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Retiro

La columna de Carlos Cantini

Una biaba en el falso Montmartre

Carlos Cantini

Pasaje Seaver, 1975. Fotografía de Jorge Monetta

El Pasaje Seaver nos asemejaba a París en la característica que más nos gusta parecernos: la bohemia de Montmartre con sus cafetines, cabarets y tabernas atiborradas de plásticos, músicos y escritores. Ese barrio parisino que fue hogar uterino de nuestro tango se representaba en una calle de 100 metros, que corría paralela a Pellegrini y Cerrito, de Posadas a Libertador. El progreso se la llevó puesta creando la inmejorable metáfora de todo lo que hoy nos separa de la Ciudad Luz. Pero este relato cuenta a Camilo, argentino guaraní, hijo de Antonio, un asunceño llegado a los 10 años a Buenos Aires, apropiado para servir en una casa de familia luego de la Guerra de la Triple Alianza.

Camilo desde gurí se empleó en la carbonería del Seaver cuando este era un pasaje carente de glamour. Décadas más tarde, siendo una cortada pretenciosa, Camilo, hombre de metro noventa, musculoso y adusto, era reconocido en la cuadra por dar las mejores biabas. Frecuentaba la fonda de Mingo, al final del pasaje, bajo la recova de Libertador. Allí citaba a sus desafiantes, mondongo mediante, para semblantearlos. Eran tangueros famosos que comenzaban a pelarse o las nieves del tiempo plateaban sus sienes. Una breve charla funcionaba como previa antes de aplicarles, en la trastienda, un biabazo con un menjunje a base de carbonilla aprendido en su viejo oficio.

Las modas cambiaron y canas y calvicie dejaron de avergonzar. Camilo, rápido como yaguareté, dejó atrás el negro por los claros. Pero, no era suficiente cambio. Y se reconvirtió en Camille, un monumento de más de dos metros con una larga cabellera castaña, el primer Drag Queen de la Cité. La leyenda de Eldorado se fundía en la Reina del Plata. Su nueva clientela mudó a mujeres que asistían a Can Can, el cabaret del Seaver para la elite vernácula. Un vínculo demasiado estrecho con una porteña de la sociedad que portaba apellido de avenida concluyó con el nacimiento de un pasajito. Ce finí. A Camille lo obligaron a fugarse a Asunción. La historia extraoficial, pero en sentido contrario. Nada pudo detener al papelón que avanzaba como una mancha que tiñó de oscuridad al barrio. Socorro.

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Año de referencia del artículo: 2020

 

Soy gestor cultural (Magister UBA) con antecedentes en trabajos de activación patrimonial e identidad territorial. Principalmente, en la ciudad de Buenos Aires. Y, más específicamente, en sus cafés. Guionista del programa de TV “Un cortado, historias de café” (2001/2) y escribo desde 2013 un blog “Café contado” que cuenta, describe y rescata espacios de culto barrial.
Tengo publicado un libro de cuentos "Collage. Cuentos cortos dedicados" Faja de honor de la Dirección de Cultura de la Provincia de Buenos Aires 2001 y una novela "Historia repetida" que obtuvo el 2° premio Regional de Literatura: Novela Inédita –Región IV: Centro–, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación en el año 2000.
Durante cinco años gestioné el Bar Notable “La Flor de Barracas” creándole una narrativa que prendió entre los vecinos (y no vecinos del barrio) y generó una comunicación fluida de ida y vuelta. La agenda cultural desarrollada en el bar potenció el sentido de pertenencia y orgullo entre barraquenses. Actualmente realizo una Diplomatura en Historia de Buenos Aires que brinda la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

La columna de Carlos Cantini

 

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