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Ciudad de Buenos Aires

Roberto Arlt y sus paradojas. Uno de sus tránsitos: cronista barrial.

Leticia N. Maronese

Roberto Arlt, .

Introducción

Esta ponencia da cuenta de una visión de los barrios del oeste de la ciudad a través de la obra del escritor Roberto Arlt (1900-1942).

Se tomaron en consideración diversos textos que fueron publicados en el diario El Mundo en las crónicas “Aguafuertes porteñas”. Se busca dar cuenta cómo, desde sus comienzos en 1928, se establece una visión vinculada al “costumbrismo criollo”, como así también una más crítica y cruda en las “Aguafuertes porteñas. La ciudad se queja”, a partir de la década de 1930.

El estado calamitoso que retrata de los barrios periféricos, denominados por él como “extramuros”, “de afuera”, incluye sus calles, la suciedad, los zanjones; el estado de los hospitales (“los hospitales se quejan”); de las escuelas precarias y con terceros turnos; la sinrazón de oscuros y sucios callejones que originan los pasajes creados en vacíos urbanos, como negocio de gente rica con mucha tierra y ávidos rematadores, entre otros temas. Estos textos denotan un gran conocimiento de las normativas vigentes -que son permanentemente incumplidas por vecinos y la Comuna-  y su vinculación con medios barriales que le dan información, aunque él también es un permanente transeúnte de extramuros.

Breve referencia biográfica.

Roberto Arlt nació en la calle Piedad N° 677 [1] Su llegada a Flores se da entre los años 1901 y 1903, según distintos autores. Sus padres eran inmigrantes: Carlos Arlt era prusiano y su madre, llamaba Catalina, había nacido en Trieste y era hablante de italiano. Nótese que el prusiano Arlt era de repetir nombres, como es el caso de su hija, que llevó el nombre de su abuela paterna, Luisa. Todas las referencias sobre el padre sostienen que era de un carácter muy despótico y que se llevó muy mal con su hijo, que abandonó su hogar a los 16 años.

Hay algo a que tener en cuenta, que lo marca a Arlt. Flores es la mitad de su corta vida.

Su primer domicilio es en Méndez de Andés 1281, también vivió en Yerbal 2200, ambos lugares declarados en el año 2000 “Sitio de Interés Cultural” por la Legislatura. Las escuelas primarias a las cuales concurrió también fueron de Flores, la última de ellas, ubicada en Franklin y Trelles, donde curso 5to grado, abandonando así la escuela primaria a los 14 años de edad. Tuvo múltiples y variopintos trabajos, pero se interesó tempranamente por la literatura. Flores también era el lugar de sus correrías, frecuentando librerías, bibliotecas, tertulias. Leerá también todo tipo de literatura, apasionándose por los folletines. Es y fue toda su vida, gran lector de los medios barriales.

Su vida cambia al realizar el Servicio Militar en Córdoba. Conoce y se casa con Carmen Antinucci, integrante de una familia “de buen pasar” como se decía en su época, naciendo allí su hija Mirta. Su vida de pareja no será sencilla, se entera luego de su casamiento que Carmen padece de tuberculosis y el hecho de que no se lo comunicaran previo al casamiento lo enfurece. [2]

Arlt transita varios géneros, la novela, en la cual fue un gran renovador, revolucionó la literatura nacional de tal modo, que hasta en nuestros días es un autor actual. Los principales títulos fueron El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929), Los lanzallamas (1931), El amor brujo (1932), El jorobadito (1933), Saverio, el cruel (1936), El fabricante de fantasmas (1936), El criador de gorilas (1941).

Se dedicó al teatro y el Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta fue su espacio consagratorio. Se relacionó -sin tomar partido por uno en particular- con los dos grupos que reunían a los escritores de la época, los llamados “de Florida” y “de Boedo”. Actitud que también tomó respecto a los grupos o partidos políticos, aunque siempre más cerca de lo popular y de “la izquierda”. Fue un “libero” o un “librepensador” como se suele encasillar a este tipo de personas.

Con éxito, pero sin que esto significara desahogo económico por su procedencia social, puede vivir de la escritura y del periodismo. Pero deambulando de pensión en pensión, en las cuales poco duraba debido a sus escándalos matrimoniales.

Esta ponencia se ocupará de su fase periodista. Que inició tempranamente en la publicación Don Goyo, seguirá en Crítica como encargado de la Sección Policiales y, posteriormente, en el diario El Mundo, en forma continuada y hasta su fallecimiento –debido a un ataque cardíaco-  el 26 de julio de 1942. Previamente, y muy joven, había fallecido su hermana Lisa de tuberculosis, y en 1940, Carmen Antonucci, la sigue como consecuencia del mismo mal. Al quedar viudo, formaliza -con un casamiento en Uruguay-  su previa relación con Elizabeth Shine, que desde su trabajo en Editorial Haynes le había tendido un puente valioso para la publicación de sus obras.

Monte Castro y el Paseo Cultural Roberto Arlt.

En 1924, compra un terreno en el barrio de Monte Castro, en la calle Lascano, entre Segurola y Sanabria y comienza a construir una casa que nunca terminaría.[3] Vive en la casa de sus padres de la calle Canalejas  2137 (hoy Felipe Vallese) mientras la construye [4] . Tuve la oportunidad de hablar con su hija Mirta hace casi 20 años y me confirmó estos datos, aunque no recordaba la dirección exacta.

Siempre me he peguntado ¿Por qué Monte Castro? En 1924, si bien la tierra era muy barata, el lugar no era muy accesible. ¿Habrá tenido que ver el conocimiento general de que eran lugares relativamente altos? Y –a pesar de que no se había empezado a construir (lo sería a partir de 1926)- ya se sabía del emplazamiento de un “preventorio” para hijos de padres tuberculosos en Jonte y Segurola. El legado de Manuel Rocca fue formalizado en 1913 y la obra la llevaría a cabo el Dr. Abel Zubizarreta, el mismo médico que atendió a Arlt de bronconeumonía.

Por ese motivo fue que se creó sobre Segurola el “Paseo Cultural Roberto Arlt”, inspiración de Damián Di Pacce, de la Asociación de Comerciantes, industriales y profesionales de Monte Castro, consistente en un recorrido de carteles alusivos que lamentablemente el tiempo destruyó.

Aclaremos que 1924 es un buen año para comenzar con “la casa propia”. Coincide con el comienzo de su relación con los escritores agrupados en el Grupo Florida y el Grupo Boedo. Comienza a trabajar como secretario de Ricardo Güiraldes, publica en la revista Proa que Güiraldes dirigía, y escribe crónicas policiales en el diario Crítica comenzando así su carrera periodística. Es el momento de profundos y buenos cambios en su vida. En 1925 ya comienza a trabajar en la Editorial Haynes. Son esos años, de 1924 a 1926 los que, por lo menos, le permiten consolidar una “entrada” de dinero estable.

Pero no terminó su casa. ¿Fue este un drama en su vida? Una de sus Aguafuertes pareciera indicar esto:

“¡Que sensación de misterio y de catástrofe inesperada dan esas construcciones no terminadas dan a esas construcciones no terminadas, donde, sobre los muros en desnivel, se levantan los marcos ennegrecidos por la intemperie y las aberturas exteriores tapadas por chapas de zinc, donde el viento chasquea siniestramente en las noches de invierno! (…) Y la gente que pasa no puede menos que volver la cabeza y mirar, intrigada, los muros interminados (…) Y si el corazón del hombre iba cargando una alegría se rechaza, desaparece. Y una angustia súbita, un malestar invencible agria el semblante del mirón. Y es que esa casa, sin techos, sin puertas, sin revoque, es el exponente de un fracaso de ilusiones, la demostración más evidente de que su dueño fue sorprendido por algo terrible cuando menos lo esperaba (esas casas son) las más interesantes y también las más misteriosas, misteriosas porque contrarían el espíritu de todos los tratados de construcción que establecen que una casa, cuando se comienza, se termina…” “Aguafuertes porteñas. Casas sin terminar”. El Mundo. 22.09.1928.

Las paradojas de Roberto Arlt

Flores era su vida antes de viajar a Córdoba. Pero era también el mundo que llama “de extramuros”, “las afueras”, planteando la oposición entre el “centro” y los “barrios” que recuerdan la clásica “civilización” versus “barbarie”. Pero esa desvalorización no se trasladaba automáticamente a los sectores más desprotegidos (por lo menos en sus escritos no encuadrados específicamente dentro del Costumbrismo Criollo) [5].

También ese era el tono que incluso usaba para denostar a los diarios barriales (que el utiliza en sus crónicas porque el mundo que retrata no está en los grandes medios nacionales) y se ha comprobado la vinculación en no pocas notas barriales de sus denuncias, constituyendo un “ida y vuelta” de la información, o sea la información es previa a su “Aguafuerte”[6], como también posterior.

Otros denostados o minorizados son los escritores de notas y poetas barriales (como Félix Visillac en la crónica “El poeta parroquial”) y a pesar que concurría a sus tertulias en Flores y allí conoció escritores que lo ayudaron en su carrera literaria.

Además –y esto es muy importante- estas crónicas barriales nos muestran realidades que el curso del tiempo ha diluido, que si recogen de la “Historia Oral” no se puede utilizar sin constatar su verosimilitud [7], dado que son “remembranzas” .  Con el agravante de que, si vamos al “documento” (en este caso normativas municipales) puede llevarnos a grandes errores dado que la mayor parte de las normas no se cumplen, ni las obras que se proyectan son llevadas a cabo.

Esto último Arlt lo tiene en cuenta, porque lo comprueba. Permanentemente expresa sus dudas sobre “lo político”, “los concejales”, la aplicación de las Ordenanzas. Y es notable su conocimiento de las mismas, expresadas tanto en el contenido como en el número de Ordenanza o en que Digesto se encuentra.

Un ejemplo de ello es la señalación de hacer la vereda, el cerco, el revoque, cuando se adoquina una calle. Arlt nos habla en el siguiente texto de los propietarios (a los que califica negativamente como parecidos a los rematadores, o como “misho o yoramiseria”) que compran en mensualidades y solo esperan que un próximo adoquinado eleve el valor de su lote para vender y hacer una diferencia. Los sitúa en Villa Ortúzar, Villa del Parque “todo barrial y nada parque”, pero puede ser cualquier barrio del sur o el oeste porteño. Son personas fanáticas de la sección “Municipales” de los periódicos, esperando el milagro (entre otras mejoras) de la pavimentación porque:

“El adoquinado es una especie de salvación para esta gente. Es la civilización, el progreso, acercando la ciudad a la pampa disfrazada de ciudad, que es nuestra urbe. El adoquinado es la esperanza de la línea de tranvía o de ómnibus, es la valorización del terreno la casita, el adoquinado es la esperanza de línea de tranvía o de ómnibus, es la valorización del terreno y de la casita, el adoquinado es la obligación próxima de la vereda de mosaicos, del cerco con sesenta centímetros de tapia en mampostería, el adoquinado implica el frente revocado, la aparición de comercios… (es) la mar en coche”. [8]

Por todo esto es que considero que sus “Aguafuertes porteñas” son de gran valor para los historiadores barriales, y más aún si algún coleccionista o biblioteca ha conservado los humildes periódicos parroquiales que coinciden con la crónica y el lugar al que hace referencia.

Las crónicas del diario El Mundo (1928-1942): Del Costumbrismo Criollo a la Crítica Social.

 Como hemos apuntado, es notable el cambio de su actitud política y literaria con el transcurso de los años. Su paso del “Costumbrismo Criollo” a la crítica despiadada -y a veces exagerada- de “La Ciudad se queja”.

Las “Aguafuertes porteñas”, que comienzan el 5 de agosto de 1928, tienen un tono irónico y están referidas a las costumbres, a las fiestas (el carnaval, por ejemplo) aspectos urbanísticos y de la vida cotidiana y barrial en tono exagerado y grotesco, a las formas del lenguaje porteño que puede expresar notablemente debido a su uso del lunfardo y de los modismos populares de esa época. Arlt respeta las reglas del género y tal vez a nuestra mirada actual algunos textos no parecerían “políticamente correctos”

Pero entrados los años treinta Arlt pasa a la crítica social y es donde aparecen como subtítulos “La Ciudad se queja”, “los hospitales se quejan”, también se quejan las escuelas.

Arlt, acompañado de un joven médico registró cerca de 40 días hospitales de la Ciudad, en los inicios de 1933. Estas crónicas diarias en El Mundo trajeron enormes repercusiones públicas que llevaron a mejoras encaradas por los mismos nosocomios, como al posterior tratamiento del tema en el Concejo Deliberante.

Escuetos resúmenes de notas referidas a nuestros barrios.

 1.- Del Costumbrismo Criollo de sus primeros años en El Mundo.

 El ómnibus de extramuros. (Monte Castro, Liniers…)

“¿Quién ha viajado en ómnibus de extramuros? ¿Quien ha tenido el coraje de recorrerse este circuito que se llama Lope de Vega y Jonte o Liniers y San Justo?”

Luego explica como es el vehículo, roturas en los asientos, en el piso. El carácter nada agradable del chofer y el boletero. Y los diversos pasajeros que suben: la gorda con un fardo que atropella a todos, una señora al cual su perro desobedece y sube al transporte, hasta que muerde a otra pasajera. Sin faltar vendedores ambulantes, el manicero y su humo y hasta una parrilla ha descubierto en ese viaje el cronista que cocina chorizos, chinchulines y ubre. “¿Dónde ocurre esto?, nos preguntará el lector. Pues nosotros recontestamos: esto ocurre en Buenos Aires, a 20 minutos de la Plaza de Mayo, y a 20 cuadras de Rivadavia, ya tomé usted por el Norte o por el Sur” (EL MUNDO, Aguafuertes porteñas. 23 de julio de 1928. Sin firma)

El poeta de parroquia (se refiere a Félix Visillac, poeta de Flores, con dibujos propios del grotesco de la época)

“Todos los barrios de nuestra ciudad cuentan con un poeta. Es el poeta de extramuros y la gloria de la parroquia (…) los poetas de barrio se llaman vates” (…) Por lo general, el vate es uno de esos sujetos que han hecho todos los oficios y que escriben en las páginas de ‘poesía popular’ que todas las revistas tienen como desaguadero de la ‘colaboración espontánea’ y destinadas a la mentalidad más pobre del público. Por lo general, el vate, ha publicado un libro costeado, como es natural, por su bolsillo, con un prólogo de un señor a quien aburrió durante meses solicitándole el prólogo. Por lo general, el prologuista, es un autor que en un tiempo tuvo fama y a quien más tarde la justa revisión de valores colocó en el olvido que corresponde al vacío”.

“Frecuentemente el vate es un sujeto a quien la bilis del fracaso y el elogio que por intermedio de un subsecretario le ha hecho un ministro, le tienen revuelta la sangre. Como en el fondo se ha dado cuenta de que no vale nada, y confesarlo le es más doloroso que sufrir repulsas, el vate, para poder figurar, aspira a la controversia (…) Yo, que leo hasta los periódicos de Villa diablo, donde aparecen poemas que son obras maestras de estupidez, me he reído siempre al leer esas controversias donde dos fulanos igualmente bestias desbarran que es un contento. En las parroquias, estas controversias son las delicias de las familias honradas que se entretienen en seguir una discusión en la que un sujeto afirma que en la antigüedad los niños de Grecia lloraban cuando les pegaban, mientras que el otro afirma que se reían. Pues bien, siempre que me he dedicado a seguir esas controversias, al final he visto que los charlatanes eran dos vates de barrio, que sólo discutían para poder figurar. Figurar!… Esa es la necesidad terrible y angustiosa del hombre cuya madre o esposa lee en la carnicería de barrio el poema que publicó ‘la sección de poesía popular’”.  EL MUNDO.  Aguafuertes porteñas. (7.11.1928).

2.- De la crítica político social y la queja de los afectados.

 Como se ha comentado, a medida que se avanza en la década de 1930, Arlt pasa a la crítica social y sobre todo de las autoridades municipales y sus instituciones. Las notas ya llevan la aclaración de “La ciudad se queja” luego del título general “Aguafuertes porteñas”. Se transcribirán brevemente algunas de esas “Aguafuertes” referidas a Liniers, Monte Castro y Villa Devoto a la manera de ejemplo.

Liniers Sur y sus escuelas.

 “Un hombre que viva en el perímetro del Centro no puede imaginarse, ni remotamente, los sucesos extraordinarios que acaecen en la periferia de la ciudad (…) Para verificar este aserto, hagamos un alto en Liniers (…) en Liniers hay una zona que comprende treinta cuadras cuadradas y que carece de escuela, ya que de enseñanza escolar hablamos. Esta zona, correspondiente a la Sociedad de Fomento Liniers Sur, está limitada por las calles Luchter, Avenida General Paz, Bariloche, Caaguazú, Cosquín y Boquerón”

(…) “Estas treinta cuadras fueron edificadas por optimistas maravillosos. (…) Fue gente heroica esta que edificó en Liniers Sur. Barrios hubo que estuvieron hasta dos años sin agua. Con ese inconsciente optimismo de los héroes, los vecinos decían, cuando iban al pozo de un tambo a buscar agua: – “Ya mejorará esto”. Ni decir que no mejoró. Ladrillo a ladrillo, la Pampa fue conquistada. La Municipalidad no le dio mayor importancia al asunto, las autoridades nacionales, menos. La zona en globo de Liniers Sur cuenta con cuatro escuelas. Una al norte de Rivadavia, al otro lado de la línea del F.C.O., la segunda en la calle Murguiondo al 300, la tercera en la calle en la calle Cosio, (sic) que comprende tres grados, y que en los alrededores la llaman “LA RATONERA”, por la abundancia de ratones y sapos que hay en ella. La cuarta, exclusivamente de varones, se encuentra en la calle Ibarrola entre Bariloche y General Paz. En algunas de estas escuelas funcionaran hasta tres turnos, lo cual da una idea de la escasez de clases que hay y la influencia de educandos que existe. Tanta escasez que la Sociedad de Fomento Liniers Sur se ha visto obligada a organizar una escuela (así) habilitaron un aula en la sede de la misma, cotizaron a cada alumno a un peso y treinta centavos mensuales, y abrieron una clase de 33 alumnos en una pieza de cuatro metros por cuatro. Siempre el heroísmo y el sacrificio. La maestra no puede moverse casi en un aula semejante. La maestra, además, con lo que le paga la Sociedad de Fomento apenas puede costearse el tren y el tranvía, pues se domicilia en Remedios de Escalada. Lo maravilloso es la actitud asumida por el Consejo Escolar número 20. Cuando se le anotició por carta certificada con contestación paga, que se iba a inaugurar una escuela costeada por el vecindario, a su inauguración no asistió ni un solo representante oficial. Más aún, ni por carta, el Consejo Escolar número 20 se dio por informado…” EL MUNDO. “Buenos Aires se queja. Escuela costeada por vecinos”. ROBERTO ARLT.  26.07.1931.

Hospitales Vélez Sarsfield y Salaberry.

Vélez Sarsfield: “… para atender a una población enorme se cuenta con cuatro camas y tres colochones, es decir tres camas. El hospital cuenta, para atender los pedidos de auxilio con una ambulancia desvencijada y que no es a motor sino a caballo. Practicantes del hospital me han dicho que pedidos de auxilio solicitados a las 9 de la mañana han podido ser atendidos a las 9 de la noche… Estas cuatro camas, que en realidad son tres disponen de una sola bolsa de agua caliente y otra para hielo. De más está decir que el hielo no lo suministra el hospital, sino que el paciente tiene que mandarlo a comprar por un enfermero al almacén de la esquina” Relata Arlt como se carece de lo mínimo elemental. Por ejemplo: guantes de goma, guardapolvos para el personal, tela adhesiva, medicamentos, sábanas, etc. Los pacientes pasan horas esperando ser atendidos sentados en el suelo.

Salaberry: A este hospital se refiere con parecidas carencias. Pero el agravante es la suciedad, tal es así que lo califica de “muladar”: “… la roña existente en el hospital es espantosa. Los excusados y cuartos de baño habían sido convertidos en auténticos depósitos de basura, a los cuales era materialmente imposible entrar, por el horrible hedor que se desprendía. Moscas por todas partes, aunque lo extraordinario sería que no las hubiera con la suciedad existente” EL MUNDO. “Aguafuertes Porteñas. Hospitales en la miseria. Hospitales Vélez Sársfield y Salaberry. Roberto Arlt. 25 de enero de 1933.

 

El Monte Castro olvidado. (texto referido al Instituto Frenopático Open Door) Foto: Paredón del hospicio sobre la calle Bermúdez.

Roberto Arlt. “Jamás he olido tal extraordinario hedor de basura fermentada, como esta mañana, en la calle Arregui y Bermúdez, jurisdicción de Monte Castro. Casi… casi podía asfixiarse un elefante. El ancho potrero no parecía calle sino muladar, trescientos metros sin vereda, ni caminito de ladrillo. Terminando el murallón comenzaba una empobrecida edificación de aspirantes a propietarios tan prontamente desilusionados, que, si se castigaba la vista girándola, se tropezaba con significativos cartelillos de ‘se vende’. Se vende; pero no se compra… Olvidados por la Municipalidad”. (…) “La calle más ‘come il faut’ del municipio, corre de este a oeste y se llama Jonte. Daría trabajo para limpiarla durante una semana a una brigada de basureros. A sus flancos, termina definitivamente, rotundamente, todo conato de civilización. Las calles con barriales, y los barriales pantanos. No se observan las ordenanzas municipales, ni hay poder humano ni extrahumano que se cuide de que se lleven a cabo.

Es fantástico, tan fantástico que la calle Lazcano, por ejemplo, está cortada por un camino cercado que conduce a un establecimiento particular. Los dos altos cercos, que cortan sin objeto realmente útil, la calle Lazcano, dan testimonio elocuente qué fácilmente se burlas las leyes en los extramuros de la Capital. La edificación a que nos referimos, llega hasta la calle Bermúdez, extendiendo sobre esta última una muralla de trescientos metros. La calle Bermúdez está adoquinada como permite observarlo la fotografía. Su vereda izquierda, que tiene la acera pavimentada pero la acera derecha, que corresponde a las tres cuadras citadas no tienen vereda ni de mosaico ni de ladrillo. Según los artículos 990 y 991 del Digesto Municipal, las ‘veredas deberán quedar construidas dentro del plazo de treinta días de concluido el afirmado de la cuadra’, y la calle Bermúdez hará pronto cinco años que está terminada de adoquinar”. Diario El Mundo. 26 de marzo de 1934, “Aguafuertes Municipales. El Monte Castro olvidado por la Municipalidad”.

 

“Dos pavorosas escuelas en Villa Devoto” Foto: aula-rancho de madera y lata.

“El autor de esta nota (menester es confesarlo) creía, como otros varios millones de ilusos que andan en dos pies en el país, que una escuela era un establecimiento serio, respetable, donde los niños, importa poco su condición social, encuentran comodidad, término medio, superior a la de sus hogares. Si al autor de esta nota (no hay pedantería al nombrarse) le hubieran dicho que en el radio de la capital federal hay una escuela donde la directora ha instalado su dirección en un CUARTO DE BAÑO y la vicedirectora en la COCINA, se hubiera tapado los oídos, al tiempo que movería la cabeza diciendo: ‘no es posible’. Y, sin embargo, es cierto. Y esta maravilla funciona en la escuela N° 29 de Villa Devoto Oeste”

(…)

“La otra es la escuela N° 19, y se encuentra piadosamente ubicada en la Avenida Nacional 5078 [9]. La Avenida Nacional, a pesar de su pomposo nombre es una calle indecente, con zanjas tan profundas que un día en que un niño cayó en ella, si bien fue salvado milagrosamente de perecer ahogado, falleció en cambio de la infección que le produjo el agua pútrida que había ingerido. Numerosos diarios se ocuparon de este asunto, pero la zanja sigue en su lugar y los concejales municipales tan contentos como si estuvieran asistiendo a una gozosa comedia decretando la repavimentación de las calles de los barrios referidos. La escuela N° 19 es una patética muestra de la construcción mixta. Hay un aula de lata y madera forrada en lata y otras de material. Las de material, son obscuras como cavernas, sin ventilación, sin luz, tenebrosas y minúsculas. Para poder atender la enormidad de niños inscriptos, funcionan tres turnos. El aula forrada de lata en verano sin conjetura alguna, es un horno y en invierno, un frigorífico…”

EL MUNDO, 27 de marzo 1934. Sección “La ciudad se queja. Dos pavorosas escuelas en Villa Devoto” Roberto Arlt.

“Fantasías municipales en Liniers” En calles y la próxima General Paz. Foto: cruce de calles obstruidas por bloques de granito.

“La Secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad ha cometido en ciertas zonas de Liniers errores de carácter técnico inconcebibles en su lenta consumación, lo que revela una falta de control extraordinaria sobre las obras a su cargo.

 

Prueba. Las calles Bariloche y Palmar. ¿Qué diremos de Palmar [10] y qué diremos de Bariloche [11]? Palmar ha sido pavimentada. Cuando terminaron de aplicarle la última mano de cemento, resultó que la calle quedaba demasiado baja. ¡Se habían equivocado! Lo que no se ha puesto en claro es a quien le cabe toda la responsabilidad de esta equivocación: si al Departamento de Obras Públicas o a la empresa constructora. Se equivocaron y la calle resultó un pozo.

Se podrá argüir que equivocaciones semejantes son disculpables. Es posible: pero redundan en perjuicio de los vecinos y sirven para tirar la plata a la calle. Pero estas equivocaciones son frecuentes. El día 9 de este mes, la Municipalidad mandó derribar los cordones de la vereda izquierda de la calle Corrientes entre Uruguay y Talcahuano porque la “línea estaba mal tirada” y había que ensanchar la vereda 20 centímetros.

Todavía están trabajando allí las cuadrillas de peones.

Pero como la calle Palmar no es la calle Corrientes, no se ha hecho nada para remendar el error, lo que habla muy elocuentemente de la falta de cuidado de los encargados de controlar semejantes construcciones. Pero dejemos tranquilo el centro y las macanas que hace la Municipalidad por allí y continuemos con Liniers.

Un buen día se comenzó la pavimentación de Bariloche. Pero los vecinos que estaban con la mostaza en la nariz por la metida de pata en la calle Palmar, descubren que Bariloche, al nivel que los ingenieros le dan en armonía con el nivel de la calle Palmar va ha quedar convertida en un desaguadero de las otras calles laterales y entonces se armó la pelotera. Fue de tal magnitud, que ingenieros y cuadrilla se retiraron hasta nueva orden. Quedaron abandonados en medio de la calle los cordones de granito. Y quedó cerrada la entrada a la calle Bariloche, por Palma, por una trinchera de piedra.

Y de esto hace un año, y no se sabe en que va a terminar la fiesta. Cuando las elecciones se aproximan, los concejales van en romería hasta la calle Palmar y Bariloche; olfatean la calzada, mueven la cabeza, le dan magnánimas palmaditas en las espaldas a los enfoscados propietarios y se marchan. Y no pasa nada. ¡Absolutamente nada!

 

Los faroles de la Avenida Gral Paz. La avenida General Paz (casi cien metros de anchura) está alambrada de la calle Palma a la calle Peribebuy. Fíjense bien, alambrada. Es decir, potreros alambrados, con su natural vegetación de arbustos, cardos y yuyos. Altos yuyos. Yuyos, diría, nutritivos. Yuyos dietéticos. Una maravilla. Hasta cristianos podrían alimentarse con ellos.

A lo largo de estos potreros corren dos calles. Una del lado de la provincia, noblemente provista de altas columnas de alumbrado. Otra calle del lado de la Capital. También munida de su alta colección de postes de hierro con sus lámparas. Nadie podría quejarse por falta de alumbrado. Ni un ciego.

Pues bien: los potreros cercados, los que constituirían la Avenida General Paz en el futuro, los campos de yuyos, han sido abundantemente provistos de postes de alumbrado, de manera que nos encontramos con esta fantasía lumínica en casi plena pampa. Y a pocos pasos de allí, los zanjones de agua verdosa están pidiendo a gritos una cuadrilla municipal. EL MUNDO. Buenos Aires se queja. Fantasías municipales en Liniers. Roberto Arlt. 11 de abril de 1934

 El absurdo de la apertura indiscriminada de pasajes donde sobra tierra. Ejemplo: Barrio de Liniers. Foto de un pasaje del barrio conocido como “Tellier”

“Resulta inexplicable el criterio del Departamento de Obras Públicas, autorizando a propietarios particulares (y casi siempre ricos, por las extensiones considerables de tierra que les pertenecen) a abrir pasajes, es decir, a calles de diez metros de anchura, en lugares adonde la abundancia de terrenos es simplemente extraordinaria, y su precio, a pesar del encarecimiento artificial, insignificante. Porque no debemos olvidar que para abrir un pasaje en terreno propio es necesario tener permiso del Departamento de Obras Públicas.

¿Con qué criterio se concede ese permiso? Los pasajes en los alrededores y suburbios de la capital se han multiplicado lamentablemente ¿por qué?  ¿Con qué necesidad?

Se explica que de acuerdo al artículo 919 dentro del radio limitado por las calles Caseros, Velasco, Independencia, Avenida La Plata, etc. se autorice la apertura de pasajes.

Lo que no se explica de manera alguna, por más razones que se le busquen, es el permiso que el Departamento de Obras Públicas ha concedido para abrir pasajes en Liniers, a cien metros de la provincia de Buenos Aires y a diez más cuadras de Rivadavia, donde hay campos que desde la época del Virreinato han sido sólo de sembradío.

Hagamos una aclaración. No nos referimos de ningún modo a los pasajes de las mal llamadas Casas Baratas. Esos barrios, por su tipo uniforme de construcción, toleran, sin menoscabo de la estética de la higiene, el pasaje de ancho mínimo de 10 metros.

Pero los pasajes particulares… ¡Ah!… éstos simplemente son horrorosos.

Pasajes que son cajones de basura. ¿Qué ha ocurrido con la mayor parte de los pasajes situados en Liniers Sur, y pertenecientes a particulares? Algo que no tiene nombre.

Los terrenos situados sobre los pasajes (vendidos casi siempre en mensualidades) son siempre adquiridos por compradores que, al término de las treinta mensualidades, por una razón u otra, no pueden seguir pagando… y se da el caso que desaparecen sin que sea posible saber de ellos, abandonando la casa que levantaron en un momento de loco optimismo. Hay numerosos casos como el que acabo de citar en Liniers Sur. El escaso ancho del pasaje (las calles normales tienen un ancho mínimo de 17 metros), convierte a estos callejones abandonados por la Municipalidad y habitados por gente pobrísima, en pavorosos cajones de basura donde no se observan ni los más elementales preceptos de higiene pública.

La ignorancia y negligencia de los vecinos, sumada a la despreocupación de los inspectores municipales y a la morosidad de los correspondientes departamentos comunales a hacer cumplir las leyes de beneficio común, transforman el suburbio porteño en una chacra espantosa, sucia, hedionda, como lo fue ni imaginada ni conocida en el antiguo suburbio de Buenos Aires, con sus calles normalmente anchas y sus grandes terrenos cercados de glicinas con veredas de ladrillos.

Resulta al final de cuentas y no por maligna ironía, que es más peligroso y malsano vivir en las afueras de la ciudad que en el centro de ella, y que el conventillo es en cierto modo más limpio que la casucha de la orilla abandonada, entre fermentos de basura y aguas servidas.

Deben restringirse los permisos para abrir pasajes. El Departamento de Obras Públicas debe restringir severamente los permisos para abrir pasajes y el Concejo Deliberante debe tomar cuentas en el asunto, legislar la materia con un poco más de seriedad para evitar que los alrededores de la Capital Federal, por abuso de los grandes terratenientes, sean convertidos en una red de obscuros e infecciosos callejones que al final de cuentas no reportan utilidades ni a la Comuna ni al vecindario.

Insistimos: se explica el pasaje en la ciudad, donde el costo de la tierra hace superfluo y costosas las fincas con profundidades, pero es absurdo, antihigiénico y antiestético el pasaje de la orilla contra el cual la municipalidad debe reaccionar, so pena de que suponga que su conducta esté regida por intereses bastardas”. EL MUNDO. Buenos Aires se queja. Roberto Arlt. Pasajes en donde sobra tierra.14 de abril de 1934

Agregado “La Página de los Remates se ocupa con toda amplitud de las cuestiones que se relacionan con la vida inmobiliaria argentina”.

Fuentes y Bibliografía.

Fuentes:

  • Arlt, Roberto: “Aguafuertes porteñas. El ómnibus de extramuros”. En El Mundo, Buenos Aires, 23.07.1928.
  • Arlt, Roberto: “Aguafuertes porteñas. Casas sin terminar”. En El Mundo, Buenos Aires, 22.09.1928.
  • Arlt, Roberto: “Aguafuertes porteñas. El poeta de parroquia”. En EL MUNDO.  Buenos Aires, 7.11.1928.
  • Arlt, Roberto: “Buenos Aires se queja. Escuela costeada por vecinos”. En EL MUNDO.  Buenos Aires, 26.07.1931.
  • Arlt, Roberto: “Aguafuertes Porteñas. Hospitales en la miseria. Hospitales Vélez Sársfield y Salaberry”. En EL MUNDO. Buenos Aires, 25.01.1933
  • Roberto Arlt, “Aguafuertes Municipales. El Monte Castro olvidado por la Municipalidad”. En El Mundo. Buenos Aires, 26.03.1934
  • Arlt, Roberto: “La ciudad se queja. Dos pavorosas escuelas en Villa Devoto”. En El Mundo, Buenos Aires, 27.03.1934
  • Arlt, Roberto: “Buenos Aires se queja. Fantasías Municipales en Liniers”. En El Mundo, Buenos Aires, 11.04.1934.
  • Arlt, Roberto. Buenos Aires se queja. Pasajes donde sobra tierra”. En EL MUNDO, Buenos Aires, 14.04.1934

 

Bibliografía:

  • Arlt, Roberto: “El próximo adoquinado”. En Aguafuertes porteñas (compilación). Buenos Aires: Editorial Losada, 2006 (13° edición)
  • De Grandis, Rita: “La valorización aguafuertista de Arlt y su huella en la escritura periodística finisecular Argentina”. Actas XVI Congreso AIH. Centro Virtual Cervantes.
  • Saitta, Sylvia: El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2000.
  • Varela, Fabiana I.: “Aguafuertes porteñas: Tradición y traición de un género”. Universidad Nacional de Cuyo”. biblioteca.universia.net/…/aguafuertes-porteñas-tradicion-traicion-genero/…/4926901…

[1] calle que pasaría a llamarse al año siguiente “Bartolomé Mitre”, como regalo al General, en ocasión de cumplir éste 80 años- el 26 de abril de 1900.

[2]Algunos estudiosos del autor han visto en este hecho la marca que llevó su obra El juguete rabioso, escrito tempranamente y que trae finalizado de Córdoba.

[3] No pude conocer la dirección exacta porque seguramente nunca escrituró.

[4] Su padre lo ayudaba a construir los fines de semana, circunstancia que supone que en esa época la enemistad había cedido.

[5] Este género fue el más acostumbrado en sus primeras notas, como se verá más adelante.

[6] Hecho que comprobado por el Prof. Carlos Suárez, en el repositorio de medios barriales que se encuentran en la biblioteca de la Asociación de Fomento de Villa del Parque.

[7] Lo que no significa que “los documentos” puedan tomarse en cuenta sin poner primero en crisis su verosimilitud antes des su utilización.

[8] “El próximo adoquinado”. Roberto Arlt, Aguafuertes porteñas” (compilación). Buenos Aires: Editorial Losada, 2006 (13° edición)

[9] Actual Salvador María del Carril.

[10] La denomina “Palma”

[11] Actual José León Suárez, por ordenanza N° 10.755/1939

Información adicional

Categorías: Varón, Escritores y periodistas, PRENSA,
Palabras claves: Arlt, cronista barrial, escritor

Año de referencia del artículo: 2017

2do congreso

Roberto Arlt, 1935

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