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Satisfacción por hacer el bien

Ingresé a Bomberos en el 66, a los 17 años. Soy vecino de La Boca y trabajaba en la pescadería de mi padre. Fui el único bombero de mi familia. Al principio no les gustó mucho la idea, pero después fue pasando el tiempo y lo entendieron bien. Era una época en la que no era fácil ser bombero, teníamos una sola manguera, menos recursos… Siempre me dediqué a manejar, llevar gente, traer heridos de la guardia. Manejé el Dodge, el Mercedes y el Ford 7000. Estuve en muchos incendios cumpliendo la función de chofer. Manejar el camión es hermoso, es una adrenalina bárbara, una cosa de locos… Es lindo y es feo a la vez, porque uno va a un siniestro y no ve la hora de llegar. Ser joven y ser bombero en La Boca en mi época era lindo. Afortunadamente tuvimos incendios sin bajas. Yo era uno de los más chicos.

Bomberos me formó como persona. Ser bombero no es fácil, aunque tiene cosas lindas como los festejos: la fiesta anual el 2 de junio y Santa Bárbara en diciembre; y cosas tristes… Los incendios típicos en esa época eran en aserraderos. Recuerdo uno al que fui como ayudante en el ataque. También estuve en un derrumbe de 10 o 12 pisos en la calle Montes de Oca, y en muchos otros más chicos como escapes de gas, varias inundaciones… Todavía se inunda cada tanto, pero nada que ver con lo que era antes. Me acuerdo de una noche sacando gente en una inundación; el nivel del agua era tal que no tenía sentido llevar las botas de goma.

Uno tiene que tener sentimiento, si no hay sentimiento, no se puede. Al ser voluntario, el cuartel es un lugar sano, tranquilo, en el que la persona aspirante va por un buen camino, y se prepara no solo para ser bombero, sino también para la vida. La satisfacción de ser bombero es hacer el bien, sin perjudicar a nadie, estar tranquilo y haber cumplido con lo que uno quiso hacer en la vida: ser bombero voluntario.

 

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