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Ciudad de Buenos Aires

¡Robo en la catedral!

Horacio Galacho

La Catedral, c. 1890.

Esta ponencia consiste en el examen de un expediente judicial de la época de las invasiones inglesas. En él se investiga un robo: el de un dinero perteneciente a la recaudación del Diezmo eclesiástico que estaba depositado en la caja fuerte ubicada en la Sala Capitular de la Catedral de Buenos Aires

El análisis interesa no solo porque el documento hace referencia a un caso policial que merece ser abordado con mente detectivesca y recursos forenses. También permite reconocer el funcionamiento de las instituciones del antiguo régimen, cuando no había división de poderes y la Iglesia estaba integrada a la administración y el gobierno del Estado. Asimismo da oportunidad para observar el desempeño de reconocidos personajes de la época (algunos de ellos de relevancia histórica) antes de que la tormenta de la revolución y la independencia los haga olvidar de sus conflictos por cuestiones de precedencia.

 

El expediente

El expediente, con un total de 56 fojas, está compuesto de dos expedientes menores, despachados “por la misma cuerda”, como se dice en el lenguaje judicial. El primero, iniciado el 6 de octubre de 1808, lleva por título Autos sobre la falla de 3178 pesos, 4 reales y 3/4 que se encontraron de menos en la Clavería de Diezmos al último recuento de caudales correspondiente al año de 1807. El segundo, iniciado el 23 de julio de 1808 se titula Instancia promovida por la Clavería de Diezmos sobre averiguar la falla de 2458 pesos, 3 reales y ¼ que faltaron de los 25.902 pesos y 7 reales que se ocultaron en la Catedral con motivo de la entrada de los ingleses en esta Capital el día de junio [sic] de 1806.

 

La cuestión del Diezmo

Para saber a quién pertenecía el dinero y cuál fue la magnitud del robo conviene hacer algunas consideraciones sobre la cuestión del diezmo.

El diezmo era un impuesto destinado al sostenimiento de una parte del clero secular, que debían pagar todas las propiedades agrarias (no otro ramo de la producción económica), fueran privadas, oficiales o eclesiásticas. Era del 10% anual sobre todo lo que se criaba o crecía. Era recolectado por funcionarios del cabildo de la ciudad o por particulares que adquirían este derecho a cambio de una suma fija.

Por esos años lo recaudado en su concepto varió entre los 80.000 y los cien mil pesos al año aunque con importantes oscilaciones debidas probablemente a los trastornos producidos por las invasiones inglesas.

Estimación del dinero recaudado en concepto de diezmo en Buenos Aires entre 1805 y 1809 (1)
Año 1805 1806 1807 1808 1809
Recaudación en pesos 107.001 87.731 69.995 30.076 81.543
(1)    Las cifras están calculadas sobre los datos basados del Gráfico “Mesas Episcopal y capitular” que figura en DI STEFANO, Roberto: Dinero, poder y religión: el problema de la distribución  de los diezmos en la diócesis de Buenos Aires (1776-1820).

 

El dinero depositado en la caja fuerte (unos 26.000 en números redondos) era apenas la tercera o cuarta parte de la recaudación anual, pero con la salvedad de que . no se puede establecer a qué año de ejercicio corresponde porque los ingresos de caja se hacían de manera irregular.

El dinero recaudado era depositado en la caja fuerte que había en la Sala Capitular de la Catedral y custodiados por tres “claveros” o llaveros y un contador. En estas funciones actuaban dos representantes de la Iglesia que eran miembros del cabildo eclesiástico, el Ministro de Real Hacienda (uno de los oidores de la Real Audiencia) que era el tesorero y desempeñaba esta función a través de un representante, y el Contador General del Ejército.

En 1808, cuando se inicia el expediente, los representantes de la Iglesia eran los presbíteros Mariano Zavaleta (primo lejano de otro sacerdote de destacada actuación, Diego Estanislao Zavaleta) y Domingo Belgrano, el hermano del prócer, hasta poco antes párroco de Santo Domingo. El Ministro de Real Hacienda era Félix de Casamayor y el Contador Nicolás del Campo, sobrino del tercer virrey del Río de la Plata.

El Diezmo era administrado por una Junta Superior de nueve miembros que debía encargarse de su correcta distribución. Ésta se hacía de acuerdo con las normas establecidas por las Leyes de indias (Título XVI), las Reales Órdenes posteriores y lo dispuesto por las autoridades locales.

Sin entrar en detalles ni tener en cuenta los cambios e interpretaciones que a lo largo de los años se hicieron de estas normas, podemos decir que del total de lo recaudado se restaba primero el 3%, destinado al sostenimiento del Seminario Conciliar. De lo restante la mitad correspondía al obispo y al cabildo eclesiástico y la otra mitad al fisco, la fábrica de la Catedral, los hospitales y los párrocos.

 

Distribución de la recaudación del diezmo una vez extraído el 3% para el Seminario Conciliar
1/4 Obispo
 1/4 Cabildo eclesiástico
 2/9 Real Hacienda
 3/9 (1/3) Fábrica de la Catedral (construcción) y hospitales, por mitades
 4/9 Párrocos de la diócesis

 

La marcha del expediente

El 6 de octubre de 1808 los claveros mencionados se presentaron ante el Escribano de la Junta y Juzgado de Diezmos, y denunciaron que habían comprobado que faltaba dinero de los fondos depositados en la caja fuerte. Para estar seguros habían realizado tres recuentos en diferentes días resultando que en cada uno la falta era mayor.

 

Recuentos de la caja de la llavería, realizados en 1808
Fecha Hay en la caja Faltan
Pesos con Pesos con
07 may 1808 26.316 1 real y 3/4 1.590 4 reales y 1/4
12 may 1808 2.151 4 reales y 3/4
06 oct 1808 24.725 ¼ de real 3.178 4 reales y 3/4

 

La denuncia fue corroborada por un informe de Nicolás del Campo del 13 de octubre de ese mismo año. Además el Contador hizo reconocer la caja por un herrero que comprobó que no había sido violentada. Este último también reconoció las llaves y afirmó que se podían hacer copias fácilmente de ellas pues eran “comunes y sencillas”

El 8 de noviembre la Junta de Diezmos pasó la denuncia al Fiscal en lo Civil de la Real Audiencia de Buenos Aires, el conocido Genaro Villota quien dispuso que el expediente pasase al Virrey (6 de diciembre).

Se agregó un nuevo informe del contador (Nicolás del Campo) con fecha 23 de julio de 1808. Este incluía una copia de un informe de noviembre de 1806 que diera lugar a un expediente similar al actual pero que se había extraviado. La Junta de Diezmos dispuso entonces que debían volver a informar los Claveros de aquel entonces y así lo hicieron los sacerdotes Melchor Fernández (31 de enero de 1809) y Mariano Zavaleta (3 de febrero), el ministro de la Real Hacienda José María Romero (4 de febrero) y el oficial José Rodríguez de Vida (6 de febrero) que había actuado en representación de este último.

A continuación el expediente pasó a manos del Presidente de la Real Audiencia, Lucas Muñoz y Cubero quien designó al Oidor D. Francisco Tomás de Anzótegui para que “practique las averiguaciones convenientes” (21 de enero de 1809) y, en seguida, lo pasó al virrey Santiago de Liniers quien aprueba lo actuado y hace entrega del expediente al tal Anzótegui. (26 de enero de 1809).

El Oidor completa la información ya suministrada por los claveros, tomando declaración a cuatro personajes: Félix de la Torre, Ayudante de Sacristán de la Catedral; Francisco Aspillaga, esclavo de la Catedral; Juan Esteban Rodrígues “de 42 años” y Luis Antonio “alias Cachirulo”. Estos dos últimos son tal vez, sirvientes. Las declaraciones son vertidas en el papel por un tal Juan Contier, presumiblemente un notario.

A partir de la declaración de Cachirulo el expediente queda truncado. No hay sentencia, ni detenidos, ni nada.

 

El verdadero comienzo de la historia

La lectura del expediente que la aparentemente simple desaparición de una suma de dinero tiene una historia más larga y complicada de lo que parece. A través de las declaraciones de los testigos puede establecerse que empezó el viernes 27 de junio de 1806, a las nueve de la mañana

En efecto a esa hora se presentaron en la Catedral el oficial Rodríguez de Vida (que representaba al ministro de la real hacienda José María Romero) y el contador del Campo y se reunieron en la Sala Capitular con los dos claveros de la Iglesia, los canónigos Mariano Zavaleta y Melchor Fernández. Juntos se dispusieron a ocultar el dinero de la clavería, por temor de que fuese saqueado por los ingleses que se aproximaban a Buenos Aires.

En verdad era algo tarde para encarar esa tarea porque los ingleses ya habían desembarcado en Quilmes al mediodía del miércoles y el jueves habían derrotado a la improvisada tropa del inspector Arce. Ahora estaban en Barracas. A las ocho de la mañana comenzaron a bombardear con los modernos shrapnel a los pobres milicianos y los estampidos debían oírse aún en el interior de la Catedral. Mientras en ésta se realizaba el ocultamiento del tesoro los ingleses cruzaron el Riachuelo y a las once de la mañana ya marchaban en prolija formación por la calle larga de Barracas (Montes de Oca). Llegaron a la Plaza Mayor a eso de las tres de la tarde, al tiempo que el virrey Sobremonte llegaba a Monte Castro.

Los claveros abrieron la caja fuerte con las tres llaves que exigía (una por cada uno). El contador del Campo y el oficial Rodríguez de Vida extrajeron el dinero y lo colocaron sobre una mesa. Después volcaron una talega que contenía pequeñas monedas de oro (¿cuartos o medios escudos?) y contaron éstas pero la situación era demasiado apremiante como para hacer lo mismo con las demás. Identificaron otras talegas: una de onzas, otra de pesos y dos o tres más pequeñas de plata macuquina, pero no se abrieron. El contador consideró que estaban completas, y que contenían los montos que figuraban en una planilla que entregó a los claveros.

Por un informe posterior podemos establecer  que las talegas contenían monedad de oro y de plata, troqueladas y macuquinas de muy distintos valores.

 

Monedas que contenía la caja fuerte en el recuento del 28 de noviembre de 1806 (probablemente la misma que había el viernes 27 de junio de 1806)
Monedas halladas en la caja fuerte Equivalencia en
pesos  y  reales
868 onzas 14.999 1/2
196 3/4 onzas 7.350    4
125 ¼ en cuartos de onza
103 3/8 en octavos de onza (escudos)
1000 pesos fuertes 1.050 3 3/4
1 1/2 reales (para redondeo) 1 3/4
53 pesos “en moneda sencilla” 53
10 pesos “sencillos” 10
Total 23.458 pesos y 3 y ¼ reales

 

Al momento, los claveros hicieron traer un cajón de pino (que no se sabe quién llevó) y colocaron en él todo el dinero. Cuando eran las diez de la mañana, llamaron a la sala a Faustino Bozo, mayordomo de fábrica de la Catedral y a Félix de la Torre el ayudante de sacristán y este último se encargó de cerrar el cajón con algunas tablas bien clavadas.

Se cambiaron ideas sobre cuál sería el lugar más conveniente para ocultar  el dinero. El canónigo Zavaleta propuso hacer un pozo en la misma sala, cerca de la Capilla de Dolores pero de la Torre afirmó que podía hacerse más fácil, colocándolo en un pozo que había detrás del altar de San José (ubicado junto a la puerta que da a la actual calle San Martín, en aquel entonces llamada de la Santísima Trinidad). Los demás estuvieron de acuerdo.

En seguida los dos sacerdotes se retiraron en tanto que el contador, el oficial y de la Torre pasaron al templo y lo desocupaban de feligreses; también despidieron a los sirvientes y esclavos que estaban en el lugar, diciéndoles que nos se los necesitaba y que podían retirarse. Cuando el edificio quedó vacío se ocuparon de  trasladar el cajón, tan pesado que una sola persona no podía cargarlo. Con gran trabajo, el ayudante de sacristán y el mayordomo lo acercaron al altar y prácticamente lo arrojaron en un el pozo que debió ser bastante profundo por las tablas crujieron con el golpe al dar en el fondo.

 

¿Cuánto pesaba el cajón?
1.293,00 onzas (de oro) X 27 g 34,911 kg
1.000,00 pesos fuertes (de plata) X 27 g 27,000 kg
Total 61,911 kg

 

Diferentes testigos también coinciden en afirmar que esta no fue la única tarea de ocultamiento que se realizó en la Catedral. Aunque nadie dice haber presenciado el hecho, se hace mención al rumor de que los caudales de la Fábrica (es decir los destinados a la construcción del edificio) fueron a parar al mismo pozo y que muchos ornamentos sagrados y algunas onzas de oro se colocaron el día anterior en las cornisas altas, donde no podían ser vistas desde el piso.

 

Monedas mencionadas en el texto

Monedas de oro

Onza (28,7 gramos; con la reforma de mayo de 1772 se redujo a 27 g); pelucona o doblón de a ocho (porque valía 8 escudos).

Media onza (14,35 g); también llamada doblón de a cuatro (equivalente a 4 escudos).

Cuarto de onza (7,175 g); también llamada de dos escudos o doblón de a dos.

Escudo (3,5875 g; con la reforma de mayo de 1772, quedó en 3,0481 g); era la unidad monetaria básica (equivalente a un octavo de onza).

Monedas de plata

Cuarto de real o cuartillo (l,7 g).

Medio real (1,6875 g).

Real o tomín (3,375 g); equivale a la octava parte de un peso.

Peseta (6,75 g); llamada también de dos reales o real de a dos.

Medio peso (13,5 g de cuatro reales o real de a cuatro o tostón

Peso fuerte (27 gramos); llamada también de ocho reales, real de a ocho, peso o patacón.

Macuquinas: monedas cortadas acuñadas en Potosí hasta 1773

 

¿Qué pasó después?

Los ingleses no saquearon la Catedral. No hubiera sido una medida adecuada si Beresford trataba de evitar todo ataque a la religión. En cambio se incautaron del tesoro del virreinato, de los depósitos oficiales de azogue, quina y lana de vicuña y hasta de una manada de vicuñas, guanacos y alpacas que se iba a regalar a la emperatriz Josefina de Francia.

También ocurrió que el sábado 28 por la noche, el Contador del Campo fue herido (él dice “mortalmente” según la fraseología de la época) en el zaguán de su casa, por unos soldados ingleses. Al parecer, fue víctima de un asalto que es muy probable haya sido castigado por el jefe inglés como hizo en otros varios casos. La herida se menciona como un motivo por el cual no se hicieron nuevos controles por parte de los claveros en los meses siguientes.

El mismo sábado 28, según declara el Canónigo Melchor Fernández, le preguntó al ayudante de sacristán “si estaba seguro el depósito” y éste le contestó que sí. Él “le encargó vigilancia y cuidado” y pero en los días posteriores no recibió información alguna sobre el asunto.

Félix de la Torre, en cambio, dice que “a los quince o veinte días”, sacó el cajón “por orden del Canónigo Magistral” (Fernández), porque se creyó que los ingleses no lo saquearían y sin ayuda acarreó el dinero por partes. Se sabe que podía entrar a la Sala Capitular porque la llave se guardaba bajo una alfombrita del altar mayor, pero no se puede determinar cómo consiguió las llaves de la caja fuerte.

Los claveros volvieron a actuar el 28 de noviembre de 1806 (dos meses después de la Reconquista) cuando abrieron la caja hicieron un recuento y comprobaron que faltaban, de acuerdo con el Libro de Caja 2.458 pesos, tres reales y un cuartillo. La denuncia subsecuente dio lugar a un expediente que, según se informa en el que analizamos, “se perdió”. Este extravío dio fundamento a la Junta de Diezmos para requerir las declaraciones de los claveros de 1806.

 

Dudas forenses

 

No fue posible determinar quién fue el autor del robo, pero otras dudas surgen del análisis del documentos.

En primer lugar se nota que hubo errores y descuidos que surgen de las modalidades de actuación de los funcionarios de la época.

Uno de ellos es surge de la dificultad de estimar los reales valores de las monedas y sus equivalencias. Así por ejemplo, las onzas son de valor distinto según la acuñación a la que pertenece y a las que contienen más oro se les debe agregar lo que . Cuando el Estado se halla en bancarrota, generalmente como consecuencia de la financiación de una guerra, se recurre a la devaluación de la moneda. Esto se hace ordenando acuñaciones de monedas del mismo valor con una proporción menor de oro o de plata según el caso. Esto sucedió en el reinado de Carlos III, en 1772, pero ya había ocurrido en el de Carlos I y en el de Felipe II, por mencionar los más destacados.

El Contador debió tener en cuenta estas diferencias como lo demuestra en su informe de octubre de 1808 donde asigna distinto valor a ciertas cantidades de onzas y de pesos.

Onzas Equivalen a pesos Por onza son pesos
868,00 14.999,50 17,28
424,27 7.350,00 17,32

También hay algunas inconsistencias. En el conteo de noviembre de 1806 se manifiesta que faltan 2.458 pesos mientras que en el de octubre de 1808 solo faltan 1.590 para un mismo total esperado. ¿Alguien tomó dinero prestado? ¿Pasó desapercibida una talega de mil peso? ¿Se equivocaron al contar? No lo sabemos.

 

Por su parte de la Torre reprocha el manejo descuidado que se ha hecho del dinero. Dice que en una de las oportunidades en que fueron a buscar las monedas que ahora estaba depositado en la caja fuerte a casa del Síndico Procurados Benito de la Iglesia, varias talegas se cayeron del carro en que era trasportado, debiendo volver a recogerlas del suelo.

 

Otro aspecto sensible es el vínculo que el hecho pudo tener en las relaciones políticas de los protagonistas. Lo sugiere en un caso la declaración del ministro de la Real Hacienda José Romero para quien la reiterada investigación del caso no es más que una tontería que le hace perder el tiempo. Según dice, para 1806  “los espíritus estaban ocupados de objetos más importantes que estas pendencias de pluma”

También lo sugiere una llamativa ausencia en las actuaciones. En ningún lugar se menciona al obispo, Benito Lue y Riego, enemistado desde el comienzo de su gobierno con el cabildo eclesiástico, adversario del virrey Sobremonte y fuente de disgustos de párrocos y funcionarios de todos los niveles.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Autos sobre la falla de 3178 pesos, 4 reales y 3/4 que se encontraron de menos en la Clavería de Diezmos al último recuento de caudales correspondiente al año de 1807. Expediente judicial de octubre de 1808.

CUNIETTI FERRANDO, Arnaldo J.: Historia de la moneda metálica argentina. Buenos Aires, edición del Banco Roberts, 1987.

DI STEFANO, Roberto y ZANATTA, Loris: Historia de la Iglesia argentina. Desde la Conquista hasta fines del siglo XX. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1981.

DI STEFANO, Roberto: Dinero, poder y religión: el problema de la distribución  de los diezmos en la diócesis de Buenos Aires (1776-1820). Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de La Pampa. Revista Quinto Sol, N° 4, 2000, pp.87-115 – http:// www.biblioteca.unlpam.edu.ar/pubpdf/quisol/n04a05distefano.pdf

ROBERTS, Carlos: Las Invasiones Inglesas del Río de la Plata (1806-1807). Buenos Aires, Emecé, 2006.

SALAS, Alberto M.: Diario de Buenos Aires 1806 1807. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1981.

 

 

Información adicional

Categorías: Iglesias y afines,
Palabras claves: justicia, robo, catedral

Año de referencia del artículo: 1808

11mo Congreso

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