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Balvanera

Los Rebollo y los Paz en Balvanera

Mario de Almeida

Facsímil de la carta enviada por Tomás Rebollo a Rufina Orma y Melo desde la cárcel, 2020.

            La Historia de dos familias que en mayor o menor medida supieron dejar su recuerdo para muchos argentinos,  tuvo su escenario en el Barrio de Balvanera.


Josefa Ramírez

Josefa Ramírez, hija de Antonio Villabuena de Alava vasco,  y Cecilia Fretes  Ramírez,  contrae matrimonio  el 26 de junio de 1780, en  la Iglesia Nuestra Señora de la Piedad,  con Antonio González Varela a quien apodaban “Miserere”.

Antonio González Uría, tío de Antonio González Varela, español, nativo de la Villa de  Ponferrada, la capital de la comarca de Bierzo, de la provincia de León, era propietario de un predio que había  comprado en 1756 a las autoridades eclesiásticas, en lo que eran las afueras de la ciudad de Buenos Aires sobre  la calle de las Torres, a unas 20 cuadras del Cabildo (en lo que hoy es Rivadavia, Azcuénaga, Bartolomé Mitre y Paso). Por esta última calle corría un arroyo  que seguía su rumbo de sur a norte para desaguar en el Rio de la Plata.

González Uría edificó allí su vivienda e instaló una pulpería, que puso  a cargo de su sobrino Antonio González Varela, hijo de su hermano  Nicolás González y de su cuñada Josefa Varela,  radicados en España, quien a la muerte de su tío, ocurrida en el año 1786, después de desinteresar a otros herederos, adquiere la totalidad de los bienes de un valor  nada despreciable.

Sin pérdida de tiempo, González Varela se pone manos a la obra y mejora las instalaciones ya existentes en el lugar, amplía el edificio en que habitaba González Uria, le agrega un piso  alto,  mejora la pulpería,  el horno de ladrillos y edifica varias habitaciones con los respectivos baños, para arrendarlas a los  troperos y paisanos que llegaban con las carretas cargadas de cueros, cereales, lanas  y  otros productos del campo,  a los “Corrales de Miserere”, como se lo denominaba en aquella  época, al corral que unos años antes había instalado  el Gobierno de la ciudad.

Era un suburbio con  quintas y algunos ranchos, que al igual que el Mercado,  se comienza a denominarlo “Barrio de Miserere”. A  fines del siglo XVIII se construye una capilla dedicada a Nuestra Señora de Balvanera, en el predio que  el matrimonio “González Varela-Ramírez”, dona a fray Damián Pérez,   que es donde hoy se levanta  la Iglesia de Ntra. Señora de Balvanera y con el tiempo dará el nombre al Barrio.

Manuel Carlos Melo, en un trabajo publicado en “Cuadernos de Buenos Aires”, expresa  que: “no terminará el siglo XVIII sin que se erija en aquel arrabal el hospicio para albergue de los misioneros franciscanos en tránsito por esta ciudad, complementado poco más tarde por una capilla  y, en el año 1812, con una escuela de primeras letras,  a los que la gente llamará comúnmente Hospicio de Miserere y aún Hospicio de los Miserere”. [1]

Son numerosísimos los antecedentes y la documentación que acreditan que a  Antonio González Varela se le apodaba “Miserere”, quien sin  duda alguna debe haber sido un vecino muy destacado, para que  no solo el Barrio tomara el nombre de su apodo, sino también el Mercado, el Hospicio de los misioneros franciscanos, la Capilla y la Escuela. Es que la pulpería también debió haber sido  el centro de reunión de toda la paisanada.

Es así como se conoció al Barrio  durante las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo XIX,  hasta que por un decreto de Martín Rodríguez y su ministro   Rivadavia, se creó un  Mercado que se lo denominó  “Mercado del Oeste”, con lo cual el nombre de Barrio Miserere  va cayendo en el olvido y cuando el 1  de abril de 1831 el obispo Mariano Medrano Cabrera procedió a erigir la Parroquia de Nuestra Señora de Balvanera,  la barriada tomará su designación definitiva “Barrio de Balvanera”.

Años más tarde, por un decreto del 4 de octubre de 1853, el  gobernador de Buenos  Aires,  Pastor Obligado, le  cambia nuevamente el nombre al Mercado y  lo denomina “Once de Septiembre”,  recordando la batalla en que Buenos Aires se separa de la Confederación. Digo recordando y no en homenaje, porque ese es un hecho que más vale olvidar. Mejor hubiese sido poner la fecha en que los porteños juraron  la Constitución  Nacional y así quedó definitivamente constituida nuestra patria.

Al cumplirse 100 años de la jura de la Constitución, que merece que lo recordemos todos los argentinos,  por iniciativa de León Rebollo Paz, bisnieto de Tomás Rebollo,  se colocó un monolito en la Plaza de Mayo, para recordar un hecho de tanta trascendencia   para la Patria. Ahora, después de “la puesta en valor” de la histórica plaza,  se retiró  el monolito y  quién sabe qué destino habrá tenido.

Se mantuvo aquél Mercado hasta el año 1882, en que por iniciativa del intendente Torcuato de Alvear se  erigió la Plaza Miserere, más conocida actualmente como “Plaza Once”; aunque su nombre oficial es “Plaza Miserere”, como aparece en el nomenclador de 1947.

Antonio González Varela  muere el 14 de abril de 1801,  dejando a la viuda a cargo de todos los negocios. La vida de esta señora  transcurre sin mayores contratiempos hasta que un hecho lamentable la lleva a  prisión  el 28 de setiembre de 1810. Por denuncia de unos esclavos el Gobierno Patrio toma conocimiento que el capataz y encargado de la Pulpería,  Felipe  Castro,  estaba conspirando contra la Revolución de Mayo.

Beruti, con una treintena de soldados, allana la vivienda y por más que Josefa Ramírez niega toda responsabilidad le encuentran armas  escondidas debajo de un colchón, por lo que se la pone en prisión.

Poco tiempo después de ser liberada,  contrae matrimonio en segundas nupcias, el 27 de abril de 1811, con Tomás Rebollo, el que dura solo cuatro años, pues ella muere    también sin dejar descendencia.

Tomás Rebollo

            Tomás Rebollo nacido en Montevideo en 1790,  hijo de León Rebollo natural de Palencia, un municipio autónomo de Castilla y León y de Mercedes Pérez, fue uno de los vecinos más caracterizados del Barrio de Balvanera. De su segundo matrimonio con  Rufina Orma y Melo tuvo  cuatro hijos,  Mariano, sacerdote; Tomas Rebollo (h) casado  con Carmen  Pombo;  León casado con Margarita Paz e Ireneo  casado con Rosa Paz, ambas hijas del Gral. José María Paz.

Tomás Rebollo fue también un comerciante exitoso y un militar fiel a la causa de la Revolución de Mayo, alcanzó el grado de Capitán  del Regimiento de Caballería Cívica.

Como reacción por  la confiscación  de bienes de la iglesia Católica, llevada a cabo  durante el Gobierno de Martín Rodríguez  a instancias de Rivadavia, el  19 de marzo de 1823 cuando estalla una  Revolución, llamada  de los Apostólicos, encabezada por Gregorio Tagle, o de  “Motín de Tagle”, Rebollo que no era ajeno al complot, ante su fracaso, es  tomado prisionero y confinado a la frontera donde sufrió grandes penurias.

Amigo de Manuel Dorrego,  en esa época  líder y principal figura del Partido Federal, lo apoyó  y colaboró en  su gestión. Era un hombre de inquebrantables principios y cuando tenía que hacer una crítica la hacía sin temor a represalias. Se negaba  a usar la “Divisa Punzó”  que Juan Manuel de Rosas había impuesto por un decreto del 3 de febrero de 1832.

El escribano Rezzónico me proporcionó  una nota en la que nos   ilustra sobre un momento de la vida  de  Tomás Rebollo, que sin duda debió haber sido un hecho doloroso para él y para su familia. Fue cuando lo  encarcelaron  por motivos políticos, en  esa etapa de nuestra historia,  en que el destino de los prisioneros era incierto.   La nota dice: “A principios de febrero de 1840, el Juez de Paz  de Balvanera don Eustaquio Giménez, recibió orden superior mandándole  pasar lista de los unitarios que vivan en la  Parroquia y debían contribuir con personeros para el ejército. Contra su voluntad, Giménez cumplió el mandato y remitió una corta lista .Pronto recibió la visita del vicepresidente de serenos Nicolás Mariño “Su Excelencia  -dícele este último- no está nada satisfecho con la gestión del señor juez, Su Excelencia sabe que en Balvanera hay individuos a quienes ya es bastante tolerarles que vivan y lucren en la Parroquia ¿Por qué no han sido incluidos en la nómina para personeros Tomás Rebollo y el doctor Pedro José Crespo?  ¿Ignora el Juez de paz que en más de una oportunidad esos señores han dado el escándalo de andar sin cintillo por la parroquia, cuando no en desatarse en insolencia contra el gobierno y sus actos? ¡Qué vea el señor juez lo que les ha ocurrido a sus colegas de San Miguel y Catedral Sud, que por remisos han sido reemplazados y ahora se los considera salvajes unitarios! Giménez contesta serenamente que nos los considera enemigos del gobierno. Su explicación no satisface y Rebollo es obligado a dar abastecimiento de su almacén a la partida de indios amigos que el capitán Alberto Peralta tenía a cargo en los Hornos de La Merced![2]

El hecho es  que termina preso en la Cárcel  de Santos Lugares y desde allí le escribe una carta a su esposa  Rufina Orma y Melo Según la “jerga tumbera”, le envía una  “paloma” de 12 centímetros de alto, por 13 centímetros de ancho; la que  doblada de tal modo, tenía  solo tenía 7 centímetros por 3 centímetros y medio,  que era lo que sería el sobre en el que consignó  “Rufina O. de Rebollo” y cuyo texto dice: “Febrero 2. Mi Rufinita. Ayer te había escrito porque estaba con mucho cuidado de que había pasado el domingo  y no había tenido noticias de ti,  porque yo  supe   ayer por los hijastros que estas sin novedad.  No mandes nada en la bolsa porque es un trabajo los envoltorios, manda el cajón viendo a D. Victorio que… no había  novedad; pues a…………cuando quiere y a todo trapo, es verdad que anda careciente de moneda. Todo el pan que nos introdujeron fue ahora dos veces por tres veces pagando doble precio, pero desde esta fecha no hemos podido conseguir ni un solo pan. Doña Josefina te podrá decir de los pasos que dar para que el jefe de Policía dé la orden para que el Alcalde reciba ropa, y por eso verás lo bien que te …. Rolón cuando te dijo que el Jefe  nada tenía que ver con el Alcalde, sino el Gobernador directamente. En fin todo no prueba más que buenas palabras y no pasa una línea de aquí. Me parece que tenemos carbón para dos o tres semanas, pues lo hemos de ganar con nuestra economía. Aún no he podido resolverme a escribir a León porque me despedaza el corazón la sola idea de ponerlo bajo la autoridad ajena. No me encuentro capaz por ahora y es un negocio muy delicado y demasiado sensible para mi corazón. Al fin he de escribir pero quisiera ganar tiempo a ver si se concita alguna esperanza de mi libertad y entonces hacer todo mejor. Mándame un poco de té y jabón para la barba. Muchos recuerdos a mi querida  comadre, y a mi compadre recuerdos  de lo íntimo de mi corazón a mis pobrecitos hijos León, Marianito, Tomás, Telésforo, Angélica y mi Ireneo. A madre y a la pobre ….. a Dios. Adiós. [3]

 

Luego de un cautiverio, no muy prolongado, Rosas lo indulta, y lo pone  con libertad vigilada, prohibiéndole  alejarse a más de 10 cuadras de la Plaza de la Victoria;  pero como lo hiciera el Gral. Paz poco tiempo antes, su amigo, albacea y con el tiempo su consuegro, se escapa a Montevideo y es allí donde  probablemente  haya nacido esa sólida amistad que los mantendrá unidos por el resto de la vida.

Lo mismo habrá ocurrido con las esposas de ambos,  Margarita Weild y Rufina Orma, dos mujeres que compartieron las angustias y el  riesgo de vivir en una ciudad sitiada, con hijos de corta edad,  expuestas a una sorpresiva invasión del enemigo; cultivaron  una  amistad, que si buen fue breve, Margarita pocos años después fallecía, se prolongaría en sus hijos  y descendientes hasta la actualidad.

En una carta que Paz le envía a Rebollo nos muestra la íntima relación que los unía y la confianza que se depositaban. Comienza así: [4]“Señor D. Tomás Rebollo, S. Nicolás, Noviembre 28/852. Mi muy estimado amigo: He recibido sus dos cartas, las que si me han causado un gran gusto por saber de Ud. y por Ud. de mi familia, me han dejado el sentimiento de saber el ataque que ha sufrido, el cual me dice Rosario (su hermana y su suegra)  que lo ha tenido algunos días en cama. Espero que en la primera ocasión, me diga, no solo que está superado, sino que está del todo bien. Si así es preciso que sea, por que la Providencia no ha de disponerlo de otro modo, siendo Ud.  ahora  tan preciso y útil  no solo para su  apreciable familia (a la que saludo con todo mi afecto) sino también para la mía. Ud., estas convicciones fundadas en las disposiciones divinas, mi agradecimiento por los que Ud. dispensa a esas huérfanas, que ni tienen padre, ni madre y a Rosario que es una mujer pobre y cansada. Reciba Ud. pues los testimonios  de mi complacida estimación y de mi más sincera amistad. Estoy conforme con  Ud.  en que mis niñas tomen maestro de piano,  y aun desearía  que no dejasen  otra clase de instrucción. Pero ¿será esto posible? Lo sería si fuese a calcular por mis deseos  pero no sé lo que costaría y por ello no me animo, pero  lo dejo a su discreción  si encuentra que sea en esto un sacrificio superior a mis fuerzas. La primera carta me habló de piano. La segunda me consulta ¿Por que no obra, sin consultarme? Lo que usted haga está bien hecho. Ahora le ruego que me diga cuánto costará  un colegio, una escuela o cosa parecida, y, sino pasa de una cosa soportable prevea como si lo hiciera con sus hijos. No me gusta  pero considero que Ud. vela por esas criaturas, de quienes la patria me separa, esa patria que tanto quiero y tan ingrata”.

            La carta es ilustrativa y no deja ninguna duda que la relación entre Paz y Rebollo era de aquellas  que suelen  plasmarse entre hombres de la estatura moral de la que  estaban dotados. Si no fuera así, Paz no lo hubiese designado albacea a Rebollo, en el testamento que otorgó pocos meses antes de morir. Solo se designa albacea, al amigo del que se tiene la más íntima convicción que le será fiel a sus mandas y que sabrá ejecutarlas según sus propias convicciones.

Tomás Rebollo, murió en Buenos Aires el  1 de julio de 1864 y el haber hereditario estaba constituido  por la manzana La Piedad (hoy  Bartolomé Mitre, Azcuénaga,  Rivadavia y Larrea)  del Barrio de Balvanera, en la que había varias edificaciones, las que fueron descriptas con todo detalle por el tasador José María Barca.

De ese inventario  surge sin duda alguna que la mejor vivienda era la que estaba construida en la esquina de La Piedad y Azcuénaga  frente a la Iglesia de Balvanera, en un terreno de 21,434 metros de frente norte sobre la primera de las calles y de 56 de frente sur sobre la segunda. Cercada  por una pared de uno y medio al norte, con  cornisa, arquitrabe y pilares para baranda en el frente norte.  Revocada con cal al frente norte incluyendo pilastras. Sobre La Piedad  tenía tres piezas y una sobre Azcuénaga. Todo el frente estaba revocado. Del inventario y tasación que se practica en el expediente sucesorio surge que el techo, los tirantes, las  puertas y las ventanas estaban en buen estado, lo mismo las molduras y que era la única vivienda con vereda de piedra alemana, las restantes de  las cuatro calles adyacentes eran de ladrillos

En el segundo patio había  también  otra dos piezas viejas, un galpón, un corral, un cuartito, que  quizá debió haber sido utilizado para  guardar trastos viejos, una cocina grande, una letrina, un gallinero, un pozo de balde, varias divisiones de madera. Estas últimas construcciones si bien estaban en buen estado, eran de inferior calidad de las que daban al primer patio.

Le sigue un  terreno de 50 metros 660 milímetros de frente norte sobre la calle La Piedad con vereda de ladrillo, una pieza de material también muy deteriorada y unos cien árboles, entre los que destacaban paraíso, duraznos, higueras y naranjos.

De inmediato un lote que estaba vendido cuando murió Tomás Rebollo, que lindaba con el de la esquina de La Piedad  y Larrea, que tenía construidas dos habitaciones sobre la primera de las calles y un almacén sobre la segunda, había también un horno para hornear pan, una letrina, un pozo de balde y un  corredor techado de zinc. Todo en muy buen estado.

Si seguimos por Larrea, nos encontramos con un lote con una cerca de ladrillo, como toda la manzana, unos pocos árboles, entre ellos una higuera.

A continuación hay un terreno edificado con una casita compuesta de un zaguán, dos piezas, un cuartito, otro cuartito más chico, una cocina, un pasillo, todo con un cerco de pared.

Si nos desplazamos por Larrea hacia Rivadavia nos encontramos con otro terreno de 12 metros 64 centímetros de frente al oeste y 11 metros 170 milímetros frente al este, con una edificación compuesta de un zaguán, dos piezas, una cocina, una letrina, un pozo de balde, todo en buen estado. Hay un callejón de aproximadamente tres metros de ancho entre el lote descripto y el que le sigue de 17 metros sobre la calle Larrea y 12 de fondo.

Llegando a la esquina de Rivadavia y Larrea nos encontramos con un almacén, una cuarto sobre cada una de dichas calles, una cocina con techo de zinc, un pozo de balde, una letrina y sobre Larrea un portón de hierro,  en el informe presentado en la sucesión de Tomás Rebollo, el tasador expresa que todo está muy deteriorado.

Sobre Rivadavia  había  seis construcciones semejantes, lo que llamaríamos ahora departamentitos, los terrenos eran angostos de 6 metros 495 milímetros de frente al sud, compuestas de un zaguán, una pieza a la calle, otras tres interiores  con techo de zinc, una cocina, una letrina con casilla y un pozo de balde, todo cercado con pared de doble ladrillo.  Es probable que estas habitaciones o departamentitos  como los llamaríamos ahora, sean aquella edificación que levantó  Antonio González Varela, cuando tomó posesión de la herencia de su tío y  serían las que estaban destinadas a alquilarlas.

Otra de las construcciones que se destacaba era la que llamaban la casa grande, en la calle Rivadavia a metros de Azcuénaga, el terreno tenía casi 20 metros de ancho y 50 metros de fondo norte, con un martillo de 24,815 metros  de este a oeste y 21,650 metros de sur a norte. Había edificadas tres piezas y un zaguán que daban a la calle  Rivadavia, con el frente revocado, buenas molduras y buenas maderas; había en el patio  sobre el oeste,  cuatro piezas y un zaguán cuadrando el patio, con piso de ladrillo revocado a la cal,  Había también una pieza grande que tenía salida al segundo patio, con techo de material una parte y el resto con chapa de zinc. Toda la edificación estaba en muy buen estado. En el segundo patio había tres cuartos, una cocina grande, tenía varias divisiones de madera, todo enladrillado, un pozo de balde con una pileta grande, una letrina  y un horno. Esta edificación era de inferior calidad que la primera y se encontraba en buen estado.

La parcela de la equina de Rivadavia y Azcuénaga era de mayor tamaño, medía 34,640 metros de frente sur y  51,80 metros de frente norte, dando a la calle Azcuénaga, estaba cercada con una  pared sobre las dos calles. Había  tres piezas de frente con molduras en buen estado,  una barraca,  galpón de tabla con techo de zinc para granero de 35 metros de largo, una pieza más a la calle Rivadavia de madera con techo de zinc, un pozo de balde, una letrina y un portón.

Siguiendo por la calle Azcuénaga había un terreno de 19 metros 310 milímetros  de frente este,  cercado por una pared  vieja, un pozo de balde, una pileta y algunos árboles arruinados, informa el  tasador.

Rufina Orma y Melo de Rebollo

             Rufina Orma y Melo nacida en Buenos Aires el 11 de octubre de 1803, se casó  con Tomás  Rebollo, viudo de Josefa Ramírez, en el mes de octubre de 1820. Era hija de Francisco Mariano Orma, quien nació en el año 1777 en  Santander España y se había casado en primeras nupcias  con  María de los Ángeles Melo, con quien tuvo tres hijos, la ya mencionada Rufina, Fermín B. Orma y Melo, casado con  María Laura Rodríguez, padres del Cnel. Adolfo Orma  y Manuel Orma  y Melo casado con Garmendia, padres del Cnel. León Orma.

Francisco Mariano Orma, un comerciante exitoso y un honorable militar, siendo muy joven se instala en la  ciudad de Buenos  Aires, donde protagonizó activa participación en las  invasiones inglesas, intervino en el combate de Pedriel a las órdenes de Juan Martín de  Pueyrredón y por su brillante actuación en  la Reconquista fue condecorado con el Escudo de Oro. Participó del Cabildo abierto del 22 de mayo, adhiriendo a la postura de French y fue uno de los primeros españoles que obtuviera la carta de ciudadanía del Estado de las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

Fue elector para designar diputados a la Asamblea Provisional de las Provincias Unidas del Rio de la Plata,  alcanzó el grado de Teniente Coronel de Caballería. Años después se enrola en el Partido Federal, hasta que durante el gobierno de Rosas, se lo sindica como “Lomo Negro”, debiéndose  exiliar en Montevideo, donde murió en el año 1841.

Fue un hombre de fortuna. En la Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógica que se editó para el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, en homenaje a quienes participaron del Cabildo Abierto del 22 de Mayo, se afirma que: “En efecto, Francisco Mariano Orma poseyó un vasto terreno del otro lado del Riachuelo, en la futura barranca sur, que había comprado a Don Fermín de Aoiz y a Don Vicente Zuñiga; terreno compuesto por 6 cuadras de 150 varas cada una de frente norte, por otras 6 equivalentes de fondo sud este; las cuales, en total, configuran una superficie de treinta y seis cuadras cuadradas.  Dicha propiedad se ubicaba entonces, cruzando el Riachuelo para el sur, a 800 varas, más o menos, de distancia, a mano derecha, del Puente de Gálvez; vale decir, en plena ciudad e Avellaneda”. [5]

Unos años después de la muerte de  María de los Ángeles Melo, se casa en segundas nupcias con Encarnación Andonaegui y Herrera, matrimonio que dura poco tiempo, ella falleció sin dejar descendencia.

Su segunda esposa era propietaria de una quinta llamada  “…de la Presidenta” (en recuerdo de doña Ana Inés Morón, esposa del Presidente de la Audiencia de Charcas don José Cipriano de Herrera y Sotomayor y abuela de la señora Orma),  heredada de su madre doña María Catalina de Herrera de Andonaegui;  la cual, a su vez, la hubo por herencia de sus causantes según escritura otorgada por don Domingo de Uzedo y Baquedano y doña Martina de Rojas y Bas a favor del señor José Cipriano de Herrera y Sotomayor, ante el escribano Martín de Rocha el 9 de octubre de  1773. Dicha quinta quedaba al Norte  del Puente de Gálvez, sobre uno de los recodos del Riachuelo, equidistante entre aquél puente y el Paso de Burgos [6]

Rufina Orma  y  Melo fue vecina de Balvanera,   supo heredar de su padre el amor por la patria.  En el Diario Crítica del 2 de septiembre de 1936,  hay un  artículo  dedicado a Mujeres Célebres, que dice: “Durante las Invasiones Inglesas, la basta casa  de los Orma fue convertida en Hospital donde fueron atendidos los heridos de ambos bandos. Se cuenta que a pesar de la corta edad, Rufina ayudaba a la cura de los heridos”

Se  casó  con Tomás Rebollo el 15 de octubre de 1820 y lo  acompañó   en todas las contingencias que le tocó vivir; tuvo que soportar  incertidumbre durante el tiempo en que su esposo estuvo preso y luego exiliarse en la ciudad de Montevideo, sitiada por Oribe, con la angustia y la inseguridad que eso significa. Es probable que allí se haya gestado la amistad entre los Rebollo y los Paz.

Rufina Orma y Melo de Rebollo, viuda y con la pérdida de su hijo León,  muere  en Buenos Aires el 18 de mayo de 1872, cuando tenía   68 años de edad

León Rebollo Paz  y Margarita Paz

León Rebollo nació en Buenos Aires en el año 1822, como hemos dicho era el segundo de los hijos de Tomás Rebollo y Rufina Orma y Melo, contrajo matrimonio  el 16 de julio de 1859, con Margarita Paz, una de las hijas del Gral. José María Paz, que había  nacido el 24  de octubre de  1838 en la Cárcel de Luján.

De ese casamiento fueron testigos el padre del novio, Tomás Rebollo y María Rosario Paz, abuela de la novia. De esa unión nacen tres hijos Tomás Rebollo (n), Margarita Rebollo Paz y  León  Valentín Rebollo Paz.

Las dos hijas del Gral. José María Paz, Margarita y Rosa, se casaron con dos de los hijos de Tomás Rebollo, León e Ireneo, respectivamente.

Dos de los hijos del matrimonio de León y  Margarita (h) y dos de los hijos de Rosa e Ireneo,  adoptan el apellido de la madre, de donde surge el apellido compuesto “Rebollo Paz”, que se mantiene hasta nuestros días, pero próximo a perderse. En la actualidad solo quedan tres varones con el apellido Rebollo Paz. José María, un hombre mayor, soltero;  Francisco, casado, con dos hijas mujeres y el tercero Martín, sacerdote.

Cuando la epidemia de fiebre amarilla asoló  la ciudad de Buenos Aires, la familia  de Margarita Paz y León Rebollo se traslada a una  residencia que tenían en la ciudad de Morón, era una   casona ubicada a dos cuadras y medía de la estación hacia el oeste en la calle Progreso 86, frente a las vías del ferrocarril Sarmiento (hoy calle Segunda Rivadavia).

En esa época León Rebollo viajó a Buenos Aires, se desconoce el motivo, pero lo cierto es que se contagia de fiebre amarilla y muere el 12 de abril de 1871. La tradición familiar cuenta que cuando llegaba a la casa los tres hijos corrieron a saludarlo, pero él con su brazo los apartó temiendo contagiarlos. La partida de defunción la firmó el médico Casullo a quien se lo recuerda con el nombre de una calle de Morón.

León Rebollo Paz, adquirió en remate público el inmueble construido en la esquina de las calles La Piedad y Azcuénaga, frente a la Iglesia de Balvanera, que era el más importante de la manzana que había pertenecido a su padre.           Al adquirirlo, se hizo cargo de las deudas de la testamentaría, incluyendo los honorarios de los profesionales intervinientes, que lo venden poco después de su muerte.

A su muerte deja cinco propiedades en Balvanera, todas sobre la  calle La Piedad 806/08; 810/12; 814/16; 818/20 y 822  y la descripta en Morón, que  las heredarán su esposa Margarita Paz y sus tres hijos.

Varios años después de su muerte y de la muerte de Margarita, el 12 de septiembre de 1884, Tomás  (n) y Margarita, y el tutor de León que era menor  Luis del Campo, piden la venta de los tres inmuebles  que tenían en condominio. El Juez aprueba la solicitud y designa  martillero a Carlos O ‘Gorman, que anuncia en la prensa que el remate se realizará el jueves 27 de noviembre de 1884 y que la casa de La Piedad 1168 tiene un terreno de 12 vs. con 40 cts. de frente, por 37 vs. 40 cts de fondo y que tiene 7 piezas de material,  techos de azotea, pisos de tabla y baldosas, cocina y letrina, por 8 vs. con 70 cts, de frente por 8vs., pozo, gas, etc. Ocupada por una carpintería y una modista; La Piedad 1172, tiene un terreno 8 vs. con 70 cts de frente,  por  8 vs. con 60 cts. de fondo que tiene 5 piezas de material,  techo de azotea y tejas francesas, cocina, letrina pozo gas, etc. Ocupada por una tienda y una barbería. La Piedad 1176 8 vs. con 70 cts de frente y8 vs. por 6 cts de fondo y que tiene 5 piezas de material, techo de azotea y teja francesa,  cocina, letrina y pozo, gas, etc., ocupada por una joyería y una zapatería. Las propiedades tienen su correspondiente vereda de piedra a la calle.

El remate se anuló y las propiedades las compró en venta privada Adolfo Dotti.

Con la muerte de Margarita y la venta de estos inmuebles y el de la esquina de  La Piedad y Azcuénaga se desvinculan definitivamente los Rebollo y los Paz de Balvanera. Tomás (n) se casa con Carlota Aguilar y se radica en La Plata, Margarita  ingresa al convento de Hermanas Vicentinas  y León se casa con Isabel Marull Maldonado y durante sus últimos años se radica en San Fernando

Los restos de Margarita Paz de Rebollo y los de León Rebollo están depositados en la Recoleta, en la bóveda  de “Deudos del General Don José María Paz”.

Bibliografía

Paz, José María. 1892, “Memorias Póstumas” La Plata, Argentina, Ed. La Discusión.

Cutolo, Vicente Osvaldo. 1968. “Nuevo Diccionario Bibliográfico Argentino”, Buenos Aires. Argentina. Ed Elche.

Yaben, Jacinto. 1938. “Biografías Argentinas y Sudamericanas”. Buenos Aires. Argentina. Ed. Metrópolis.

Melo, Manuel Carlos 1963. “Miserere-Ignorado, Epónimo de una Plaza Principal”. Buenos Aires, Argentina. Cuadernos de Buenos Aire. Ed. Baraga S.R.L.

Terán, Juan B. 1936. “José María Paz”. Buenos Aires. Argentina. D. Cabaut y Cia. Editores,

Galmarini, Hugo Raúl. 1978. “La Conspiración de Tagle”.  Todo es Historia. N°  133. Pág. 78. Buenos Aires. Argentina.

Archivo  General de la Nación. Expediente sucesorio de Josefa Ramírez, 1821, legajo 7784.

Archivo  General de la Nación. Expediente sucesorio de Tomás Rebollo,  1864, legajo 7847.

Archivo General de la Nación. Expediente sucesorio de León Rebollo, 1872, legajo 7903.

Archivo General de la Nación. Expediente sucesorio de Margarita Paz de Rebollo, 1881, legajo 7903.

Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Genealogía Hombres de Mayo 1961,  Buenos  Aires, Argentina.

Rezzónico, Carlos A. 1996. Antiguas Quintas Porteñas – Prólogo del Prof. Diego A. del Pino Buenos Aires – Argentina – Interjuntas.

[1] Melo, M. C.  (1963),  Miserere – Ignorado Epónimo de una Plaza Principal, Cuadernos de Buenos Aires XX,  Pág. 10.

[2] “Un Juez de paz de la tiranía” por Andrés  Allende en “Investigaciones y Ensayos”.  N° 14 Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, Enero-junio  1973, pág. 173/5.

[3] Carta inédita de mi Archivo personal.

[4] Carta Inédita de mi Archivo personal

[5] Genealogía – Hombres de Mayo – .Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas – Año 1961- Buenos Aires. Argentina pág. 267

[6] Genealogía – Hombres de Mayo, Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas –  Buenos Aires año 1961 pág. 67

Información adicional

Categorías: Vecinos y personajes, Historia
Palabras claves: Balvanera, Rebollo, Paz

Año de referencia del artículo: 2020

 

Facsímil de la carta enviada por Tomás Rebollo a Rufina Orma y Melo desde la cárcel, hoja 2

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