echevarría, aprobó la tasación de Agustín Rodríguez que arrojó un total de ciento treinta y siete mil, trescientos setenta y nueve pesos moneda nacional, ordenando la pública subasta.21
Designado el martillero Manuel P. Medrano se publicaron avisos en prestigiosos matutinos como La Prensa, El Nacional y La Tribuna del:
Luego de varios intentos, el 14 de abril de 1872 resultó adquirente Fernando Brunkhorst en la suma de doscientos setenta mil pesos moneda corriente. La escrituración tuvo lugar ante el escribano José A. Lorenzo con oficinas en calle Perú 73 el 22 de junio del mismo año.23
No obstante, casi un año después, se conocería los nombres y apellidos de los verdaderos compradores, dado que el 13 de junio de 1873 ante el notario Carlos Miguel Pérez, Brunkhorst otorgó declaratoria a favor de los hermanos Miguel, Daniel y Tomás Duggan, domiciliados en Cangallo 667.24
En las sucesivas escrituras otorgadas desde principios del siglo XX respecto de estas tierras, se hizo referencia a una pequeña fracción anexa en el costado este, perteneciente a la oficina de Temporalidades, al Gobierno de la Provincia y más tarde a la Municipalidad, en virtud de la Ley de Ejidos Territoriales del 3 de noviembre de 1870. La acción posesoria sobre este terreno para el arrendamiento, compra o reconocimiento de la citada extensión, se fue transmitiendo conjuntamente con el dominio.
En su momento, se presentó ante el Ayuntamiento de San José de Flores José Russi, ocupante de la misma, pretendiendo probar la preferencia a la compra, promoviendo distintos incidentes pero sin poder exhibir título alguno que acreditase sus pretendidos derechos.25
Finalmente, el 6 de agosto de 1877, la Municipalidad de San José de Flores otorgó reconocimiento de propiedad a favor de los hermanos Duggan, escriturándoles los setecientos cuarenta y siete milésimos de cuadra lindantes con el resto de sus dominios.26

Colofón
Los hermanos Duggan, oriundos de Lonfford, Irlanda, pertenecían a una familia de importantes comerciantes y hacendados con intereses en varios puntos de nuestro país.
Fallecido Miguel Duggan el 10 de junio de 1888, instituyó herederos universales a sus hermanos, legando además veinte mil pesos moneda nacional a la Asociación Católica Irlandesa.27
Dicha institución resultó adquirente de la quinta el 29 de marzo de 1897 a Tomás Duggan, único sobreviviente de los tres hermanos.28
Luego de distintas alternativas, parte del terreno fue arrendado al principiar el siglo XX a Adolfo Matías Miranda, antiguo vecino del lugar, quien instaló allí un horno de ladrillos que funcionó hasta 1914.29
Convertido en potrero, una década más tarde la Asociación Católica Irlandesa suscribió un convenio con la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, por el cual ésta adquirió parte del inmueble cancelando una antigua deuda por pavimentación que mantenía aquella. El traspaso se concretó el 5 de noviembre de 1925, destinándose el predio a parque público. Se trata del actualmente delimitado por las arterias viales Gaona, Teniente General Donato Álvarez, Neuquén y Almirante. Francisco Seguí, denominado Plaza Irlanda.30

Referencias
1. CUNIETTI FERRANDO, Arnaldo José, San José de Flores, el pueblo y el partido (1580-1880). Junta de Estudios Históricos de San José de Flores (en adelante JEHSJF), Buenos Aires, 1977, pág. 49.
2. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo y PRIGNANO, Ángel Oscar, La chacra de Quirno en los barrios de Flores y Floresta. JEHSJF, Buenos Aires, 1998, pág. 20.
3. MIRANDA, Arnaldo y PRIGNANO, Ángel, La chacra de Quirno…, op. cit., pág. 22.
4. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo, Villa del Parque, protohistoria de un barrio de Buenos Aires. Junta Promotora de Estudios Históricos de los Barrios del Oeste (en adelante JPEHBO), Buenos Aires, 1999, pág. 26.
5. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo, Villa del Parque… op. cit., pág. 28.
6. Consejo Agrario nacional, Mensura General del partido de San José de Flores, año 1875, agrimensor Felipe José de Arana.
7. CUNIETTI FERRANDO, Arnaldo, San José de Flores…., op. cit., pág. 50.
8. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo, La quinta de la familia Miranda en el pueblo de San José de Flores. JPEHBO, Buenos Aires, 2001, pág. 5.
9. Archivo General de la Nación Argentina (en adelante AGN), Sucesiones, legajo 7911, autos Russi, José c/testamentaria de Joaquín riveiro de Fontes s/mejor derecho a una fracción, fs. 7.
10. AGN, Registro 3 de 1831, fs. 16, escribano Manuel Pérez de Tejada.
11. Ibídem.
12. AGN, Sucesiones, legajo 3506, autos Álvarez, María de la Cruz s/testamentaria, fs. 16.-
13. AGN, Registro 8 de 1849, fs. 21, escribano Miguel Mogrovejo.
14. AGN, Sucesiones, legajo 3506, autos cit., fs. 28 y ss.
15. AGN, Sucesiones, legajo 3506, autos cit., fs. 18 y 21.
16. AGN, Sucesiones, legajo 3506, autos cit., fs. 49 y 50.
17. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo, La Plaza Irlanda, breves antecedentes acerca de sus orígenes, 1991 (inédito).
18. Archivo Parroquial de Nuestra Señora de Balvanera, Libro de muertos de 1871, folio 239.
19. AGN, Registro 25 de 1871, fs. 67 vta., escribano Máximo Luzuriaga.
20. AGN, Sucesiones, legajo 7911, autos Riveiro de Fontes, Joaquín s/testamentaria, fs. 48.
21. AGN, Sucesiones, legajo 7911, autos cit., fs. 50 y ss.
22. Diario La Tribuna, 13 de abril de 1872, años XVIII, N° 6440, pág. 10.
23. AGN: Registro 25 de 1872, fs. 180 vta., escribano José A. Lorenzo.
24. AGN: Registro 25 de 1873, fs. 137, escribano Carlos miguel Pérez.
25. AGN: Sucesiones, legajo 7911, autos Russi…, cit., fs. 19 y ss.
26. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo, “La ley de ejidos territoriales en el Pueblo de San José de Flores (1870-1887)”, en San José de Flores, estudios históricos. JEHSJF, Buenos Aires, 1998, pág. 86. Cfr. AGN, Registro 51 de 1877, fs. 111, escribano Antonino Plot.
27. Archivo General de los Tribunales de la Capital (en adelante AGT), Sucesiones, legajo 4606, autos Duggan, Miguel s/testamentaria, fs. 1 y ss.
28. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo. La Plaza Irlanda…, op. cit.
29. MIRANDA, Arnaldo Ignacio Adolfo: La quinta de la familia Miranda…, op. cit., pág. 17.
30. CENTRO de Documentación Municipal (en adelante CEDOM).

 

Información adicional

HISTORIAS DE LA CIUDAD. Una revista de Buenos Aires
Declarada de “Interés de la Ciudad de Buenos Aires” por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Año VIII – N° 42 – agosto de 2007
I.S.S.N.: 1514-8793
Registro de la Propiedad Intelectual N° 100.991

Categorías: Edificios destacados, Palacios, Quintas, Casas, Plazas, Parques y espacios verdes,
Palabras claves: Irlanda, Plaza Irlanda, Policlínico, Riveiro Fontes

Año de referencia del artículo: 1890

Historias de la Ciudad. Año 8 Nro42

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