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Almagro

Sebastián Piana, tal como lo conocí…

Osmar Magariño

El Maestro Sebastían Piana (1) con la Orquesta del Colegio Pío IX de Almagro, de la Obra de Don Bosco. , c. 1958. El P. Smith (2)

Al comenzar a escribir estas líneas sobre este gran Maestro, pensé que debía hacerlo desde el conocimiento y el trato personal que mantuve con él por más de una década. Quisiera que éste fuera un humilde homenaje póstumo a un gran pianista, un inspirado compositor y una excelsa persona.

Se ha escrito bastante sobre sus composiciones, su colaboración con diversos poetas y sobres sus datos biográficos; por lo tanto, no sobreabundaré en ellos, nada más que los que sean necesario para ejemplificar o adunar mi narración.

Si uno hablara de un pintor, un escultor o un arquitecto podrían ilustrarse en estas páginas una parte de su obra con fotografías. Aún más fácil sería escribir un desarrollo algebraico, un teorema o un  poema, para ilustrar o acercarse a la producción  de un matemático o de un poeta. Hasta si tuviésemos que referirnos a un autor teatral, podríamos trascribir diálogos de sus personajes que, aunque no será como verlos en escena, nos aproximarían al drama o a la comedia nacida del genio del autor. Pero, al hablar de un músico a través de un texto escrito, nos encontramos con la dificultad infranqueable de oír sus composiciones; ya que, para apreciar su extraordinaria capacidad creativa, de poco serviría para la mayoría de los lectores transcribir partituras para piano, corales o para orquesta.

Es por esta fundamental razón que los invito, a detener aquí  la lectura  y adentrarse en su música. ¿Cómo? Bueno, valiéndonos de ese popular sitio web que se llama “YouTube” y que les brindará un acercamiento a composiciones, orquestas, intérpretes y a compositores que muchas veces van quedando olvidados en un rincón de nuestra memoria o son absolutamente desconocidos para nosotros. Es mucho lo que en YouTube podemos encontrar, por diversos intérpretes y orquestas, sobre el Maestro Sebastián Piana; pero, muy poco de él como intérprete y como director de orquesta.  Sugiero, pues, buscar: “Sebastián Piana por Sebastián Piana”  (son doce piezas del Sello Magenta de 1969,  exquisitamente interpretadas por el Maestro); “Orquesta Típica Candombe”; “Sebastián Piana Homenaje de ‘Me Llamo Tango’” (dividido en tres partes); “Sebastián Piana 1988 Bs As” y todas las demás composiciones interpretadas por distintas orquestas y los más diversos cantantes: desde el inigualable Carlos Gardel hasta el madrileño Julio Iglesias. Un enlace recomendable es:

https://www.youtube.com/watch?v=kZltwVCTMMs&list=PLc_QJvzBNyqr3vvHI54LnagjuPZ-iOMOl

Si han podido cumplir mi anterior sugerencia o si han hecho el ejercicio de memoria de recordar lo oído en otros tiempos, tal vez coincidan conmigo en que la música de Don Sebastián Piana tiene la hondura de las verdaderas obras de arte y la inefable sencillez de lo popular. Para ilustrar esto que digo, relataré lo que él mismo me contó hace unos cuantos años: “Se había estrenado la Milonga Sentimental y la editorial había impreso varios ejemplares, uno de los cuales llegó a manos del Maestro José Gil, Profesor de armonía del Conservatorio y Compositor (entre otras obras, la música del Himno del Congreso Eucarístico Internacional – Bs. As.,1934 -). Lo llamó y le pregunto si él había escrito esa milonga. Ante la respuesta afirmativa y luego de mirar la partitura un rato, el Maestro Gil aseveró: ‘Qué difícil es escribir fácil’”. Sin duda que en Sebastián Piana se cumple lo expresado por otro grande, Juan Francisco Giacobbe (1907-1990): “la melodía aun siendo pura y autónoma, debe expresar a la palabra poética, según lo enseñaba San Gregorio Magno y lo profetizaba Giuseppe Verdi”.

Es muy probable que en Don Sebastián Piana confluyera la tradición musical piamontesa, el gracejo andaluz – con todo el misterio morisco-, la veta arrabalera -donde la ciudad se pierde con la Pampa- y el alma de porteño plasmada en los tres barrios donde vivió: Almagro, Villa Crespo y Caballito. Es en este punto donde la historia de nuestro barrio, Almagro, se hace presente en la vida de los Piana.

Don Juan y Don Sebastián Carlos Ángel Piana, abuelo y padre respectivamente del Maestro, eran italianos de Crecentino en la región noroccidental, el Piemonte. María de los Ángeles Álvarez era casi una niña, hija de andaluces con toda la influencia de esa cultura de la raza calé. De la unión de Sebastián Carlos Ángel y María de los Ángeles, nacieron Sebastián (26 de Noviembre de 1903), María Elena (esposa del eximio bandoneonista Pedro Maffia), Juan, Margarita, María del Carmen, María, Carlos Ernesto, Francisco Jorge, Nélida Lydia y Federico Pedro. Cómo el Maestro Sebastián Piana no iba a tener “ángel”, si proviene de dos ángeles…!

Es importante hacer notar, como antecedentes musicales, que el padre, Sebastián Carlos Ángel, había aprendido a tocar la mandolina, al llegar de Italia; luego, la guitarra, demostrando gran habilidad para su ejecución (hasta llegó a grabar algunos discos fonográficos) y, finalmente, el piano, cuando se dedicó al estudio más sistemático de la música.

El Maestro Piana, recuerda en sus memorias como llegó la vocación en su niñez:

“Yo tendría alrededor de seis o siete años cuando escuchaba los ensayos del cuarteto ‘Ni Más Ni Menos’, que era el nombre del mismo; pues no existiendo Director entre ellos, la realización total de las ejecuciones se debía al mutuo acuerdo y puntos de vista de cada uno. Estos ensayos se hacían en nuestra casa de Villa Crespo. El tango y uno que otro vals de Waldteufel, era el repertorio obligado. Yo me quedaba ensimismado oyendo los ensayos nocturnos que a veces se prolongaban hasta altas horas, teniendo en cuenta, además, mi afición por la música. Como el tango era género base del conjunto, mis oídos se estaban llenando de él, y de ahí, cada vez más, iba adentrándose en mí.

En nuestra casa no había piano, pues lo tenía mi padre en el negocio de peluquería donde trabajaba junto a mi abuelo. Debo aclarar, que si bien mi padre era músico, nunca fue propiamente dicho, un profesional del arte; es decir, que el día lo ocupaba en su oficio, y la noche la dedicaba a la música, ganando, desde luego, algunos pesos. Por consiguiente, para efectuar los ensayos en nuestra casa, mi padre se valía de un armonio; pues mi abuelo no admitió nunca que estos se hicieran en la vivienda correspondiente al negocio. Esta resistencia a los mismos, era avalada por la poca simpatía demostrada por mi abuelo hacia todo tipo de manifestación musical de este tenor.

Volviendo a mí, no pasó desapercibido para mi padre la afición por la música, alentando la esperanza que algún día llegaría a ser un músico completo.”

Si bien el Maestro Sebastián Piana comenzó, a los ocho años, a aprender música y el violín con un primo del padre (Pedro Bertolero, compositor y violinista), lo abandonó por el instrumento que lo acompañaría el resto de su vida: el piano. Estudió, años después, con los maestros Antonio D’Agostino y Ernesto Drangosh, hasta la prematura muerte de este último en 1925.

Desde su primera adolescencia, actuó como pianista en cines mudos, espectáculos de variedades y formaciones orquestales diversas. Esto, unido a su gran oído musical y a su habilidad de lectura a primera vista de una partitura, lo llevaron a poder trasponer (cambiar la tonalidad de una pieza musical) de inmediato cualquiera partitura que se le ponía delante de sus ojos. Esas destrezas, adquiridas desde su juventud, no las perdió nunca. Recuerdo muy bien como acompañaba a conjuntos de clarinetes, trompetas y/o saxofones (todos estos instrumentos transpositores), cambiando la tonalidad en la cual estaba escrita la parte de piano, a primera vista y sin equivocarse. Evoco también, no sin nostalgia, las veces que tocamos a cuatro manos partituras que yo le llevaba y él las leía sin dificultad, apenas yo las ponía sobre el atril del piano del Conservatorio Municipal “Manuel de Fallla”, donde él era profesor y yo su alumno.

Siempre, además de dedicar “su vida al arte y al arte en su verdadera esencia”, como expresara J.F. Giacobbe; el Maestro Sebastián Piana, fue un educador nato. Dio clases de piano y formó una orquesta con los alumnos del Colegio Pío IX (ver fotos), donde su padre le cortaba el pelo cada quince días a los alumnos internos. Seguramente ambos se sentirían muy a gusto en ese ambiente de sacerdotes salesianos, muchos de ellos venidos del Piamonte, de donde eran su padre y su abuelo.

Como dije al principio, no voy a sobreabundar en su biografía; sólo me referiré a aquellos primeros tangos suyos (“Sabor popular”, “La Tapera” y “El hombre orquesta”) que escribió a principio de los años veinte y que el Maestro no valoraba demasiado; y al tango “Sobre el Pucho” (con Don José González Castillo, padre de Cátulo), estrenado en 1922, grabado por Gardel en el ‘23 y su primer gran éxito. Este tango obtuvo el segundo premio de un concurso organizado por los cigarrillos “Tango” y el primer premio fue para un tango de Juan de Dios Filiberto, L. Teisseire y G. coria Peñaloza (“El ramito”). El Maestro Piana me contó que cuando Don José González Castillo, hombre de carácter, fue a cuestionar la decisión del jurado, le contestaron que: “Sobre el Pucho era mejor composición; pero sólo tenía dos partes y, además, Piana era un desconocido, frente a la figura consagrada de Filiberto”. Parece que no importa si fue hace casi un siglo o ahora; bien reza el dicho: “¡Más viejo que la injusticia..!”

No me voy a detener en sus otros tangos, como “Silbando” (con José González Castillo y Cátulo Castillo), “Arco Iris” (con Pedro Maffia, su cuñado), “Tinta Roja”  (con C. Castillo), “El Pescante” o “Viejo Ciego” (con Homero Manzi); ni esos hermosos valses como “Esquinas porteñas” (con H. Manzi) o “Caserón de tejas “(con C. Castillo); sí, en cambio, quiero hacerlo en el tango que escribió con letra de Homero Manzi: “De Barro”. Un día le pregunté a Don Sebastián cuál era su tango preferido, pensando que escogería alguno de los más renombrados –“Tinta Roja”, “Silbando” o “El Pescante”-; sin embargo, para mi sorpresa eligió “De Barro”. Además, aprovechó para contarme que a su señora la composición que más le gustaba era la milonga “Betinoti” (con H. Manzi) y cómo no iba a gustar de esa milonga, si  S. Piana fue el creador de la Milonga Porteña. “Él logró lo que hasta entonces parecía imposible, encontrarle un rumbo diferente a un viejo género: la Milonga” (Horacio Ferrer).

Y, ya que hice una referencia a su señora, debo explicitar en estas líneas el nombre de la responsable de haber formado una hermosa familia: María Elena Vicini, familiarmente apelada Tota. Como para entender mejor quién era Sebastián Piana, hay que verlo junto a la compañera de toda su vida, Doña Tota, quien le dio dos hijos, Luis María (n.1942) y Liliana Nélida Elena (n.1947); que a su vez le regalaron once nietos, siete de Luis María y cuatro de Liliana.

Tocando el piano, en su estudio, en el primer piso de su departamento de J.M. Moreno al 800 – CABA

Retomando el hilo inicial, deseo contarles dos anécdotas que muestran de su carácter, el sentido del humor y una aguda observación de la realidad que tenía el Maestro.

Por motivos extrañamente desconocidos, las autoridades de la entonces Municipalidad de Buenos Aires decidieron cambiar el plan de estudios del Conservatorio “Manuel de Falla” y agregar varias asignaturas, entre ellas “Expresión Corporal”. Como para poder obtener el título, todos los alumnos – desde el primer al último año- debíamos cursar “Expresión Corporal”, la cantidad de inscriptos en esa asignatura era enorme y no había aula capaz de albergar a tantos estudiantes. Fue así, que las autoridades del Conservatorio decidieron que debían usarse los pasillos del séptimo piso del Centro Cultural Gral. San Martín, donde funcionaba el Conservatorio (6to. y 7mo. piso). Un día, cuando todos estábamos acostados sobre el piso haciendo “ejercicios de relajación”, pasó Don Sebastián Piana, tratando de no pisar a nadie, me miró unos segundos en el suelo y preguntó: “¿Te parece que Beethoven, para componer sus sinfonías, se habrá tirado en el suelo?”; luego, se sonrió y siguió su camino para una de las aulas. ¡Cuánta razón tenía..!

La segunda anécdota transcurrió una noche, al salir de SADAIC. Íbamos caminando hacia la estación Tribunales del subterráneo, de regreso a nuestros respectivos hogares, cuando nos encontramos con un conocido poeta de tango. Se saludaron, intercambiaron algunas palabras, se despidieron y nosotros continuamos el camino. Luego de unos segundos de silencio y mientras proseguíamos la marcha, me atreví y le pregunté el porqué de su ‘estado…’; Don Sebastián, me respondió: “es por el efecto del chupi… lo está matando”. Esto, dio pie a que continuáramos la conversación respecto a las  obras de ese autor, con diferentes músico; fue entonces, cuando me comentó del compositor ***, que había escrito un tango con el poeta que nos habíamos cruzado: “¿conocés el tango ***? bueno…, está ‘afanosamente’ inspirado en una obra del checo  Antonin Dvořák  ¡¿qué me contás?!” y entonces, me cantó la parte en cuestión y nos reímos juntos de la “afanosa inspiración”. Notarán que, por delicadeza, he colocado asteriscos. Dejo por cuenta del lector la investigación del autor y del compositor de ese tango.

Fue una persona de buena salud, hasta avanzada edad. Lo recuerdo subiendo una y otra vez los seis pisos, por las escaleras, cuando no funcionaba ninguno de los cinco ascensores del Centro Cultural San Martín (donde tenía sede el Conservatorio Municipal “M. de Falla”) y, para mi asombro, sin fatigarse. Además, admiré siempre su tenacidad para retomar la agilidad de su mano izquierda -luego de sufrir un pequeño ACV-, practicando y practicando el Hanon (ejercicios musicales para principiantes), claro que con sus propias variaciones (en las doce tonalidades posibles de la escala). Esto le permitió retomar sus clases, también en SADAIC, que era una de las cosas que más amaba.

Él fue un Maestro, así con mayúscula, un verdadero educador; esta vocación la ejerció desde su juventud, cuando abrió una academia de música con su cuñado, Don Pedro Maffia. Tenía un sentido completo de la música, hasta el mínimo detalle; como cuando al ver una pieza escolar que yo había compuesto y se la presenté me preguntó: “¿Esta marcha es para que la toque la profesora de piano de una escuela?”, a lo cual respondí afirmativamente, “entonces, cambiale la tonalidad, porque la maestra la va a desechar, por las dificultades de ejecución que tiene. Si querés que la toque, hacela más simple”.

El Maestro Sebastián Piana no sólo fue un compositor de música popular de una sensibilidad imposible de transcribir en palabras, particularmente en el género Milonga Porteña, sino que fue un pedagogo de infinita paciencia y un compositor de obras académicas como la “Misa de Gloria” y “Escenas de Ballet” o músicas incidentales para el teatro o la filmografía Argentina (“La Boina blanca”, “Vidalita”, “Arrabalera”, “Derecho Viejo”, “He nacido en Buenos Aires”).  De la “Misa de Gloria”, que no conozco ninguna grabación, pero que he tenido la suerte de tener el original en mis manos en la casa de Don Sebastián, puedo decir que es de una armonía clásica y un perfecto equilibrio entre las voces; es, sin duda, una obra de gran sensibilidad y religiosidad. Por esto adhiero al elogio expresado por el Maestro Juan F. Giacobbe: “Un artista es tal en cuanto todo él es su obra de arte”. Sebastián Piana lo era y lo es; un artista en total sentido de la palabra.

Y se nos fue, físicamente, con la humildad que lo caracterizó a lo largo de toda su prolífica vida. El día que se jugaba la final del mundo de foot-ball (Brasil vs. Italia), un 17 de julio de 1994, por la tarde, nos dejó. Casi ningún medio se ocupó de la noticia porque todo rodaba con la pelota y los 120 minutos que duró la final. Al día siguiente, poco antes de las diez de la mañana, sentimos en el velatorio (Gallo 755-CABA) un temblor sordo y profundo, que nos dejó a todos azorados. Nadie supo qué había pasado, no había teléfonos celulares, ni redes sociales al alcance de la mano. Se había producido el cruel y espantoso atentado a la mutual AMIA, que estaba a escasos mil cien metros de nosotros. Sin saber nada aún de lo ocurrido, salimos para el cementerio del Oeste, la Chacarita. Ya allí, y mientras un viejo amigo entonaba en forma espontánea y muy suavemente el “Agnus Dei” de G. Bizet, fuimos entrando lentamente al Panteón de SADAIC.

Como era de esperar con todo lo ocurrido, pasó inadvertida la noticia de la muerte del Maestro. Tal vez, como era él, le agradó que todo fuera así: sencillo, humilde, sin estridencia, como el agua que se escapa lentamente entre los dedos y desaparece. Había nacido en la calle Bogado 240; luego, se mudaron a Villa Crespo, pero venía a estudiar el piano a la casa de sus abuelos en Almagro; después, a la calle Castro Barros 83, también en nuestra querida barriada Almagrense. Sus últimos años los pasó en el barrio de Caballito (José M. Moreno al 800); pero, volvió al barrio… Nos despedimos de él, en la Casa Velatoria de la calle Gallo, en Almagro (o casi, por ser la vereda impar), antes de acompañarlo a su última morada.

Por sus aportes y aclaraciones, mi agradecimiento a sus hijos, Liliana y Luis María Piana, a su nieto Pablo Piana y al Sacerdote Salesiano P. Mario Iantorno.

Espero haber cumplido, en estas modestas líneas mi propósito; así lo espero, como homenaje a uno de mis grandes maestros. Y, para concluir, nada mejor que una sentencia clásica de alguien que lo conoció mucho y lo apreció aún más, el Maestro Juan Francisco Giacobbe: “Sebastián encarna un ideal de músico porteño, porque es, tal como debe ser el músico verídico, un Rapsoda (ῥαψῳδός)”.

Osmar Magariño  –  Secretario de la Junta de Estudios Históricos de Almagro

Información adicional

Testimonios Orales de familiares de Sebastián Piana, del autor de la presente nota y de algunos Padres Salesianos. Apuntes del Mto. Piana aportados por la familia. Material gráfico del Archivo Central Salesiano y de dominio público. Documentación del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas.

Categorías: PERSONALIDADES, Músicos, compositores y cantantes, Biografías, Tango
Palabras claves: Piana, Tango, Pío IX, Almagro, Conservatorio, SADAIC.

Año de referencia del artículo: 2020

 

El Maestro Sebastían Piana (1) con la Orquesta del Colegio Pío IX de Almagro, de la Obra de Don Bosco. Junto a él, el Provincial Salesiano, P. Ignacio Minervini (3); el P. Smith (2), Padre Consejero; el Padre Ratto (4), Director de Banda y el Padre Brenan (5), violinista. c.1958.-

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